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OPINIÓN

LA CIUDAD, EL ESPACIO DE LO HUMANO

Vinculación e intercambio. Comercio, vida política, religiosa y cultural. Nuevas problemáticas.

Martes, Febrero 21, 2017

Desde tiempos remotos –Egipto, Mesopotamia y China-, pasando por las culturas clásicas –Grecia y Roma-, hasta los tiempos modernos y contemporáneos, las ciudades han sido no sólo lugares de relevancia geopolítica, histórica y social, sino que parten de visiones de la vida, del tiempo, del espacio y de la vinculación. Son portadoras de una perspectiva antropológica extendida.

Ir a la ciudad o vivir en ella marca una dinámica de horizonte de vinculación e intercambio en los más diversos rubros que genera un cúmulo de vida y de forma de vivir que merece atención y análisis. Qué hay en ella que pueda uno recibir, qué hay en ella que pueda uno apropiarse para vivir y convivir digna y pacíficamente.

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Inicialmente las primeras ciudades de que se tenga registro, por ejemplo de Egipto y luego Mesopotamia, incluso de cómo éstas emprendían intercambio con la lejana China, por la seda, las especias y otros objetos valiosos, entraban en vinculación por motivos comerciales. Las ciudades se volvieron centros de intercambio comercial. Pero también, pronto, se volvieron centros de culto religioso. En momentos ya más clásicos, también se tornaron centros políticos y de expresiones artísticas, lugares donde se adquirían el conocimiento y las artes, como en los tiempos de las civilizaciones griega y romana. La urbe (en latín: urbs) se convirtió también en centro de vida política, cultural y artística, además de religiosa y comercial. Y de refinamiento: el urbanismo era una forma de vivir propia de la ciudad. Su modelo a lograr era, precisamente, el hombre urbano, urbanizado, esto es, que tenía un estilo refinado y que estaba dotado de todo aquello que brindaba la ciudad, sobre todo virtudes del conocimiento, la vida social, cultural y política.

 

Las ciudades modernas, desde luego, sin dejar sustancialmente estos elementos, son otra cosa. No dejan de ser centros comerciales, de culto artístico y cultural más que religioso, de moda y de vida y dinámica que imprimen a las relaciones un carácter complejo y a veces paradójico. Generan también nuevas problemáticas de atención y de servicios, cuando no de seguridad y de violencia. Las ciudades iconográficas, sea por su importancia económica, cultural, intelectual o comercial, representan lo anterior en grado superlativo. Incluso algunas se vuelven representaciones de la moda (Milán), del pensamiento (París), de la tecnología (Tokio), del arte (Nueva York). O de la pobreza, los cinturones de miseria, la contaminación y demás. La verdad es que en las ciudades encontramos y vivimos en mayor o menor medida todo esto.

 

México, la ciudad, no deja de tener y contener todo esto. Puebla igualmente, así como las diversas ciudades, grandes, medianas y pequeñas. La pregunta que cabe formularse es si esos modelos se vuelven espacios dignos de vivirse, de esforzarse por lograr mejores condiciones y circunstancias para que los seres humanos nos apropiemos de lo que es verdaderamente nuestro: nuestra humanidad. Nuestros colaboradores reflexionan desde las diversas aristas un tema de nuestro tiempo: cómo pensamos y vivimos la ciudad y, también, lo que hemos hecho de ella. Incluyendo el rubro político que, sin duda, es uno de los más sintomáticos.

 

 

 

 

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