Las redes sociales han logrado transmitir en tiempo real diferentes hechos pero lo sucedido la semana pasada en Mazatlán, Sinaloa, revive los cuestionamientos sobre si grabar y reproducir una muerte provocada es oportuno o inmoral.
Si el video es dramático imagino que presenciar el lanzamiento de un hombre al vacío debe ser estrujante; aún así las cámaras de los teléfonos celulares grabaron el salto desde lo más alto de una torre de energía eléctrica en aquella ciudad.
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Los elementos de rescate y bomberos no lograron impedir la intención de Oscar N, de acabar con su vida al sentirse arrepentido de haber expulsado a su sobrino de la casa sin consentimiento de su hermana, lo que provocó que el menor de edad quedara bajo custodia del DIF (según las reseñas periodísticas).
Los últimos instantes de Oscar fueron trasmitidos por Facebook Live y sumaron más de un millón y medio de reproducciones. Según he leído, los testigos le gritaban que no saltara pero entre este grupo de curiosos hubo quienes con pulso firme grabaron el momento decisivo.
¿Es sangre fría grabar un suicidio y compartirlo en redes sociales? ¿Cuál es el propósito de plasmarlo en internet? ¿Qué efecto genera en el público un video real de esta magnitud, principalmente en adolescentes y jóvenes? ¿Ver la muerte de Oscar nos hizo más conscientes de la vida, alimentó el morbo, despertó lástima o causó indiferencia?
El Centro de Investigación en Sistemas de Salud revela que los hombres se suicidan cinco veces más que las mujeres. El suicidio en los jóvenes de 15 a 19 años de edad es la tercera causa de muerte en el país, sólo después de los accidentes de tránsito y homicidios por violencia intrafamiliar.
El suicidio es multifactorial pero está muy relacionado con la depresión, frustración, consumo de drogas o alcohol. Invariablemente quienes intentan suicidarse o consiguen hacerlo sintieron que es mejor estar muerto que vivo.
Nunca he creído que el suicidio sea "la puerta fácil", por el contrario, hay que tener mucho valor para pensarlo y concretarlo. Por eso es importante permanecer atentos a las conductas atípicas de nuestros seres queridos -que según los expertos- son las señales de que algo anda mal y necesitan ayuda profesional.
Lamentablemente Oscar se convirtió en una estadística más de los suicidios que contabiliza la Secretaría de Salud de Sinaloa - con 391 casos en los últimos 6 años-. Su hermana fue uno de los testigos de ese 22 de septiembre y ni siquiera ella pudo detenerlo, sin duda uno de los recuerdos más traumáticos de su vida.
Si un suicidio convencional estigmatiza a la familia, una grabación reproducida tantas veces en la red y retransmitida en televisión se vuelve escarnio público. La muerte de Oscar ya forma parte de los registros de Google.
Las redes sociales nos han llevado al extremo. Parece que nada nos quita el sueño, ni el video de Oscar, ni un tiroteo, ni un coche bomba o un alcalde asesinado. Hemos perdido la capacidad de asombro y no hay regreso.
Mi cuenta en Twitter @estradapaty