Hay quienes yo no sé si por convicción, modo de ser o porque ya no nos cocemos al primer hervor, somos repelentes a estas andanadas que suele acometer el comercio contra el ciudadano común.
Lo cierto es que la embestida reciente sobre el “buen fin”, dio la impresión que fue despiadada hacia los bolsillos de la gente de bien que nada debe y nada teme. Comercios establecidos, radio y televisión, emprendieron una saturación pocas veces vista.
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Me pareció advertir que el impacto del acoso comercial (“bulling” le llamarían quienes se niegan a quitarse el dogal agringado) hizo numerosas víctimas. Se vio por las calles desfilar a personas en calidad de mártires de la avalancha, inmisericordes, cargando bolsas y paquetes de todo volumen.
No dudo que habrá quienes de buena fe, salieron de modo programado y prudente a comprar tal o cual cosa necesaria en su hogar o para su persona. Pero conociendo la idiosincrasia de buena parte de los mexicanos, otro tanto lo hicieron como respuesta indefensa ante la anual campaña.
Esto, no obstante que cuando pasan el ventarrón de las compras compulsivas, los medios han informado lo tramposo de buena parte de las supuestas ventajosas ventas. Leí en “Reforma”, por ejemplo, que los años anteriores se ha puesto en claro que de todas las “ofertas”, solamente entre el 12 y el 15 por ciento fueron reales y efectivas.
El resto, los más viejos de la comarca lo califican o intuyen: suelen ser operaciones planeadas con antelación, para desembocar en tales fechas con un descuento real del 5 por ciento.
Ya se sabe que la referida promoción parte de una mala copia de otra semejante, que anualmente organiza el comercio estadunidense, esa sí con verdaderas gangas. Dicen, y dicen bien, que nunca segundas partes fueron buenas.
Lo cierto es que normalmente pica el pez. Y salen legiones a comprar lo que, con frecuencia no se necesita. Aquí se explota la propensión tan mexicana de usar de modo indiscriminado las tarjetas de plástico. Sucumbir así al encanto embaucador, lo único que deja es tremendas deudas que se traducen en terribles dolores de cabeza para las inmolados.
Lo común y fácil sería, como en casi todo problema, culpar a “papá gobierno” de prohijar o solapar operaciones en buena medidas engañosas para la economía de la gente. Pero sería parcialmente injusto.
Una buena parte de la responsabilidad, cuando se cae en el despilfarro, es de los compradores.
Leía en una ocasión un breve consejo de esos de moral de portafolios, para estos tiempos de acoso para comprar. Y decía, “antes de hacerlo debes preguntarte: ¿realmente lo necesitas?. Segundo: ¿tienes con qué pagarlo?. Y tercero: ¿tienes dónde ponerlo?”
Esta temporada que ahora arranca y que culmina el seis de enero, es terreno minado para las compras sin control. Los francotiradores aquí arrancan su época de cacería y el acoso es despiadado. Los medios, como altoparlantes del comercio, azuzan de mil formas la actitud consumista de la gente, y así se cocina lo que deviene en la famosa cuesta de enero. Cuesta que se prolonga cada año hasta febrero y marzo, ya sabemos
Frente a ello, la lógica impone responsabilidad del público y consulta honesta con su economía doméstica. Esta manera de planear no nos la enseña nadie. Es producto del modelo de vida de cada quien. Así que, usted decide, usted es el único fiel de la balanza.
BUENA CAUSA.-Enrique Castro, comentarista de radio en XECD (en el programa de Ricardo Menéndez, saludos Ricardo!) encabeza una noble causa: homenajear al inventor de la televisión a color , Guillermo González Camarena, quien tuvo el infortunio de morir en territorio poblano, aquí cerca, por Chachapa. Entre los planes de Ricardo está sacar del anonimato el monumento al personaje, y ponerle su nombre al importantísimo crucero vial del periférico y la carretera federal a Tehuacán, justamente donde está el pequeño obelisco. También se hará un concurso para un cortometraje y otras acciones positivas. Si usted desea sumarse a sus iniciativas, aquí esta su correo: egcrh1@gmail.com