El tema que proponemos desde Punto de vista es harto complejo y lleno de vericuetos, pero no queremos dejar de apuntar que, aunque sea desde los atisbos, podamos ocuparnos de una realidad revelante para la opinión pública poblana y para la sociedad misma de estos lares.
Llevamos ya largos años, desde los noventa para ser más específicos, en que la educación en la entidad se ha tomado como un reto para su mejora, pero en la mayoría de los casos no sólo ha sido discurso y retórica, sino que se ha quedado atorada en la mera certificación de acreditadoras de muy diversa índole. No es fácil el tema ni la responsabilidad, pero eso implica la gravedad del asunto. Con todo, la educación es un tema de interés público.
Más artículos del autor
Si atendemos a las definiciones clásicas de la educación y a sus dinámicas, no podemos soslayar esos dos elementos básicos que comportan cualquier modelo educativo que quiera servir a una sociedad: la tradición y la innovación. Es verdad que educar y educarse es, en primera instancia, insertar e insertarse en la realidad de la vida y de la existencia, sobre todo, en la vida social (Platón dixit). Nuestros lazos sociales, hoy tan deteriorados por la corrupción y la violencia (la impunidad y la inseguridad no son sino síntomas tan sólo), seguirán rompiéndose si no somos capaces de brindar a las nuevas generaciones esta posibilidad y viabilidad de incorporarse al corpus social y colaborar y gozar del bien común habido en él.
A partir de ahí, estamos ciertos, será posible innovar y ensayar nuevos elementos, nuevos modelos y mejores rutas que permitan realizarnos como personas y como entes sociales e históricos. Es también un asunto de generaciones. Es importante que quienes forman parte de la generación que manda, y quienes son parte de la que se resiste a esos mandatos, seamos lo suficientemente generosos para pensar en las jóvenes generaciones.
Todo ello, desde luego, parte de la vida familiar, el primer núcleo de educación, apunta y camina hacia la escuela –el espacio escolar desde el inicio hasta la universidad-, se prepara para el trabajo y el mundo laboral, y culmina, sin duda, en el espacio público. Todo ello supone y exige educación y, por tanto, todo el empeño e interés de la sociedad y de sus representantes en los poderes públicos. Es el estado, en tal sentido, el que tiene el deber y la responsabilidad de conjuntar y organizar los esfuerzos de las diferentes instancias y agentes participantes en ese proceso complejo y necesario.
Los más de 31 mil 300 millones de pesos asignados para este año al rubro en el estado, nos obligan a formular las preguntas sobre si se han cumplido y logrado esos retos clásicos de toda educación, si tenemos, al nivel de la polis y del espacio público, esa dinámica social y de cuerpo político necesarios para la realización humana de los poblanos y de sus espacios familiares, laborales y sociales. Los niveles de desintegración del tejido social, de corrupción, impunidad, violencia e inseguridad parecieran decirnos que no, que estamos perdiendo incluso lo básico de la convivencia humana y social.
Nuestros colaboradores reflexionan sobre ello y nos plantean diversas lecturas que pueden orientan nuestro pensar, nuestra reflexión y, por qué no, nuestro actuar y operar. Esperemos que disfruten de su lectura