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OPINIÓN

McDonald´s Trump y el cuarto mundo.

Migraciones africanas y cariocas a EUA. Pasarán por México 45 mil almas. En Haití, siguen en refugio

Abelardo Fernández

Doctor en Psicología, psicoterapeuta de Contención, musicoterapeuta, escritor, músico y fotógrafo profesional.

Martes, Noviembre 15, 2016

 

Miles de africanos y haitianos migran de Brasil a Estados Unidos en caravanas que pueden durar cuatro, seis u ocho meses de viaje: se prevé que para diciembre arriben a territorio nacional más de 45 mil seres humanos. Llegaron buscando trabajos en las construcciones de los juegos olímpicos cariocas y consumidos por la crisis brasileña deciden migrar a buscar el sueño americano (aunque encontrarán la vigilia americana).

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Del terremoto de Haití ocurrido en el 2010 se sabe que el 80% de las personas aún viven en los refugios y albergues construidos para resguardarlos, hablamos de 6 años viviendo en la total indigencia, la pobreza más inhumana, mientras que los apoyos internacionales se los quedaron los políticos ¡como siempre! De la miseria africana, la sobreexplotación de sus recursos naturales y la indigencia en la que viven ya ni qué hablar. Los reporteros mexicanos los acompañan desde Tapachula hasta Tijuana. Por su parte, Donald Trump deportará primero a los migrantes con antecedentes penales, prófugos de la justicia y malvivientes miserables e indeseables, paralelamente quiere iniciar la construcción de un muro que cierre las puertas del país más poderoso del mundo ya que sus habitantes quieren vivir en paz y disfrutando cómodamente de sus riquezas.

Si enfilamos la lista de los mundos, al primero, segundo y tercer mundo ahora se le suma un cuarto mundo en movimiento cuyos habitantes comienzan a alcanzar cifras alarmantes y todo indica que seguirán creciendo sin control alguno. Agreguemos a estas cifras los indigentes de casa, los nuestros, los nacionales: indígenas y caminantes que viven en la miseria extrema en este y en todos los países. Esta vasta red mundial de transeúntes cuya existencia comienza a parecernos cotidiana y normal, nos permite sopesar hoy los síntomas del mundo, las desastrosas e inevitables consecuencias de un planeta dividido irresolublemente entre los ojetes y los jodidos, -ver película El tigre de Santa Julia-.

Pareciera que hablamos de aves, de antílopes, de impalas, de gruyas africanas o de mariposas monarcas: especies que sólo existen gracias a las migraciones, a la posibilidad de sobrevivir en las distancias. Dichas especies nacen en un sitio, se aparean y se reproducen en otro sitio, vuelven a migrar sin dejar de buscar alimento y subsistencia, vinculados solidariamente a sus parejas que luchan por la preservación de su especie, cumplen sus rituales de apareamiento y siguen adelante.  De la misma manera todo parece decirnos que gran parte de la población humana volverá a ser nómada  nuevamente, como cuando los perseguían los mamuts. Cobijados por una religiosa idea de irremediable destino cercano al más primitivo instinto de conservación, el desafío instalado entre vivir, morir o lograrlo, estos damnificados de la soberbia, la arrogancia y la acumulación de riquezas de unos, organizados en clanes dispuestos al traslado, van a pie, en camiones, en lo que se pueda, comen cuando encuentran algo, buscan alimento en los bosques, piden dinero en las esquinas, aprenden idiomas con una velocidad increíble, fundan miedos, cobijan terrores, anidan ansiedad y desilusión de todo lo que tuvieron que dejar. Muchos de ellos tienen doctorado, maestría, licenciatura, tuvieron que dejar sus tierras por la existencia de los primeros y segundos mundos que acumulan todas la riquezas y deciden hacer guerras peleándose por el petróleo o simplemente el poder político.

A semejanza del pueblo hebreo que buscó incansablemente la tierra prometida, ese al que millones de personas le rinden un culto y una admiración inconmensurable, presenciamos un éxodo masivo hacia la tierra prometida. Personas que intentan sobrevivir, encontrar razones de vida, ilusiones de futuro, nuevas raíces puesto que, como plantas, los han desenterrado de la tierra que los vio nacer y crecer. Hacen frente a la tragedia de cambiar sus verdaderos amores y afectos por emprender una ruta en la que arriesgan su identidad: la ruta de la muerte, de la huída, del encuentro con una tierra prometida, ¿prometida? ¿quién se las prometió? Walt Disney, Hollywood, MacDonald´s Trump, las Cocas Colas…  Caminaremos lo que sea necesario para encontrar dólares, la fuente de donde nacen los dólares, de la misma manera que en las épocas de las cavernas caminaban largas extensiones de tierra para buscar agua e instalar sus comunidades y fundar sus pueblos.

Trump quiere cerrar su casa, cuidar a los suyos, esos que no han dejado de venderle al mundo sus cuentas de vidrio y espejitos a cambio de oro puro, esos que inventaron las franquicias, las empresas y la construcción de edificios de 40 pisos, Trump ha prometido que los cuidará, los protegerá de delincuentes mexicanos y migrantes indeseables. De seguir esto así, los estados unidos buscarán apoderarse de la luna, de marte y de júpiter para encontrar un lugar donde vivir felices con sus riquezas, sus bienestares y sus buenas conciencias: ni duda me cabe que los políticos mexicanos lograrán tener el dinero para comprar su casa en todos estos planetas y satélites lunares.

El cuarto mundo  seguirá caminando los meses que sea necesario para encontrar la tierra prometida. Los presagios marxistas terminaron siendo falsos, el capitalismo no dará paso al socialismo de ninguna manera, es más, todo parece indicar que es el capitalismo el que devora silenciosamente a los experimentos de socialismo que conocemos. Si consultamos a Nostradamus quizá podremos imaginar en qué terminará todo este caos mundial. Pobre Maslow, su pirámide de las necesidades humanas está quedando inservible, nadie piensa en los hombres, nadie siente nada de los seres humanos, mucho menos pensarán en sus necesidades. Quizá a la mitad del presente siglo, sea el cuarto mundo desde su mendicidad el que se convierta en el primero y volvamos a comenzar de nuevo. Esto sólo si nos queda planeta todavía por supuesto. He aquí la manifestación del verdadero apocalíptico anticristo. 

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