Sabemos que el mercado responde al qué y al cómo producir con racionalidad y eficiencia económica, pero no responde plenamente al para quién. En el mercado participa quien tiene ingresos, y tiene ingresos el que tiene empleo. Pero en un país en donde hay desempleo estructural, además de subempleo, el mercado no es eficiente para alcanzar la equidad distributiva.
En la globalización de la economía mundial, con economías abiertas y articuladas en bloques regionales, el mercado juega un papel fundamental en la asignación de recursos. Sin embargo, en una economía como la nuestra la disparidad estructural del aparato económico obliga a tomar en cuenta los límites y alcances del mercado.
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En México existen tres sectores económicos: el moderno, el tradicional y el de subsistencia; mientras el sector moderno es capaz de reaccionar positivamente a las diversas señales del mercado y competir con éxito en el nuevo sistema de economía global, el sector tradicional no tiene todos los instrumentos para enfrentar de manera positiva la competencia mundial, en específico las micro, pequeñas y medianas empresas. El sector de subsistencia, prácticamente marginado del mercado, está fundado en el autoconsumo y presenta un atraso de casi un siglo en materia de tecnología y desarrollo.
Para pasar a una economía abierta necesitamos un modelo que combine el funcionamiento del mercado con un modelo de desarrollo solidario que permita incorporar a los sectores atrasados o débiles a una economía de mercado.
Asimismo, requerimos un gobierno eficiente y moderno en su gestión administrativa, sin exceso de burocracia, que pueda impulsar el desarrollo y la equidad, un gobierno negociador en las relaciones económicas internacionales, promotor del desarrollo, regulador de los excesos e imperfecciones del mercado, solidario, que combata la pobreza y garantice la atención de las necesidades básicas de la población, que garantice la conducción del desarrollo económico y el control de las áreas estratégicas.
El modelo de desarrollo económico debe basarse en una estrategia de modernización integral de los sectores productivos y del desarrollo regional equilibrado, que impulse la infraestructura física, tecnológica y la formación del capital humano a través de la educación, que fomente la inversión privada para que sea el principal motor de la acumulación del capital y del crecimiento, que evite el deterioro y permita la reordenación de los recursos naturales y del medio ambiente.
La estabilidad macroeconómica y el crecimiento sostenido no son suficientes para garantizar la equidad distributiva y debe definirse y aplicarse una nueva política social que fomente la participación en las actividades productivas.
Requerimos nuevas políticas públicas solidarias con los grupos que no participan en el mercado, que con nuevos enfoques garanticen satisfacer las necesidades básicas de la mayoría de la población y asuman la responsabilidad de garantizar el acceso universal a la educación, alimentación, salud y vivienda, a través de programas de construcción y mejoramiento efectivo.