2016 se ha destacado por ser un año lleno de altibajos, que, en su mayoría, han sido más bajos que altos. Pareciera que algún tipo de numerología demoniaca confabulara en favor de la bestia capitalista. Lo último, la muerte del Comandante revolucionario cubano, Fidel Castro Ruz. El tiempo no tuvo compasión de la mayor gloria latinoamericana del siglo XX. El último estadista se fue. La dignidad latinoamericana encarnada dejó de latir, como lo hicieron al unísono de la noticia de su deceso, la última esperanza de hacer frente al capitalismo feroz, rapaz, “asesino de cuantas alas”, como dijese Silvio Rodríguez fue más que “El Chino”, pero no será mayor que su legado, que su lucha y que su herencia plasmada un pueblo que ha vivido de manera digna aun con un bloqueo inhumano impuesto por el demonio, por el mayor mal de la humanidad: los Estados Unidos.
Y, quizá, una de esas hermosas y bien ponderadas mentes proyanquis seguidoras de Rocky, Rambo o cualquier otro Globocop gringo lance su coz para argumentar que Cuba es un país pobre y en el cual se vivió una dictadura que violó los derechos humanos. Ante tan fuertes argumentos obtenidos de Wikipedia, el Canal de las Estrellas o Jorge Castañeda se podría debatir. Cuba, ya no como prostíbulo norteamericano, sino como nación libre y soberana cuenta con un Índice de Desarrollo Humano (IDH) de 0.77, al igual que México que cuenta con un IDH de 0.76. Ahora pensemos que la isla vive el bloque económico desde hace 50 años y tiene un nivel de vida semejante al de México, mientras que éste, el patio trasero norteamericano, cuenta con índices de salud, educación y salario cada vez más deplorables.
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En el terreno educativo, Cuba durante los años de gobierno de Fidel Castro y, ahora de su hermano Raúl, logró abatir el analfabetismo y es la única nación de Latinoamérica que logró justiciabilizar ese derecho humano. Cuba, a su vez, según el Segundo Estudio Regional Comparativo y Explicativo (SERCE), ubica a esta nación con 648 puntos en la media de desempeño de estudiantes en Matemáticas de 3º de primaria seguido de Nuevo León (México tuvo que ir como país, pero enviar a su mejor gallo, por aparte) con 563 puntos, es decir, una diferencia de 85 puntos. La diferencia respecto a México es de 116 puntos. México logra ubicar a 16% de sus estudiantes en el nivel más alto, mientras que Cuba tiene a más de la mitad de ellos en ese nivel. Lo mismo ocurre en 6º de primaria en Matemáticas, donde la isla caribeña ocupa el lugar más alto de desempeño en la región con 637 puntos, mientras que Nuevo León tiene un puntaje de 554 (diferencia de 83 puntos), superado por Uruguay. Asimismo, la diferencia entre Cuba y México es de 95 puntos. De igual forma ocurre en Lectura, durante la educación primaria. Quizá por tal motivo, el Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación (INEE), ahora portavoz y defensor de la “Reforma Educativa” no incluye a la tierra de Fidel Castro y José Martí en el Tercer Estudio Regional, única forma en que México podría mostrar algún liderazgo en la región.
La garantía de atención médica gratuita a toda la población cubana se convirtió desde los primeros momentos del triunfo de la Revolución en uno de los paradigmas sociales fundamentales. Esto se corresponde con la esencia humanista y de justicia social que caracteriza a dicho proceso revolucionario. Desde el propio triunfo revolucionario se comenzó a trabajar por la creación del Sistema Nacional de Salud que llevó la acción del trabajador de la salud a los lugares más apartados. El sistema creado comenzó a realizar importantes reformas a partir de los años 60, como parte fundamental de las transformaciones del período revolucionario y en respuesta al respeto más absoluto de uno de los derechos humanos fundamentales de todo ciudadano.
En la etapa prerrevolucionaria, la atención médica y hospitalaria se caracterizaba por el predominio de servicios de carácter privado y mutualista. Las acciones emprendidas en el desarrollo de la red asistencial, permitieron la rápida transformación de la situación existente. Hoy Cuba cuenta con 381 áreas de salud con cobertura completa con el programa del médico de la familia, los que superan la cifra de 28,000 médicos, distribuidos en todo el país. Más del 99,1 % de la población cubana está cubierta con un médico y enfermera de la familia, mientras que en México se busca un esquema de privatización de la salud, lo cual lo asemeja a la catástrofe en el respeto y ejercicio de este derecho como lo es en Estados Unidos, donde una vida vale lo que determine una póliza de seguros.
En cuanto a la situación de los derechos humanos, cabría decir que la Organización de las Naciones Unidas (ONU) ubica en el mismo rubro de violación a los derechos fundamentales a Estados Unidos (país que además de reportar mayores incidencias, sostiene una economía beligerante contra la humanidad) y a Cuba, como violaciones por reducción de espacio democrático. El caso de México es aún peor, ya que es considerado por esta organización como en “situaciones preocupantes”, lo cual ubica a la “democracia mexicana” a la par de Sudán, Somalia y la República Democrática de Congo.
En cuanto al argumento de la falta de democracia en Cuba, de nueva cuenta, parece una afirmación simple y vulgar. Si se ubica a la democracia como el simple hecho de votar, pues Cuba no es democrático en ese canon, aunque cuente con un mayor consenso social, que en sí mismo, implica un mayor grado de democracia. Sin embargo, herederos del simulacro electoral de cada seis años en México, nuestro país es una verdadera democracia. Cada sexenio un fraude democrático, pero a final de cuentas, los mexicanos votamos. Además, no importa que los partidos Revolucionario Institucional (PRI), Acción Nacional (PAN) o de la Revolución Democrática (PRD) usufructúen con la pobreza, la injusticia y las necesidades elementales de la población que votan por una despensa en favor de sus enemigos; a final de cuentas la democracia es votar.
Y, no olvidemos al vecino del norte, Estados Unidos, donde el racismo, la xenofobia, el clasismo y la misoginia llegaron al poder de manera democrática, es decir, según las buenas conciencias, a través de voto. Donald Trump, símbolo moderno del autoritarismo y despotismo des-ilustrado y vulgar (tal y como la sociedad gringa), ¿es un demócrata (no en el sentido inútil de su contraparte bipartidista gringa)? Claro, el personaje norteamericano se ufana de denostar a una región, pero es menos tirano que un supuesto dictador que dio a su pueblo un lugar digno en la historia, la de todos los días. La gusanada está de fiesta. La gusanada contribuyó a que Trump llegara al poder. Buenas cartas de la gusanada: basuras. Seguramente, Fidel murió decepcionado de un pueblo (al que siempre distinguió como pueblo, no como gobierno) que, junto al lastre gusarapo, larvario, de cubanos de Miami, llevaron al Ku Klux Klan al poder.
Sin lugar a dudas, Fidel Castro, inspiración de “El necio” de Silvio Rodríguez, es el más grande personaje revolucionario en el poder; el más grande hombre de Estado en el siglo XX y uno de los más grandes hombres que haya dado la humanidad. La Historia lo ha absuelto desde hace muchos años, desde que, en un lugar de Latinoamérica, en una isla caribeña, se sembró la esperanza para la región de dignidad, de humanidad, de amor, de la utopía lograda de una sociedad mejor. El líder de los Barbudos, reúne a su equipo nuevamente, después de haber dado el más grande juego de pelota de Latinoamérica. La fila para despedirse de Fidel será eterna, no tendrá fin. “Hasta la victoria siempre, comandante Fidel Castro”.
Patio trasero
Que no se debe llamar a honestos a los priistas, porque son unos cuantos, dice su dirigencia; digo, quizá fue un problema de sentido, ya que los del partido en el poder, lo tienen contrario