Un capítulo electoral más se ha cerrado, los electores norteamericanos han hablado y el triunfo es para el candidato republicano, Donald Trump: un outsider de la política, el candidato anti -establishment, como lo han definido algunos.
La noticia ha caído como un balde de agua fría para los mercados internacionales. Conforme se iban conociendo los resultados, los índices bursátiles mostraban su preocupación. Analistas políticos, profesores, investigadores y amigos con los que he tenido la oportunidad de intercambiar puntos de vista, habíamos anticipado una contienda cerrada, a partir de las últimas encuestas y trackings publicados, pero nunca previmos una victoria del abanderado republicano.
Más allá de analizar las claves comunicacionales, de marketing y estrategia, que dieron como resultado el triunfo de Donald Trump; más allá de los errores y desaciertos de la campaña de Hillary Clinton, me gustaría, a través de este breve artículo, reflexionar sobre otro gran protagonista de la contienda, aunque olvidado por reporteros, analistas, cámaras y redes sociales: el pueblo norteamericano, los electores. ¿Qué dijeron con su voto en las urnas?
Durante la transmisión que diferentes medios de comunicación españoles realizaban de los comicios, leía los primeros análisis y observaba los resultados, me preguntaba cuál era el mensaje que los ciudadanos norteamericanos habían mandado. Me atrevo a decir que el triunfo de Donald Trump significa el reflejo de una sociedad harta y decepcionada del modelo económico, político y social. El resultado de la desafección política se hizo una vez más presente en estas elecciones.
El mensaje a las élites políticas, gubernamentales, mediáticas, intelectuales y de todo tipo es un “ya basta”. Lo sucedido en las elecciones norteamericanas, es una clara manifestación de hartazgo para con el modelo económico, social y cultural, que impera en el mundo.
En los últimos 20 años, al menos, el mundo se encuentra en manos del sistema financiero; los vaivenes del mercado han puesto en vilo a gobernantes, empresas, medios de comunicación. Las instituciones en general y los seres humanos en particular hemos dado una importancia inaudita a los aspectos económicos, dejando de lado otros asuntos de vital importancia para el desarrollo de la sociedad.
El triunfo de Trump se debe a que logró establecerse como el eje en torno al cual giraban todos los mensajes de campaña, todos hablaban de él, a favor o en contra. Mucho se escribirá sobre las estrategias, los mensajes, la comunicación, etc. Mucho se dirá y analizará en las próximas semanas. Sin embargo, la victoria del magnate lleva implícito un “no” rotundo, un “ya basta” a la manera en que los mercados y el mundo nos estamos desenvolviendo y desarrollando.
Con esto no quiero decir que Donald Trump represente la alternativa y sea la respuesta para cambiar el modelo; por el contrario, estoy convencido que la desafección política continuará. No se trata de derecha o izquierda, de Hillary o Trump, sino del profundo rechazo y cansancio de los ciudadanos para con sus instituciones políticas, para con las élites y lo que estas representan. El mensaje es claro: “si estos que dicen saber, nos han llevado a esta profunda desesperanza, ¿que importa si le damos la posibilidad a otro?”.
En el transcurso de estas horas he leído análisis muy interesantes, profundas críticas de ciudadanos decepcionados con el resultado, preocupación y enojo de otros tantos que afirman que, al no elegir a Hillary, el mundo ha dado pasos para atrás. Yo no quisiera entrar en ese debate; simplemente pretendo reflexionar acerca de lo que cada uno de nosotros esta haciendo para abonar o no, a este clima de decepción y hartazgo. Desafección política le llaman los estudiosos del tema.
Aquellos que por vocación ejercen la política, y en mi caso la comunicación, debemos, de manera urgente, hacer un profundo análisis de conciencia y responder: ¿qué estamos haciendo mal? ¿Por qué movimientos populistas o de ruptura encuentran eco en la sociedad y la gente les apoya? ¿Será que acaso hemos caído en el mismo juego mercantilista de la política y a todo le ponemos un precio? ¿No hay una cierta obsesión por números, datos, niveles de aprobación y popularidad? Quizás nos hemos olvidado de ver y escuchar al ciudadano de a pie. Al parecer seguimos pensando en la oferta y no nos hemos dado cuenta de que lo que hoy cuenta es la demanda.
No ganó Trump, triunfó el NO a la manera en que políticos, gobernantes, medios de comunicación, agentes económicos y financieros, entre otros, se están conduciendo. El verdadero ganador es el NO al modelo de desarrollo mundial. Mientras continuemos dándole tanto valor al mercado, deshumanizándonos y destrozándonos entre todos, anulando al contrincante o a quien disienta; las cosas no van a cambiar. Los resultados son un llamado urgente al cambio, empezando por uno mismo.
@idavilam