Sin dejar de echar ojo a lo que pasa en el país y en el mundo, en Puebla la atención se enfocará en estos días en el cambio de gobierno. Y más particularmente en la integración del gabinete de Tony Gali.
Exagera quien diga que todo mundo está en ese tema. No, el hombre común está en lo suyo, en la economía doméstica. No podría ser de otro modo en estos tiempos en que la sociedad va por un lado y los gobiernos por otro.
Más artículos del autor
Pero en los círculos informados sí se habla del asunto. El gobernador Gali no ha anticipado nombres, pero abundan las especulaciones. Todas desembocan en hablar de un equipo que está integrado, básicamente, por cercanos o recomendados del gobernador Moreno Valle.
Y como es normal en vísperas de la asunción del gobernante, en los medios ya está el gabinete con nombres y cargos. Y en este caso, el signo es monocolor. Es decir, con funcionarios marcados por la voluntad del gobernador que sale. De ser cierto lo que se publica estaremos, en efecto, en una transición sin el color, la voluntad o el matiz del señor Gali.
Él no ha anunciado a nadie. Tampoco ha hecho retratos hablados o filtrado nombres. De modo que buena parte de la información al respecto es fruto de la especulación de temporada.
Pero, aceptar a ciegas que todo lo publicado es absolutamente cierto, sería hasta un tanto irrespetuoso para el nuevo gobernador. Porque, en efecto, en el nuevo equipo que se manosea prácticamente no se nota la mano de Gali.
Y admitirlo así, daría pie a pensar que simplemente es una extensión del mandato que está por concluir. Y que el peso del gobernante que sale es tal que queda un muy escaso margen para el que entra. Esto, de resultar cierto a partir del uno de febrero, colocaría al señor Gali en una situación negativa, incómoda por lo menos.
Un grupo de colaboradores que no muestra cercanía, compromiso y lealtad con el gobernador en turno, ¿a dónde lo puede llevar a él? Suena extralógico, desde luego, pero es como si Moreno Valle hubiera asumido el cargo con puros marinistas.
Y, aceptando sin conceder (como dicen los abogados), que el equipo que entra responde a un gesto de acuerdo y armonía entre el que sale y el que llega, en la práctica, a la hora de entrar en funciones, ¿qué tiempo va a durar dicho arreglo o concierto?
Ya de entrada, las columnas vertebrales del poder ( gobernación, fiscalía, auditoría, tribunal superior, etc.) responden a una voluntad que no es la del nuevo gobernador. Ni en su naturaleza ni en su permanencia. Y se da por descontado que son personas institucionales. ¿Lo serán realmente? ¿Verán al señor Gali como el origen de su presencia en el cargo y le guardarán en verdad respeto y sumisión..?
Los tiempos no están para experimentos. Se le vienen al señor Gali momentos sumamente difíciles. Aparte de lo económico, con estrecheces, recortes y ataduras, el acomodo y pugnas por la elección del año entrante, más las repercusiones de la nueva política estadunidense en el flanco de los poblanos que habrán de retornar deportados.
Y, renglón aparte, el recuento de daños del sexenio que termina. Hay partidos y grupos de presión e interés, que usarán todos los medios a su alcance para probar y arrinconar al nuevo gobierno, con reclamos y deudas del ayer. O buscando mantener los privilegios de la inercia que concluye. O intentando crear nuevos.
Lo que en estos casos se pone a prueba es la condición humana. La naturaleza humana y el carácter del gobernante nuevo.
La historia, esa gran maestra, repetidamente nos ha enseñado que el poder no se comparte. Porque los reclamos, protestas y presiones y mentadas tampoco. Todo eso le toca al que está en funciones.
El señor Tony Gali asume la gubernatura la próxima semana. Démosle el beneficio de la duda, y sobre la marcha juzgamos.