El 20 de abril de 1999, Eric Harris y Dylan Klebold, estudiantes del Columbine High School asesinaron a 15 de sus compañeros de escuela e hirieron a 24 más. Así como este multihomicidio escolar marcó la infinidad de incidentes de este tipo en los Estados Unidos, también se convirtió en un detonante en la opinión pública sobre las características de aquellos niños, adolescentes o jóvenes que cometen este tipo de actos. Sin embargo, parecía que estos hechos ocurrían en el vecino del norte, debido a la proliferación de armas, una economía e ideología de guerra, así como a la construcción de su identidad histórica ligada a la discriminación, la xenofobia, el machismo y la cultura de muerte. No obstante, Columbine nos alcanzó. Llegó a México como invitado especial. La convocatoria la ha hecho el Estado mexicano, la militarización del país, la violencia estructural y sistemática a la que son sometidos miles y miles de mexicanos y migrantes en nuestro país. Ejemplo de ello, la Masacre en el Colegio Americano del Noroeste de Monterrey, Nuevo León.
Tal como las masacres de Montreal (1989), Columbine (1999), Erfurt (2002), Sandy Kook, Connecticut (2012), Monterrey, zona industrial mexicana donde la polaridad social y económica está sumamente marcada, los valores hegemónicos conservadores, clasistas y machistas son parte inherente de su cultura victoriana y su doble moral, se suma a la cita letal. Muestra de esta cultura violenta es Jaime Rodríguez Calderón, El Bronco, quien ha hecho patente la amenaza y el uso de la violencia simbólica y fáctica como atributo de su regiomontana personalidad machista, que, aún cree que la violencia, además de resolver los múltiples problemas en su entidad, asegurará su candidatura rumbo a la presidencia en 2018.
Más artículos del autor
Por otra parte, la violencia, la represión, las desapariciones forzadas, las ejecuciones extrajudiciales, la militarización, el uso del narcotráfico como fuerzas paramilitares, la criminalización de la protesta social, de la pobreza y, de la propia adolescencia y juventud, han sido el sello particular de Enrique Peña Nieto y su gobierno. Aunque: “Como padre me [le] duele la ocurrido en Monterrey” al jefe del ejecutivo nacional, no muestra la misma preocupación por los padres de los niños de la Guardería ABC, los 43 estudiantes normalistas de Ayotzinapa, los asesinados en Tlatlaya o los heridos en Nochixtlán. ¿También apelará al olvido de la maestra (quien ya no resolverá la evaluación magisterial) y los niños asesinados en Monterrey?
Seguramente, el culpable sea objeto de interpretaciones psicológicas, psiquiátricas, sociológicas… Quizá se escriba de su tendencia depresiva, psicópata; de su evidente crisis de ansiedad, trastorno bipolar, déficit de atención o el bullying recibido por sus compañeros. Curiosamente, en México no tenemos a un Marilyn Manson a quien culpar por ser la “mala influencia” mediática, aunque se tiene a todos los cantantes gruperos que enaltecen la cultura del narcotráfico, la Santa Muerte y Martín Malverde o al propio Cartel de Santa. Posiblemente estos componentes influyan en la serie de motivos que lleven a un sujeto a tomar la decisión de eliminar a sus compañeros, pero para que ello ocurra se debe tener una cultura de violencia y agresión constante a nivel social. Que mejor oportunidad del Estado mexicano para crear peligrosos sociales, perversos polimorfos causantes de terror, para quitarse los ojos de encima como principal horror institucionalizado. Nuevo peligro, mayor criminalización de la adolescencia y la juventud y mayor vigilancia serán las políticas de estado en el país.
Ahora, ¿a quién culpará el Estado mexicano por el incidente en el Colegio Americano del Noroeste de Monterrey? Al Diablo (So if you meet me, have some courtesy, have some sympathy, and some taste); a Los Simpson y Malcolm el de en medio; a “Legión Holk” en Facebook o a #MásMasacresEnMéxico; a la influencia de la televisión y los videojuegos (como lo dicen los miles de funcionalistas trabajos recepcionales de estudiantes de Ciencias de la Comunicación); al fracasado programa de la Secretaría de Educación Pública (SEP): Mochila segura. Peor aún, a los padres y madres que no cumplen por completo con su trabajo, después de laborar, ambos, para cubrir lo mínimo de lo mínimo que da un miserable salario mínimo mexicano.
Este tipo de actos se convertirá en el pan nuestro de cada día. Los principales motivos una cultura sistemática de la violencia y la institucionalización de la misma como lazo social. Una fórmula perfecta: mayor pobreza y violación de los derechos humanos por parte del Estado más la institucionalización y sistematización de la violencia microfísica: violencia estructural más violencia institucionalizada. El resultado, la violencia como cultural mortífera administrada hasta nuestras escuelas, calles, hogares.
Lo ocurrido en el Colegio Americano del Noroeste de Monterrey es una muestra del éxito de una economía neoliberal y una política represiva, evidente y de baja intensidad, del Estado mexicano. Fuera de cualquier morbo, lo ocurrido en la Sultana del Norte no es un buen signo. Los responsables se buscarán donde no se debe. Los culpables hoy anuncian la extradición de Joaquín “El Chapo” Guzmán a los Estados Unidos, aumentan siete pesos al salario mínimo, mantienen el dólar en $22.35.
Picaporte
Viernes 20 que parece 13. Donald Trump toma posesión como presidente de los Estados Unidos de América. Un gringo más entre los gringos. Después que se pregunten por qué el odio hacia ellos.