En el contexto de la investidura de Donald Trump, se desató una oleada de protestas y movimientos de resistencia en varios países. Hay riesgos de una creciente fragmentación, pero también de una reformulación del choque entre las otrora ‘Revolución’ y ‘Contrarrevolución’. Escenario caótico cuya salida sería autoritaria, con tal de imponer el orden, o escenario maniqueo a resolver igualmente por la vía autoritaria. En las líneas discursivas de sus críticos, se mandan mensajes en el sentido de no permitir la marcha atrás en los cambios sociales. Pero también hay una corriente de partidarios que ven a Trump como la punta de lanza de un proyecto para revertirlos…
No se trata del retorno del pasado, sino de una reinterpretación globalizada…
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“La oleada de las revoluciones…”
El inicio de la época moderna corrió aparejado con una confrontación entre los aristócratas y una nueva élite en formación: la burguesía (que no debe entenderse en sentido marxista). ‘Burgo’ era un concepto urbanístico y ‘burgués’ era aquel que vivía en un ‘burgo’ (zona urbana) o que realizaba comercio en ella. La era de los grandes descubrimientos potenció al comercio y su fuerza económica se multiplicó. La disputa con la aristocracia por la preeminencia social y política, fue cuestión de tiempo…
El siglo XVII presenció dos revoluciones en Inglaterra, encabezadas por burgueses de religión puritana. Pero será en la Ilustración francesa y en la Revolución de 1789, cuando la burguesía adquiera una dimensión internacional. El movimiento ilustrado tuvo un fuerte componente aristócrata, pero camino a la Revolución, se abrieron espacios para los burgueses más acomodados…
Esto se aprecia en el concepto mismo de ‘ciudadano’: era el ilustrado o el propietario de cierto nivel hacia arriba. Ilustración y Revolución jamás tuvieron como objetivo aliviar la situación de los pobres, marginados o campesinos. Tampoco pretendían la democracia. Sólo podían votar los ciudadanos y no cualquiera lo era…
“Revolución y Contrarrevolución…”
Destruir la estructura aristocrática pasaba por demoler la influencia de la Iglesia Católica, y la lucha por el poder entre aristócratas y burgueses se tornó cada vez más anticristiana. De aquí brotó la visión de una confrontación entre Revolución y Contrarrevolución. Ambos bandos cometían el mismo error: se presentaban como la viva imagen del bien y el progreso, mientras el otro era catalogado como encarnación del mal. Era un maniqueísmo galopante…
El hecho de identificar al bien o al mal con un proyecto político o social, nos revela que las dos eran igualmente intramundanas…
Hablamos de una sociedad homogénea, en la que fue fácil aglutinar seguidores en ambas vertientes. Era una lucha bipolar con pocas variables intermedias. Se trataba de un mundo monocromático, en el que se creía fácil trazar la frontera entre el bien y el mal. La escasa influencia de los modestos medios de comunicación, contribuyó a ello…
A favor o en contra, es el lenguaje que se está escuchando en torno a Trump, Putin y el ultranacionalismo europeo. Unos y otros transitan hacia el autoritarismo…
“Teoría de la conspiración…”
La historia de la lucha entre Revolución y Contrarrevolución va de la mano de la teoría de la conspiración si mutuamente se acusan de ser ‘el mal’, dan por sentado que del otro lado existe una conspiración. Pero se trata de una conspiración al amparo del secreto y dirigida desde las sombras. Las sociedades secretas serán el referente preferido de los bandos en pugna. Para unos, el agente del mal que planea en secreto será el clero. Para otros, la masonería, los iluminados o cualquiera similar. No niego la existencia de alguna conspiración en lo particular, más bien cuestiono que un pequeño grupo pueda dirigir el curso de la Historia…
Al asumir los jesuitas la defensa del Papa y de la Iglesia, será una batalla entre ellos y la Revolución. Cada parte fue creando sus estrategias y grupos al amparo del secreto. Luego distinguirán entre sociedades secretas y sociedades reservadas. Unos y otros forzaron el sentido de muchas cosas para fundamentar sus posiciones…
“Reescribiendo la Guerra Fría…”
No es mi intención narrar los vericuetos del tema, pero sí entender que en el siglo XX, sobre todo en la Guerra Fría, se encuadró en la disputa entre Oriente y Occidente, entre el polo soviético anticristiano y el polo de la Cristiandad occidental, liderado por Estados Unidos. Se hablaba de una conspiración de judíos, masones y marxistas, así como de otra encabezada por el Papado, los jesuitas y Estados Unidos. Es verdad que la URSS se propuso liquidar a la Iglesia y Stalin rechazó toda intromisión del Papa, preguntando con cuántas divisiones contaba para entrar en combate. Pero la carga ideológica les llevó a sostener las teorías más variopintas que se puedan imaginar. No faltaron los que dijeron que Estados Unidos también formaba parte de la Revolución anticristiana, sobre todo a raíz de la formación de la élite globalizadora trilateral que venció a la URSS. Querían ganar mediante las armas…
Pero el fin de la Guerra Fría cambió todo: ¿Quién era ahora el enemigo a vencer? Una parte se radicalizó, acusando a la Comisión Trilateral y al Club Bilderberg de ser los nuevos agentes del mal, especialmente en el espectro de la izquierda que, curiosamente, comenzó a coincidir con el catolicismo ideológico de carácter tradicional…
Con la llegada de Vladimir Putin al poder en Rusia, de Donald Trump en Estados Unidos y las posibilidades de los ultranacionalistas europeos, se gesta una reinterpretación del conflicto. Oriente y Occidente yacen como referentes geográficos, no ideológicos. Por eso es imposible regresar al pasado de la Guerra Fría. O si se prefiere: estamos entrando a otro tipo de Guerra Fría…
Unos, defienden las conquistas logradas con la globalización trilateral. Otros, apuestan a dar marcha atrás. Pero Trump y Putin se asemejan más, aunque no necesariamente se aliarán como presidentes. Para sostenerse en el poder, Putin ha pactado con diversos grupos, entre ellos la Iglesia Ortodoxa. Trump, hizo algo parecido con distintas vertientes cristianas tradicionales. El ultranacionalismo europeo busca sellar pactos similares. Asistimos a una lucha de élites globalizadas: una trilateral y otra populista. La primera identifica a la segunda como ‘el mal’, mientras el bando contrario afirma que los trilateralistas han heredado el espíritu del marxismo…
¿Revolución Anticristiana o Contrarrevolución cristiana? La raíz maniquea de la confrontación indica que las dos son igualmente intramundanas. ¿Y si mejor recurren al consejo de Juan Pablo II, sobre seguir el camino del ser humano en lugar de la senda de las ideologías? Porque finalmente es la herencia de Juan Pablo II la que desean cancelar, unos y otros…
Hasta entonces…
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