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OPINIÓN

CORRUPCIÓN, la amenaza de la democracia en México

Corrupción contra la democracia. Antídoto: ciudadanía y su ejercicio. Corrupción, cáncer social.

Ricardo Velázquez Cruz

Es abogado notario y actuario egresado BUAP. Diplomado en Análisis Político Escuela Libre de Ciencias Políticas de Puebla. Especialidad en Derecho Agrario UNAM; Maestría en Derecho Constitucional y en Juicio de Amparo UAT. 

Lunes, Noviembre 14, 2016

Las amenazas de la democracia moderna son el autoritarismo y la corrupción; la forma de enfrentarlos es desde el ciudadano, pero no me refiero a aquel que es mexicano, que ha cumplido la mayoría de edad y que tiene un modo honesto de vivir -como lo establece nuestra Constitución-, sino a aquel que hace ejercicio de su ciudadanía, es decir, que está consciente de cuáles son sus derechos y lucha por ellos pero que también cumple con los deberes que le corresponden.

La democracia necesita ser construida cada día por los ciudadanos. Por los ciudadanos que trabajan en instituciones públicas, por los miembros de la sociedad civil, las universidades, las escuelas y colegios, las empresas, los empresarios y gremios, el sector privado, los centros de autoridad moral como la Iglesia, los medios de comunicación.

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Debemos hablar de ciudadanía en el marco del Estado de Derecho; en el cual el papel del ciudadano se encuentra en función de sus responsabilidades democráticas y enmarcado en su respeto y defensa. No es posible hablar de democracia solamente porque acudimos cada dos años a ejercer el derecho al voto, no, la democracia es mucho más que eso, es un ejercicio permanente que sólo es posible con un ejercicio consciente de ciudadanía. Los derechos de los ciudadanos están acompañados de deberes. La democracia necesita ciudadanos responsables y conscientes de sus derechos y sus deberes y para eso es necesario que entendamos por qué y para qué hay reglas y porqué son importantes, para de esta manera conocerlas y entenderlas y finalmente respetarlas y ejecutarlas o iniciar los procesos democráticos que cuestionen esas reglas del juego cuando las consideramos injustas o indebidas.

La corrupción ataca de manera directa la democracia, afecta la legitimidad, la transparencia y la confianza. La corrupción descompone a las instituciones públicas, al sector privado y a la ciudadanía y esto naturalmente golpea su legitimidad, hace perder la confianza en las políticas públicas, hace ineficiente la inversión de recursos y contribuye a mantener e incluso a aumentar las desigualdades sociales.

La corrupción no es un fenómeno que ataque solamente al sector público. Vemos que afecta a las instituciones públicas y privadas, a la sociedad civil y a todos los ciudadanos por igual, un peso que se pierde en manos de los corruptos es un peso menos que puede servir a la educación o a la salud, por ejemplo; no se justifica que por situaciones económicas precarias se toleren acciones corruptas. Quien comete un hecho de corrupción comete un crimen y eso debemos tenerlo bien claro para que estos años de impunidad con participación ciudadana sean sólo cosa del pasado. La mejor forma de prevenir la corrupción es castigando a quienes la cometen, con esto se manda un mensaje a la ciudadanía, tendrán que pensarlo diez veces antes de incurrir en acciones corruptas. El ciudadano que comete un hecho de corrupción está consciente de las consecuencias de su actuación.

 

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