Cualquier persona que ha tenido un ápice de éxito, un momento de gloria, o un objetivo cumplido, sabe perfectamente que la “autocritica” fue la primera línea clara antes de comenzar el camino.
Todo aquel que ha insinuado tener cambios benéficos en su vida, o que su misma vida lo ha obligado a buscarlos, entiende que no existe un pincel que por el simple hecho de ser fino termine pintando un gran cuadro. Cualquier libro escrito sobre la historia de éxito de un ser humano increíble , comienza con la historia de un tipo común inmerso en una sangrienta guerra dentro de su cabeza , en la que para avanzar primero tuvo que destrozar o por lo menos dejar herido de muerte a la versión defectuosa , prejuiciosa , arrogante , y cobarde que tenia de sí mismo.
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Sin esta condición es imposible cambiar una realidad o superar una crisis. Las personas, países, gobiernos y sociedades que no lo entiendan están destinados “a ser lo mismo y morir por lo mismo”, incluso aunque transcurran siglos.
México es un gran ejemplo de ello, un país tan milenario como el número de veces que ha sido conquistado y sumisado, por extranjeros o por sí mismo, dejando solo vestigios de las grandes culturas que en él se han levantado, dándole forma una y otra vez, solo para después verse caer y ser olvidados una ocasión más, por cometer los mismo errores de siempre.
Pareciéramos condenados a esta situación y es que el hecho no es salir del agua emocionados después de casi ahogarnos ,sino entender que la próxima vez que entremos ya tuvimos que haber aprendido a nadar , porque la suerte puede salvarnos en múltiples ocasiones, pero cada una de ellas nos va debilitando y volviendo menos de lo que éramos.
Ese es el caso de nuestra historia, con sociedades increíblemente organizadas, pero finalmente desaparecidas, los Toltecas por razones inexplicables, los Mexicas en la conquista, o nuestro recién formado México en la invasión Americana de 1847, en las dos últimas ocasiones, dejando el país una mierda literalmente, destrozado desde sus cimientos, violado en sus ideales y abandonado por quienes habían prometido defenderlo. La invasión Yanqui tal vez nos deja un panorama más claro, ya que en ninguno de los conflictos que nos han desmembrado como nación, la guerra fue propiciada por nosotros, por lo menos no de manera directa. Simplemente se trató de un pueblo astuto y ambicioso, aprovechándose de otro; pobre, débil e incapaz de cuidar lo suyo, ignorante, sumamente ignorante y que con esas características una vez más mandaba un mensaje claro al mundo: cualquiera podía patearnos, porque incluso quienes debían defender por lo menos el honor, estaban preocupados por tener cien pesos más, que respaldar a un país incipiente y con una pobreza que llegaba a ser miserable.
Enrique Krauze lo explica de manera increíble en su twitter: “Hace 170 años, mientras las tropas yanquis nos invadían, las facciones políticas mexicanas peleaban entre sí. Nada han aprendido”.
Tampoco nada hemos aprendido nosotros, estamos criados históricamente para darle sentido y origen a nuestros problemas y tragedias en las acciones, vidas e incluso opiniones de otras personas, estamos hechos para criticar y despreciar lo que somos, pero jamás aceptar que es nuestra culpa, si no la de otros. Es sencillo vivir cientos de años culpando al gobierno y sin aceptar que las naciones que han logrado progresar lo han hecho gracias a saber que exigir.
Países que partieron del principio de entender que un gobernante no es un héroe o alguien que debe salvarlo de todos sus problemas , sino un administrador del bien público, alguien que debe estar preparado más que cualquiera y que tenga los valores y objetivos que su sociedad le ha impuesto como tarea, porque será el puesto más exigido en su país , el más vigilado y por obviedad el más transparente, así como los que aspiran a gobernar entienden que su puesto no se trata de filantropía , que su ayuda y apoyo no lo es en sí , se trata solamente de ejercer su trabajo y que ese asiento es más trascendencia que poder y dinero.
Alemania y Japón se levantaron de una devastación aun peor de la que dejaron los yanquis y España. Después de la segunda Guerra Mundial , de porcentajes considerables de población muerta o desaparecida , de industrias aplastadas, economías desaparecidas y valores nacionales borrados de la idiosincrasia de cada habitante que quedaba, incluso después de eso Japón se volvió potencia en 1968 y Alemania , que aún tuvo más problemas sociales gracias al muro de Berlín, logro ser potencia en 1950. Dos naciones destruidas que aprendieron, que se reeducaron, pero sobre todo se juraron a sí mismas, no volver a pasar por donde pasaron.
Todo eso no lo lograron gritándole pendejo a un político, tomando acciones que afectaran la vida de otros ni escupiendo por indignación , no , ellos lo lograron con sacrificio , trabajo , educación , visión y exceso de autocrítica , esa que los lideres arrogantes que tuvieron les falto y los dejo en donde los dejo. Pero aquí, aquí somos valientes que viven y se alimentan de ignorancia, somos gritones de calles sin trascendencia, somos un pueblo que trata a sus gobernantes como Rockstars, aplaudiéndoles y sacándose fotos con ellos, como si se tratara de una estrella, cuando deberíamos debatir, exigir y vigilar su labor, mientras ellos nos tratan como groupies, que las humillen como las humillen, las denigren como las denigren, saben que con una caricia olvidaremos todo lo que paso.
Somos una sociedad que prefiere darle solución falsa a sus traumas, antes que reconocer sus errores, una sociedad que no entiende que:
“Ante el ideario de un imbécil, la valentía de un ignorante no tiene nada que hacer”.
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