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OPINIÓN

¿Con melón o con sandía? ¿Ahí el dilema?

Face book, decisiones sin decisión. Algunos casos. Fullat, Lonergan, criterios.

José Guadalupe Sánchez Aviña

Doctor en Educación, Sistema Universitario Jesuita ademas de ser maestro en Investigación Educativa por la Ibero Puebla realizó su licenciatura en Sociología por la UNAM . Actualmente es Académico de Ibero Puebla

Martes, Septiembre 27, 2016

Sobre el Facebook como de otras redes sociales, se pueden decir muchas cosas, ya sea a favor o en contra; tal vez llevado por mi inquietud de sociólogo, me resulta interesante incursionar constantemente en éste, pues me da pistas del cómo andamos socialmente; por supuesto que no es fuente suficiente ni de explicación ni de comprensión de lo social, pero da pistas que hacen pensar; particularmente, algo que llama poderosamente mi atención es el cómo las personas van adoptando causas o posturas colectivas y las exponen como si fueran ciertas, y lo que es peor, como si fueran auténticamente suyas.

 

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Al ritmo de las modas, una persona puede transitar de una postura a otra aunque sean contradictorias e irreconciliables; sobre estas movedizas bases, se dan a la tarea de compartir imágenes, slogans, textos, afirmaciones, sentencias y descalificaciones, desde una postura de aparente certeza que le brinda su posición que por supuesto consideran la acertada y que le autoriza a descalificar a los de los otros quienes de seguro son ignorantes, inconscientes… borregos. Vaya soberbia, dicho sea de paso.

 

¿Ir o no al zócalo este 15 de septiembre? Sirve como ejemplo reciente de lo dicho. ¿Es diferente quien asistió a quien no lo hizo? Más allá de la presencia o ausencia física en algún sitio público de celebración cívica, está en el fondo un cuestionamiento revelador: ¿Por qué asistió y/o por qué no asistió? En esto radica la respuesta del sí o no.

 

En la sociedad de la apariencia, de los hechos y de lo fáctico, es normal que se emitan juicios a partir sólo de la superficie de los hechos, dejando de lado cuestionamientos fundamentales que nos permitirían comprender las diversas realidades que se nos presentan. Si profundizáramos en nuestra reflexión, estaríamos en la posibilidad de aclarar la fuente de lo que damos por hecho y que de común denominamos: “nuestras decisiones”.

 

Vamos por partes, para la persona que asistió la pregunta es: ¿Por qué asistió? Para quien no lo hizo, la pregunta es: ¿Por qué no asistió? Para ambos casos la cuestión es identificar si fue una decisión autentica o simplemente fue componente de una corriente. En la misma situación se encuentra quien asistió como el que no lo hizo, cuando la fuente de la respuesta no les pertenece ¡no decidieron! Simplemente son comparsas de quienes ya decidieron por ellos.

 

¿Voy o no voy? ¿Lo hago o no? ¿Acepto o rechazo? La respuesta en este sentido es intrascendente pues lo que importa conocer es lo que está en el fondo de la acción, las razones, los motivos, lo que mueve la acción. En otras palabras, la decisión debe estar fundada en un juicio de valor que a su vez deberá estar fundado en un juicio de razón; si no es así, entonces no existe la toma de decisión, sino simplemente el acatar decisiones de otros. Justamente la toma de decisiones es lo que a decir de autores como Fullat, Lonergan y otros, nos permitirá alejarnos del estado de la bestia, nos permitirá construirnos como personas humanas, nos hace libres.

 

Entonces: ¿Es diferente quien asistió de quien no lo hizo? No, si medió un proceso de toma de decisión que le permitió tomar postura ante un hecho; No, si no existió este proceso de toma de decisión, ambos se encuentran siguiendo pautas que no le pertenecen pero les aporta “certeza de pertenencia” pero que evidencia la ausencia del ejercicio individual de libertad al que está llamado como ser humano. No sobra recordar, que cuando digo proceso de decisión, me refiero a la necesidad de atender nuestro entorno, colectando la información suficiente y pertinente para poder realizar los análisis que servirán de fundamento a nuestras valoraciones, para posteriormente tomar decisiones auténticamente nuestras.

 

Acepto que me ocupo, en este texto, de comentar lo que sucede en un contexto en donde no se trata de establecer diálogos científicos ni especializados, que es un espacio en donde se encuentra la gente y que lo utilizan básicamente como entretenimiento, sin embargo, no puedo dejar de concebirlo como un espacio en donde se evidencian los procesos educativos que a final de cuentas nos van conformando como sociedad.

 

 

[El autor es profesor de la Universidad Iberoamericana Puebla.

Este texto se encuentra en: http://circulodeescritores.blogspot.com

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