Mi Selene:
Tu transición me ha confundido mucho. A pesar que sé que el ciclo de la vida y la muerte es un misterio, no dejo de intentar tener una creencia que me consuele.
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Ser positiva no es la respuesta; ser negativa, tampoco. Mis sentimientos están rotos, fragmentados, divididos; no logro dar continuidad a ninguno para saber cómo me siento, y es tal la intensidad de emociones que me carcomen y me abruman, que mis pensamientos no ayudan.
Conocí la muerte de mis seres queridos desde niña. La muerte temprana de mi hermano mayor adorado rompió mi infancia en un “antes” y un “después” y mi familia se disgregó. Tardé muchos años en recuperar su presencia: Un día, inconsolable, asistí al panteón para sentirlo cerca y hablar con él; platicarle todo lo que había pasado en mi vida desde que murió. Sentada en su tumba, duré horas llorando mares de lágrimas, limpiándome ríos de mocos con la camiseta que no alcanzó para secarlos, y recuperé los sentimientos que ahogué durante muchos años y le pedí que me acompañara, que me hacía falta, que lo necesitaba y lo recuperé.
Hace mucho que una transición no me rompía como hoy. No comprendo que una persona como tú muera, como entonces no comprendí que mi hermanito muriera. Cuando te miré en la foto, pelona, te dije que te veías muy bonita, que yo también quise raparme porque me choca mi cabello y con una buena rapadita se compone. Y te dije que te presentaría a un experto en turbantes y serías una mujer más exótica, todavía. Tu alegría y confianza de siempre me auxilió en el tema que te comenté: como siempre solidaria, siempre buena amiga y siempre sensible para los más necesitados. Después supe de tu enfermedad.
Las ciencias cuánticas ahora enseñan que cada quien crea su propia realidad y ahí está nuestra fortaleza. Dime, Selene: ¿tú qué deseaste para decidir transitar tan pronto, tan alegre, tan querida, tan completa? Hay quién dice que esta vida es de aprendizaje: ¿Qué aprendiste que fue suficiente para decidir pasar a otra dimensión? Yo no termino de aprender y no encuentro la esperanza que me saque de esta confusión. Dicen que aún en el dolor podemos tener esperanza, que no es lo mismo dolerse con esperanza, que sin ella. Que es toda la diferencia. Pero no la encuentro con o sin dolor.
¿Ahora, dónde te puedo encontrar y cómo te escucho, viva como tengo a mi hermanito? ¿Cómo te leo y cómo te busco? Somos muchos los confundidos. Nos falta tiempo, pero el tiempo solo no cura, lo sé. Un día encontraré, en algún lugar, la esperanza de que sigues viva porque la vida no acaba y que pueda imaginar verte dar los pasos en ese otro lugar al que ahora te diriges. Leer tus columnas y escuchar tu risa, sin la abismal carencia que siento hoy.