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OPINIÓN

El EZLN y las elecciones de 2018

EZNL y CNI, candidatura independiente para 2018. Reivindicaciones indígenas y sociales.

Oscar Barrera Sánchez

Doctor en Ciencias Sociales y Políticas por la UIA. Comunicador y filósofo por la UNAM y teólogo por la UCLG.

Jueves, Octubre 20, 2016

Con alusión al tercer verso del coro del Himno Nacional: “Que retiemble en sus centros la tierra”, el Ejército Zapatista de Liberación Nacional, el EZLN, vuelve a cimbrar el escenario político de la derecha y de la insípida izquierda institucional mexicanas, quienes se encaminan rumbo a las elecciones presidenciales de 2018. El comunicado emitido el viernes 14 de octubre, por el Congreso Nacional Indígena y el EZLN, ponen ante la pared, con su propia estructura, la lógica del sistema de partidos y candidaturas independientes, además de mostrar el hartazgo ante la corrupción de todas las fracciones políticas de representación en México.

Convocados por la conmemoración del vigésimo aniversario del Congreso Nacional Indígena (CNI) y con la ratificación de la resistencia contra la rapacidad del capitalismo neoliberal mostrada en la amenaza contra los pueblos indígenas, campesinos y citadinos que padecen asesinatos, despojos, contaminación, enfermedad, esclavitud, secuestro o desaparición forzada, el EZ se declara en asamblea permanente y consultará en cada una de las geografías, territorios y rumbos el acuerdo del Quinto Congreso Nacional Indígena para nombrar un concejo indígena de gobierno cuya palabra sea materializada por una mujer indígena, delegada del CNI como candidata independiente que contienda a nombre del Congreso Nacional Indígena y el Ejército Zapatista de Liberación Nacional en el proceso electoral del año 2018 para la presidencia de este país.

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La posible candidata de la derecha panista, Margarita Zavala o, el ahora destapado, Ricardo Anaya, así como quien resulte victorioso en la disputa neoliberal priista y el candidato histórico de la supuesta izquierda, Andrés Manuel López Obrador, ya tienen una contrincante en puerta, o al menos el susto y el miedo de tenerla. La fórmula de las candidaturas independientes adquiere un sentido que hacía falta a la política: la resistencia y la rebeldía desde abajo y a la izquierda.

A diferencia de la simulación de candidatura independiente neoleonesa, con el actual gobernador de esa entidad, el priista Jaime Rodríguez Calderón, El Bronco, la posible candidatura de una contendiente zapatista daría un sentido diferencial a la contienda electoral. Sin embargo, las reacciones de los núcleos más radicales de la izquierda en el país discuten la pertinencia histórica de que el EZLN legitime las instituciones y mecanismos de la democracia burguesa mexicana. Como quiera entenderse, el comunicado zapatista coloca un escenario político difícil para los sistemas partidario y electoral mexicano rumbo a 2018.

De esta manera, la apuesta del panismo por el voto de las mujeres en solidaridad con una candidata se topará contra una delegada zapatista más cercana a las necesidades y el dolor sentidos por mujeres y hombres abandonados a la suerte neoliberal de pobreza, desigualdad e injusticia. El voto masculino enfrentaría a una oposición no sólo de partido, sino de deudas históricas con las mujeres. Ellas, las mujeres indígenas, las más pobres, las olvidadas darían un ejemplo de la dignidad rebelde en el escenario patriarcal, de la blanquitud capitalista neoliberal mexicana.

Asimismo, los priistas, que no han hecho otra cosa en estos cuatro años de su retorno al poder que vender el país, asesinar, reprimir, torturar y desaparecer a quien se opone a su estrategia de gobierno de terror y muerte, enfrentarían al espectro de los sin rostro, aquellos que los enfrentaron en 1994, cuando la esperanza cubierta en pasamontañas y escondida en la selva, se mostraba en las calles de México y el mundo, en las caras cotidianas de quien camina sin efigie, deambulantes por la vida de la miseria humana capitalista a la mexicana.

Igualmente, la izquierda, la misma que ha jugado con sus bases políticas, en la figura del Partido de la Revolución Democrática (PRD) o en el Movimiento Regeneración Nacional (Morena), ahora no podrían capitalizar o usufructuar el dolor de un pueblo, sino contenderían con el dolor mismo de una nación, mismo que ellos han visto como un negocio.

Bien afirman el Congreso Nacional Indígena y el Ejército Zapatista de Liberación Nacional: “Ratificamos que nuestra lucha no es por el poder, no lo buscamos; sino que llamaremos a los pueblos originarios y a la sociedad civil a organizarnos para detener esta destrucción, fortalecernos en nuestras resistencias y rebeldías, es decir en la defensa de la vida de cada persona, cada familia, colectivo, comunidad o barrio. De construir la paz y la justicia rehilándonos desde abajo, desde donde somos lo que somos. Es el tiempo de la dignidad rebelde, de construir una nueva nación por y para todas y todos, de fortalecer el poder de abajo y a la izquierda anticapitalista, de que paguen los culpables por el dolor de los pueblos de este México multicolor.”

Tan sólo con pensar la participación de los de abajo, los reales (no los actores de los ridículos bailes de la publicidad ochentera de la Secretaría de Desarrollo Social), mostrándose, materializándose, tomando volumen, hacen que retiemble en sus centros, no sabemos si la tierra, pero al menos sí el poder y quien se alía a él, mismo que se ha apoderado de ella, de esa tierra, y que la ha vendido, la ha ultrajado, y a ella con todos nosotros.

 

Picaporte

Tras la petición de su licencia como gobernador de Veracruz, Javier Duarte anunció su huida y, tanto la presidencia de la república como la Procuraduría General de la República, las instituciones gubernamentales veracruzanas, la dirigencia del Partido Revolucionario Institucional (Enrique Ochoa pide cuentas a los demás y no puede darlas sobre sus correligionarios), lo sabían, pero no sólo tenían conocimiento de ello, sino que lo ayudaron a escapar. Javier Duarte, presunto defraudador, asesino de periodistas, corrupto, protector de jóvenes violadores, autoritario, estuvo en las manos de la “justicia” y, simplemente, permitieron que se fugara. ¿Ese era el gobernante que tenía las manos limpias (cuantas veces hemos escuchado eso en México)? ¿él era el gobernante que “la verdad lo haría libre”? No, no fue la verdad, sino su red de amigos corruptos quien ha permitido que huya como un vil y vulgar ladrón.

Esperemos que no ocurran nuevas huidas con otros gobernadores, de los que se presumen andan en los mismos pasos que Duarte. Ilusiones tropicales, como pensar en que el puerco jarocho no haya salido del puerto jarocho, como él mencionó, para hacer frente a la justicia. Una más en México.

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