En el barrunto económico en que nos encontramos, una muy buena noticia es el inicio de operaciones para finales de este mes, de la línea de producción de la planta armadora de la camioneta Q5 de Audi. La fabricación de dicho modelo culmina una primera etapa de inversión del consorcio automotriz alemán.
La planta en San José Chiapa es inmejorable evidencia del papel estratégico que juegan las regiones en la disputa por el mercado mundial, dinámica mejor conocida como globalización. El proyecto muestra que la expansión de los consorcios transnacionales está sustentada en la mayor cantidad posible de información y análisis de lo local. Si bien el mercado automotriz, su comportamiento y tendencias son significativos, lo son más los resultados de las investigaciones contextuales que dan a conocer qué tan buenas puedan ser las condiciones de desarrollo del producto.
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Es de primer orden, para mantener vitalidad en la feroz competencia por el consumidor, garantizar calidad, la cual se logra, en principio, sólo si los procesos productivos ocurren en contextos socioeconómicos y naturales óptimos para el trabajador.
La instalación de la planta armadora fue producto de una decisión sustentada en amplios y detallados estudios de factibilidad y riesgos de naturaleza económicos, sociales, políticos, jurídicos e incluso antropológicos. El carácter de largo plazo de la inversión, su impacto en múltiples dimensiones para la parte central del país y el mercado hacia donde se dirige el producto obligan a ello.
El efecto de la fábrica de Audi no hay que encontrarlo sólo en los miles de empleos directos e indirectos, que a su vez ya generan en cascada satisfactores económicos para un importante segmento social, sino en las implicaciones múltiples que tiene el modelo de producción implementado a partir del concepto de clúster industrial.
En principio hay una reconfiguración del espacio territorial. Audi no es el municipio donde se asentó la planta, tampoco es el estado de Puebla o Tlaxcala, es el nacimiento de una territorialidad que tiene como plataforma una nueva región industrial cuyo centro de gravedad gira alrededor de una fábrica automotriz.
En muy corto tiempo se construyó una nueva territorialidad, un nuevo espacio en México. El modelo territorial del Clúster Audi está compuesto por la fábrica, los proveedores, es decir más fábricas, un subsistema educativo especializado en investigación para generar conocimiento y tecnología aplicada, a la industria automotriz y la Ciudad Audi, que a su vez requerirá del desarrollo de un segmento laboral de bienes y servicios. En dicho espacio todos forman parte, se mueven, se encuentran condicionados por las perspectivas de calidad, factible si sus componentes funcionan con calidad. No es un pleonasmo. El modelo de clúster reconoce como condición de su funcionamiento la mejora de vida de todo el personal, efecto de entornos naturales sanos, buenas condiciones de conectividad, infraestructura educativa asociada a una dinámica cultural amplia, que sea capaz de romper lo que significa el “homus automotriz”
El concepto de calidad del modelo clúster está pensado desde la perspectiva de confluencia de fines real y simbólicamente entre capital y trabajo. No quiere decir que realmente ocurra, lo importante es que se piense que así es y para ello el trabajador, en principio, debe vivir en las mejores condiciones posibles.
El Clúster Audi no tiene semejanza con el diseño –hoy anticuado- de las zonas industriales, espacios de la empresa mexicana del siglo pasado y que terminaron por confinar una industria nacional que nunca terminó por dar el salto hacia la competitividad a la que obligó la globalización.
A diferencia de los anaqueles en que se convirtieron los cascos urbanos de la industria textil, que tanto brillo dio a Puebla desde el siglo XVII hasta bien entrado el XX, la fábrica automotriz está diseñada para funcionar desde el modelo de nodos de producción. Para la industria automotriz la competencia es una categoría sustentada en variables múltiples y se consigue sólo si las líneas de producción, son derivadas de la confluencia de la investigación, generación y aplicación de conocimiento para la resolución de problemas, de maximización del capital. La investigación y su aplicación se convierten en componente sustantivo.
La ciudad Audi es la nueva región, un nuevo territorio, un nuevo espacio social creado aceleradamente; totalmente artificial. La convivencia social se deriva de la fábrica. Es un nuevo entorno de territorialidad que salta vertiginosamente etapas. Su punto de partida es cero. Antes de Audi sólo existe el municipio de San José Chiapa, con dinámicas sociales de corte rural, las cuales al momento de anunciar el proyecto fueron borradas.
Ese espacio es inverso al proceso de instalación de la planta Volkswagen. Esta última no alcanzó a modificar la condición rural de las zonas rurales adyacentes al municipio de Puebla. Creo, eso sí, una denominada “nueva ruralidad”, que embonó muy bien con la dinámica social, económica y de servicios de la ciudad de Puebla y municipios circunvecinos. Su impacto no alteró los procesos culturales de la comunidad. Tampoco tuvo repercusiones inmediatas y directas en la educación superior. Sólo una que otra ingeniería automotriz. A Volkswagen le bastó su escuela de capacitación.
El nuevo complejo industrial en mucho rebasó la noción del municipio. El congreso poblano aprobó reformas cobijadoras. De inmediato las Instituciones de Educación Superior se engancharon al proyecto y surgió el primer clúster del país.
Su puesta en marcha supone para la sociedad, especialmente la poblana, repensar retos de convivencia de largo plazo. ¿Por qué Audi sí puede ser sustentable y la zona metropolitana de Puebla no? ¿Es ya inviable nuestro entorno ecológico con respecto al modelo de desarrollo de la nueva región del país?
La naturaleza del proyecto y las consecuencias de dicha inversión empezarán a observarse en el corto plazo. Hay cuestiones relevantes, como el diseño urbano y de cuidado de lo que se anuncia como una nueva megalópolis. Hay también indefiniciones jurídicas respecto.
No está muy claro cuál es el rango de la nueva región que comprende jurídicamente, territorios de Puebla y Tlaxcala. Tampoco hay certeza si el modelo de sustentabilidad será reproducido por las proveedoras de Audi o bien si éstas, con el fin de abaratar costos pasaran por alto dichos criterios.
Está pendiente también la pregunta si la nueva región puede ser capaz de influir en la reflexión sobre el actual federalismo mexicano o bien si éste se encuentra ante retos del mundo contemporáneo que obligarán a pensarlo en claves distintas a la historia mexicana.
No dimensionamos aún el impacto múltiple de Audi, lo que sí es claro es que nos encontramos ante el surgimiento de un proceso social territorial no visto en el historia del país.