Logo e-consulta

Jueves, 14 De Mayo De 2026 | Puebla

OPINIÓN

Estudiar para dejar de estudiar

Los niños toman en serio el estudio cuando los adultos estudian

Francisco José Anaya Rodríguez

Máster en Filosofía. Profesor universitario. Analiza la realidad social y política desde las Humanidades y las Ciencias Sociales. Además de en e-consulta escribe para el portal USMEXCHINA.

Lunes, Agosto 22, 2016

Thomas More en su conocida obra Utopía escribió que los utópicos no buscan perlas, diamantes o piedras preciosas, pero si las encuentran las pulen y adornan con ellas a sus hijos. Éstos durante sus primeros años las portan con orgullo, pero « (…) a medida que van creciendo en edad, ven que sólo las llevan los niños y sin que sus padres les hagan advertencia alguna, las abandonan avergonzados». Podríamos preguntarnos, ¿en México cuáles son las “joyas” que los niños abandonan con tal de ser “adultos”?

No cabe duda que una de las joyas (ésta sí de verdad preciosa para la vida y no una simple perla o diamante para adornar el cuerpo) es el estudio. Precisamente una de las razones por las cuales los niños, adolecentes y jóvenes mexicanos no quieren estudiar o abandonan el estudio —acreditado o libre— se debe al hecho de que los adultos no solemos estudiar. La lógica de los niños es impecable. Ellos observan que el “mundo adulto” no se caracteriza por sus hábitos de estudio o de cultivo de las artes, sino por hábitos televisivos, alcohólicos, etc.; y actúan en consecuencia.

Más artículos del autor

Lo que con nuestras acciones y omisiones educativas les decimos a nuestros niños, adolecentes y jóvenes es, como ha señalado Gabriel Zaid: «estudia para dejar de estudiar»; para ingresar al mundo adulto donde nos dedicamos a lo realmente importante: trabajar, ganar dinero, gastarlo y seguir trabajando.

Incluso muchos de los profesores (en teoría mujeres y hombres dedicados no sólo a la docencia, sino a la búsqueda del conocimiento en alguna de las áreas del saber que cultivan), suelen concebir el conocimiento de manera utilitaria, y amenazan a los “malos estudiantes” con palabras semejantes a éstas: «estudia o te morirás de hambre», «estudia para ser alguien»,  «si no estudias te irá mal en la vida». Los jóvenes consideran que a los que les ha ido mal en la vida son a sus profesores: mal pagados y no valorados. Sólo el profesor que logra trasmitir a sus estudiantes la pasión por lo que estudia y enseña (dejando de lado su utilidad inmediata), las maravillas de los números y sus relaciones, la libertad humana en el tiempo, la interdependencia de todos los seres vivos, etc, logra objetar tal juicio.

Los niños y jóvenes (principalmente los “malos estudiantes”) se percatan pronto (comúnmente en secundaria o preparatoria) que en realidad muchas de los conocimientos y habilidades para desempeñar una profesión o emprender un negocio o  empresa, las han adquirido ya: leer, escribir, las cuatro reglas, etc. o, que sólo las adquirirán al comenzar a trabajar y emprender. Como decía Aristóteles «Lo que hay que hacer sabiendo, se aprende haciendo». Si para entonces no ha vuelto a despertar en ellos el anhelo por la verdad (ese que de pequeños se manifestaba en la pregunta «por qué», dejarán de estudiar o harán «como si» estudian, para obtener los títulos que les permitan comenzar a trabajar. No serán autodidactas, ni continuarán su formación por los recursos de la educación libre: libros, portales de internet, etc.

Que la mayoría de los adultos mexicanos no tengamos el hábito de leer o estudiar: matemáticas puras, musicología, filosofía, zoología, historia… y otras de las ciencias y artes que elevan el nivel cultural de un pueblo, nos indica que durante nuestra niñez, adolescencia y juventud, no interiorizamos la grandeza del saber en sí mismo, más allá de pretensiones utilitarias.

Una verdadera reforma educativa tendrá que ser forzosamente una reforma social (empezando por una autoreforma). Un cambio profundo en nuestra concepción del conocimiento, del estudio y de la educación en general: de sus fines y objetivos.

anayafranciscor@gmail.com

 Tomas Moro.: Utopia. Porrua, 1981. Pág. 51.

Vistas: 1332
AL MOMENTO
MÁS LEIDAS

Blogs