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Jueves, 14 De Mayo De 2026 | Puebla

OPINIÓN

Debates y rendición de cuentas

El debate por la presidencia en EUA. Enseñaría mucho ese modelo al debate político en México.

Xavier Gutiérrez

Reportero y director de medios impresos, conductor en radio y televisión. Articulista, columnista, comentarista y caricaturista. Desempeñó cargos públicos en áreas de comunicación. Autor del libro “Ideas Para la Vida”. Conduce el programa “Te lo Digo Juan…Para que lo Escuches Pedro”.

Domingo, Septiembre 25, 2016

Este  lunes el debate  entre los candidatos Clinton y Trump  será el gran tema mediático de la semana. Se trata de una herramienta ejemplar de la vida democrática de los Estados Unidos, que mucho debiera imitarse en México. Y debería tomarse como buen punto de referencia sin fruncir el ceño ni encoger los hombros.

¿Por qué hay que temer a lo exitoso que funciona en otras partes? Frente a un ejercicio así, quedan en evidencia varias de las formas de hacer política a la mexicana. Aquí las normas y rituales políticos están en permanente reforma y siempre terminan por dar la espalda a las elementales aspiraciones de la gente.

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 Los partidos se apoderan de los quehaceres ciudadanos y los contaminan, por decir lo menos. Por lo común los maniatan y los ponen al  servicio de sus intereses, que no son los de la ciudadanía.

Hemos visto en México prácticas que van de uno a otro extremo en esto de cotejar opiniones o de rendir cuentas a la ciudadanía. Son escasas las ocasiones en que hemos visto enfrentamientos de candidatos con un alto grado de responsabilidad, carga informativa aceptable y comportamiento de caballeros.

Y las muestras más pobres, improvisadas o corrientes, han sido un retrato fiel de la clase política que mantiene el poder. Han desfilado candidatos presidenciales, o a las gubernaturas, caracterizados por una imagen acartonada, sujeta a clichés, huérfanos de información y con una retórica muy inferior a la de un joven preparatoriano.

Casos ha habido también, en los que la carga de adjetivos o el lenguaje bajuno utilizado para dañar al rival, termina por descalificar de peor  manera a quien recurre a estas formas vulgares y elementales.  El debate o la comparecencia de los hombres públicos ante la sociedad, utilizando los medios, hoy en día no es un privilegio, es una responsabilidad para quien gobierna o aspira a hacerlo. Y es también un requisito.

Quien no se prepara en este campo está  actuando de espaldas a la realidad. Está  en otro mundo.

Incursionar en este campo no es un asunto para improvisados. Es una prueba de fuego en la que se consolidan triunfos o se derrumban candidaturas. La televisión, aquí sí, es un maravilloso escaparate que convierte en sinodal a la sociedad y coloca en el banquillo a los hombres que se mueven en el  teatro de la política.

Y aquí  si no cabe manipuleo ni engaño. La gente, ese monstruo de mil  cabezas –millones en este caso-,  tiene bajo un férreo escrutinio a candidatos y gobernantes y los enjuicia sin derecho a apelación. Sobre todo en los casos donde el debate se da entre dos o más contrincantes. Eso mismo, la pluralidad de actores, los coloca en la oportunidad de sublimarse o derrapar terriblemente con riesgo de hundirse en el fracaso.

Los debates son diálogos donde aflora lo mejor del personaje en todos los aspectos. Como bajo una lupa, vemos  su preparación, seguridad, aplomo al exponer sus ideas o defender sus posturas, su  manejo de información y control de emociones.

Ahí el individuo queda literalmente desnudo ante la opinión pública. Esta es la gran bondad de la televisión. El debate entre dos o más es el gran diálogo por excelencia.

Lo contrario es el monólogo con medios cautivos o públicos controlados.  Estos son  rituales con tufo  imperial y decadentes.

Una muestra la vimos con motivo del reciente informe presidencial. El presidente Peña Nieto, obediente de sus asesores, quiso innovar y en lugar del gastado mensaje unipersonal intentó  una especie de encuentro con jóvenes estudiantes.

El remedio fue peor que la enfermedad, ya de suyo grave.

El experimento pasó con bastante pena y ausente de gloria. La sociedad mexicana tiene hoy otras características y no mordió el anzuelo. El estilo del pescador de incautos fue como de hace treinta años y casi nadie lo vio. Y quien lo hizo terminó mofándose o reprobando el método. O ambas cosas.

Políticos jóvenes con ideas viejas.

Lo que ocurre en el país vecino en esta materia, sin duda dejará efectos positivos en las anquilosadas formas de hacer política a la mexicana.

Veremos pues el debate entre los candidatos estadunidenses y ya lo  habremos de comentar.

xgt49@yahoo.com.mx 

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