Mucho se ha discutido en la actualidad en torno a la responsabilidad que tienen las generaciones actuales con la naturaleza para que las futuras puedan disfrutar de ella. Diversos son los esfuerzos encaminados a lograr ese objetivo, los profesionales de las ciencias económicas a través de la aplicación de métodos o técnicas de valoración económica ambiental han contribuido a la búsqueda de una sustentabilidad del stock de recursos naturales renovables y no renovables.
La conciencia de la población a nivel mundial sobre el deterioro de los recursos naturales, dígase bosques, biodiversidad, comunidades, suelos, agua, entre otros, ha ido en aumento durante la última década. Muy probablemente, esta mayor conciencia se deba a que dicho deterioro afecta cada vez más el bienestar de los habitantes de las diferentes regiones.
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El crecimiento de la población, el crecimiento económico y la necesidad de mejorar la calidad de vida, están poniendo una presión adicional sobre los debilitados inventarios de recursos naturales y amenidades ambientales. El establecimiento de un nexo entre la escasez y el precio de un recurso es sumamente crítico para buscar nuevas opciones que mejoren el manejo de los recursos naturales y encaminarnos al desarrollo sostenible; recientemente, se está llegando a un consenso generalizado sobre la necesidad de una amplia participación ciudadana para resolver los problemas ambientales. Sin embargo, sin una participación decidida de las comunidades rurales y las poblaciones urbanas en acciones comunes será difícil iniciar procesos de desarrollo sostenible.
La consideración de los problemas ambientales ha cambiado mucho en estos años, lo que ha mediado del siglo pasado ofrecía poca preocupación es hoy un debate sobre el futuro de la humanidad. Toda la problemática ambiental gira en torno a la relación que existe entre la finitud de los recursos ambientales y al uso que se hace en la utilización de esos recursos, generando grandes desequilibrios económicos y sociales, que ponen en entredicho la misma sobrevivencia de las sociedades humanas.
El desarrollo sostenible no es una idea nueva. Muchas culturas a través de la historia humana han reconocido la necesidad de armonía entre la naturaleza, la sociedad y la economía. Lo que es nuevo es la articulación de estas ideas en el contexto de una sociedad global industrial y de información.
El progreso de los conceptos de desarrollo sostenible ha sido rápido desde la década de los 80; desde el año 1987 en que se publicó el Informe Nuestro Futuro Común más conocido como Informe Brundtland en el que se define por primera vez el Desarrollo sostenible como el que responde a las necesidades del presente sin comprometer la capacidad de las generaciones futuras para responder a las suyas propias.
Fue en la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo, donde se consolidó el concepto de Desarrollo Sostenible al identificarlo como un proceso de cambio progresivo que coloca al ser humano como centro y sujeto primordial del desarrollo, por medio del crecimiento económico con equidad social y la transformación de los métodos de producción y de los patrones de consumo sustentado en el equilibrio ecológico.
Esto conlleva al fortalecimiento y la plena participación ciudadana en convivencia pacífica y en armonía con la naturaleza, sin comprometer y garantizando la calidad de vida de las generaciones futuras, contemplando una gestión global de los recursos con el fin de asegurar su durabilidad, permitiendo conservar nuestro capital natural y cultural, enfocándose hacia la mejora de la calidad de vida de todos los ciudadanos de la Tierra, sin aumentar el uso de recursos naturales más allá de la capacidad del ambiente de proporcionarlos indefinidamente.
[El autor es licenciado en administración de empresas y especialista en administración pública y planeación estratégica]