Sí, he decidido llamarle “Luces de Bengala” a estas minucias que cada diciembre escribiré, recogiendo impresiones personales o reflexiones que suscita esta temporada, la gente, el clima…
Por ejemplo, hoy la gente me parece que ha perdido el deber primario que tenemos los humanos cada mañana: decir “buenos días”. Es signo de personas educadas, de respeto. Ha sido una costumbre de los mexicanos sin distinción de condición o medio.
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Es muestra de una elemental actitud amistosa, es un deseo sencillo y noble. Y se está perdiendo. Es triste comprobarlo. Quizá si los animales hablaran, ellos sí nos darían los buenos días. Tengo la impresión de que los perros lo hacen, al mover la cola y buscar en el amo un gesto de correspondencia.
Quizá los animales lo hacen, pero no los entendemos…
Hoy en día de cada treinta personas que te encuentras en la calle en una caminata matutina, si acaso una te saluda. Las demás, a veces, te responden el saludo.
Un buen número van conectados con un par de audífonos en los oídos ajenos por completo al terreno que pisan. Se aíslan del mundo voluntariamente. Son solitarios en medio de la gente. Su mundo es la música, o una llamada larga. Pasan junto a otras personas, las rozan, se topan pero no salen de su mundo.
En el comportamiento humano, esos pequeños adminículos de poderes maravillosos, ¿son signos de progreso o de retroceso?
Hoy la postura común de millones de personas es el codo doblado formando un ángulo de menos de cuarenta y cinco grados, un teléfono en la mano pegado al oído, caminando o parado en cualquier sitio. Me temo que esa enfermedad que se llama “codo de tenista” o algo así, será el padecimiento común del futuro.
Ironías de la vida: y será así, sin jugar tenis. Porque además, buen número de jóvenes hoy no juegan, no hacen deporte alguno. Un porcentaje alto lo más cerca que esta de un deporte es cuando ven partidos de futbol acompañados de las indispensables chelas.
Pasemos a otro plano: hoy en día hay casas en las que viven más perros que personas. Y hay perros que viven en mejores condiciones que muchos seres que mendigan por la calle o habitan una vivienda sencilla. ¿Estamos viendo el surgimiento de una perrocracia?
Voy por las calles de una colonia tradicional clasemediera de Puebla y observó todas las casas con su correspondiente número en la fachada. Es un elemental signo de educación, de cultura inclusive. Eso distingue a los colonos y facilita muchas cosas: la visita, la correspondencia, los recibos, la paquetería y hasta la identidad de las personas.
Y causa una pésima impresión que en muchas, muchas de las nuevas colonias y fraccionamientos, los dueños de las casas jamás se preocupan por poner el número en la fachada. Viven en una especie de anonimato descuidado, irresponsable incluso. Ello habla bien claro de su educación. El dinero da muchas cosas, pero la educación no se compra.
Entro a un gran centro comercial repleto de personas y mercaderías. Lo visto me hace recordar lo que la anécdota refiere que le sucedió a Sócrates cuando visitó una gran exposición en alguna ciudad griega: “¡Cuántas cosas hay que no necesito!”.
Y salgo de ahí provisto de lo que sí es indispensable en la vida: queso, pan y vino.
Procure de vez en cuando disfrutar el maravilloso espectáculo de ver aparecer el sol en el horizonte.
Hágalo, no se va a arrepentir. Pero hágalo ahora, no vaya a resultar que dentro de poco empiecen a cobrar un impuesto por ese excepcional placer que nos regala la naturaleza.
Muchas gracias por leerme. Le envío un abrazo muy cariñoso, con una sincera carga de deseos de salud y felicidad en todo!!!!!!
Nos seguiremos encontrando en este semanal espacio.