El día 6 de diciembre se dieron a conocer los resultados del Programa Internacional para la Evaluación de Estudiantes o PISA, los cuales confirmaron el bajo desempeño de los estudiantes mexicanos en competencias asociadas a Matemáticas, Lectura y Ciencias. De acuerdo con la prueba, el desempeño de México se encuentra por debajo del promedio de los países que integran la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) en ciencias (416 puntos), lectura (423 puntos) y matemáticas (408 puntos).
No es nada nuevo decir que la educación en México no es de calidad. Sin embargo, tampoco se trata de identificar y atribuir el problema de la pésima calidad educativa que tiene México a los docentes, a los estudiantes o a los padres de familia. La educación como derecho humano, según lo dicta la Constitución Política, así como las convenciones internacionales firmadas por el gobierno mexicano, es un problema del Estado, de este gobierno federal y de los anteriores, que buscan con una mala educación legitimar las políticas privatizadoras neoliberales, la capacitación ante la productividad empresarial y el control social.
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Los resultados del Programa Internacional para la Evaluación de Estudiantes o PISA, es un arma perversa creada por OCDE, importante organismo transnacional neoliberal, que, bajo la premisa de malos resultados, ve en las medidas privatizadoras la solución al problema. Los gobiernos neoliberales han visto en la evaluación el instrumento para legitimar las medidas ligadas a la privatización educativa, la escasa inversión del Estado en educación y la vinculación de la formación estudiantil para su inserción a las grandes corporaciones internacionales. Es importante señalar que la evaluación educativa no resuelve nada, lo único que puede llegar a reconocer son algunos de los problemas que tiene un sistema educativo, ya que en sí misma presenta restricciones en el personal técnico capacitado para realizarlas, así como limitantes burocráticas, operativas y presupuestarias para ampliar la mirada hacia el fenómeno educativo en su complejidad.
Entonces, ¿cuál es el sentido de dar a conocer, de manera alarmante, los resultados de las pruebas internacionales y también nacionales? La respuesta debe girar en torno a dos sentidos. El primero de ellos corresponde a que, en el país, los niveles educativos son bajos, incluso en algunos centros escolares privados. Eso es innegable. Sin embargo, el problema sólo evidencia la opacidad del Estado en materia educativa. En segundo lugar, el gobierno federal utiliza a la Secretaría de Educación Pública (SEP) para tener el control de la nómina magisterial y atentar contra los derechos laborales de los docentes y, por otra parte, emplea al Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación como ariete para legitimar las políticas neoliberales impuestas por el gobierno federal, a través de la supuesta Reforma educativa. De esta manera, los resultados de la prueba PISA, como los de Planea son usados por el gobierno federal y sus instituciones para legitimar la necesidad de profundizar en la privatización de la educación pública, según el propio argumento del titular de la SEP, Aurelio Nuño Mayer.
En resumen, lo que dice el gobierno federal, la SEP y el INEE es que, ante los bajos resultados que tienen los estudiantes en su formación como obreros funcionales útiles a las grandes corporaciones internacionales, lo que se sebe hacer, con el apoyo de la sociedad civil (padres de familia, medios de comunicación y empresarios) es profundizar en la privatización de la educación en el país, a través de la Reforma y el Nuevo Modelo educativos y, así, tener a los estudiantes competitivos para un mundo injusto, mezquino, individualista y enajenado, del cual deben formar parte. En ese sentido, ¿tendría que darnos vergüenza el bajo desempeño de los estudiantes o del gobierno y sus instituciones educativas perversas?
Obviamente, organizaciones como Mexicanos Primero (quien tiene estrechos lazos con la SEP y forma parte del consejo social del INEE) harán reclamos por el bajo desempeño mostrado en los resultados y exigirán que se evalué a los docentes, lejos de inquirir y enfrentar a un gobierno que utiliza la educación como as en su baraja neoliberal privatizadora.
De estos resultados, se debe aprender que, la evaluación de este tipo, lejos de buscar la rendición de cuentas, ser insumo para mejoras educativas y favorecer la equidad, lo que busca es una educación que atienda a las necesidades de productividad y competitividad del mercado. Esos hijos de la nación mexicana, ante la mirada del gobierno federal, la SEP, el INEE y la OCDE, no son personas con derechos fundamentales, sino futuros obreros calificados, útiles a un sistema que, ahora, los ve como clientes y no como estudiantes, constructores de conocimiento; seres consientes, reflexivos, analíticos y creativos, sino como futuros trabajadores pasivos y compitiendo por las migajas que caen de la mesa de los altos burócratas, los dueños del dinero y las grandes corporaciones internacionales.
Picaporte
Mientras Enrique Peña Nieto y José Antonio Meade se pelean con Agustín Carstens por la conducción ortodoxa de la política económica neoliberal, el cierre de este año pinta mal, pero 2017 se vislumbra peor. Las “señales del mercado” están ahí, se muestran, emergen en la vorágine financiera nacional e internacional que nos rebasan. Nadie quiere llegar al 2017, quizá, ni el 2017 quiera llegar a México bajo este panorama.