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OPINIÓN

Romano Guardini, ¿a los altares?

El Meeting de Rímini. A los altares Romano Guardini. Teólogo de influencia en Benedicto y Francisco

Fidencio Aguilar Víquez

Es Doctor en Filosofía por la Universidad Panamericana. Autor de numerosos artículos especializados y periodísticos, así como de varios libros. Actualmente colabora en el Centro de Investigación Social Avanzada (CISAV).

Lunes, Agosto 22, 2016

De padres italianos pero de cultura alemana, el sacerdote y profesor amaba el estudio y a los jóvenes.

Su cátedra sobre filosofía de la religión se extendió a las universidades de Berlín, Tubinga y Munich.

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Entre sus discípulos e influencias se encuentran: Joseph Pieper, el filósofo que llegó a las aulas de la UPAEP, Luigi Giussani, el fundador de Comunión y liberación, y los papas Benedicto XVI y Francisco.

Estos días, en Rímini, Italia, se lleva a cabo (del 19 al 25 de agosto) el “Meeting para la amistad entre los pueblos”, que organiza cada año el movimiento Comunión y liberación. Es uno de los eventos culturales más relevantes del movimiento católico y toca los temas de interés contemporáneo. Dos de los pensadores más importantes del siglo XX en el mundo católico serán estudiados: Luigi Giussani y Romano Guardini, ambos siervos de Dios, es decir, el primer paso del camino hacia los altares. El propio papa Bergoglio ha enviado un mensaje a los concurrentes diciéndoles que “jamás hay que cansarse de testimoniar el diálogo”.

Romano Guardini llegó a mis manos no sé bien cómo, pero su libro Preocupación por el hombre pronto fue insumo para mis clases tanto en filosofía como en ciencias políticas de la UPAEP, y luego en las clases antropología en el posgrado. Su visión del mundo y del ser humano hizo que pronto mi sensibilidad girara en torno de esos dos horizontes, al grado que tomé esa referencia a mis primeros intentos en el mundo de la Internet: Mundo y persona, una pequeña página gratuita donde procuraba yo habilitar los diversos textos de alguna figura importante, de algunos amigos y los míos propios, una suerte de revista.

También me impresionó cómo Guardini abordaba el tema del poder. A diferencia de los estudiosos del poder desde la perspectiva política, su perspectiva iba más bien desde una visión antropológica, ontológica, técnica, científica, política y ética. El poder, entonces, lejos de esa concepción oscura con que suelen verlo los analistas políticos, parecía una suerte de expresión antropológica, algo incluso no sólo necesario sino bueno para los seres humanos.

Algo que me ilustró mucho fue que el poder también lo tienen, o lo pueden tener, los no poderosos, incluso los débiles y necesitados, los hombres sencillos y pacíficos. Ahí se encuentra el niño respecto a sus padres, más si aquél se encuentra enfermo o discapacitado, o que no pueda valerse por sí mismo: tiene el poder de cierta piedad que suscita. O el poder de hombres y mujeres pacíficos como san Francisco de Asís, o la madre Teresa, o Gandhi, o Nelson Mandela, esos seres humanos que con su ingenuidad y su no violencia, en el fondo su veracidad, su fuerza argumentativa sustentada en sus acciones, tienen un poder especial capaz de modificar el curso de las decisiones políticas y derrumbar imperios. Esto me llevó a traducir una pequeña obrita de este autor: “El fenómeno del poder”, que publicó la revista Razones el año pasado (el lector puede buscar en ISSUU el número 1).

Lo que quiero proponer ahora al lector o lectora es el siguiente texto:

En lo humano, las cuestiones técnicas o económicas no se pueden resolver sólo desde puntos de vista técnicos o económicos, pues fluyen por el conjunto de la existencia, y ahí se trata del hombre (…). Ante la mera eficacia, se ha perdido de vista a aquel que logra la eficacia.

“(…) Por todas partes se encuentra uno con lo superfluo, lo contradictorio, lo que no tiene sentido, lo dañoso; enteros dominios de la técnica y la economía sería mejor que no existieran en lo absoluto, o se han salido de toda proporción; los métodos de producir necesidades, mejor dicho, de crearlas por sugestión, toman a veces formas peligrosas; (…) procede de que falta la relación con lo humano (…)

“(…) la técnica desde el punto de vista ético y humano, está todavía en su fase de adolescencia. Es hora de que se haga mayor de edad, es decir, de que reconozca sus fundamentos humanos y asuma la responsabilidad por ellos.” (“El hombre incompleto y el poder” en Preocupación por el hombre, ed. Cristiandad, Madrid, 1965: 73-74).

Como se puede ver, es verdad que sin referentes éticos, es decir, aquello donde se plantea la licitud o legitimidad de las cosas –si guardan orden a la justicia, por ejemplo, o al ser, o a la dignidad- los grandes bienes pueden tornarse en grandes males. El poder por eso, sobre todo el poder de la técnica, mejor dicho, el poder que da la técnica a quienes la poseen, el poder que constantemente dice: esto, aquello y lo de más allá, lo puedo, ese poder siempre necesita enfrentarse y confrontarse a una pregunta: ¿Me es lícito hacerlo? Y esa pregunta rebasa las fronteras mismas del poder. Es una pregunta ética. La pregunta, por tanto, ya no es: ¿puedo? ¿Puedo esto o aquello? Sino esta otra: ¿Me está permitido? ¿Corresponde a la justicia, a la dignidad de las personas, al espíritu de las leyes? Desde luego es una pregunta incómoda, pero necesaria, sobre todo en los asuntos públicos. Si estas preguntas se las hicieran quienes toman decisiones que afectan a los demás, a nivel federal, a nivel local, municipal, ¿se imagina, amable lector, lectora, lo que pasaría? Cuando menos habría una conciencia crítica y moral del poder que tanto necesita el país, el estado y el municipio. Mejor dicho, que tanto necesitamos como sociedad.

Esa es la nueva filosofía política que nos haría falta. Romano Guardini, ahora camino a los altares, sin duda puede obrar –si se lo pedimos- un milagro. Aunque él mismo nos diría que leyéramos su obrita La conoscenza (La conciencia). En ella, narra nuestro autor, el yo (puede ser cada uno de nosotros) le dice al bien: Quiero adherirme a ti, quiero realizarte. El bien nos responde: Ah, qué bien, qué bueno, adelante. El yo entonces le pregunta al bien: ¿Cómo? Y el bien, entonces, guarda silencio. Ese silencio del bien denota un primer principio: la ética no es un recetario. El bien, si hay que realizarlo supone iniciativa del yo, creatividad, imaginación, acción, amor. El amor es creativo, el amor tiene iniciativa, decían las abuelitas.

Preocupación por el hombre es un buen inicio para seguirle la pista a este siervo de Dios que, sin duda, pronto estará en los altares. Pero independientemente de ello, vale la pena seguir a este estudioso de la filosofía de la religión, teólogo importante del siglo XX, hombre que entendió lo que es la modernidad y lo que es el ser humano en medio de ella.

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