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OPINIÓN

Las Olimpiadas y los refugiados sirios en México

Los refugiados son personas con nombre y apellido. Podemos apoyarlos desde México

Francisco José Anaya Rodríguez

Máster en Filosofía. Profesor universitario. Analiza la realidad social y política desde las Humanidades y las Ciencias Sociales. Además de en e-consulta escribe para el portal USMEXCHINA.

Domingo, Agosto 7, 2016

Por primera vez en la historia hay una delegación de refugiados compitiendo en los Juegos Olímpicos: dos nadadores Sirios (viviendo en Bélgica y Alemania respectivamente), un maratonista Etíope (refugiado en Luxemburgo), dos  luchadores de judo congoleses  (residiendo en Brasil) y cinco corredores de Sudán del Sur (huidos a Kenia). Estos atletas dan rostro a los refugiados y desplazados del mundo, nos recuerdan que no son unos simples números.

Podemos preguntarnos, ante el creciente número de refugiados a escala global (decenas de millones), así como ante el recrudecimiento de la xenofobia en muchos países, los mexicanos, no sólo nuestros gobiernos, ¿nos hemos vuelto insensibles e indiferentes?

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Nuestro país tiene una buena historia de acogida a desplazados políticos y humanitarios. Durante el pasado siglo, al final de los años veinte, dimos asilo a personas provenientes de la recién fundada Unión Soviética. En 1937, a republicanos españoles que escapaban de la guerra civil. En 1954, a guatemaltecos aterrados por el golpe de estado al gobierno del presidente Árbenz Guzmán. Durante los años setenta, a miles de sudamericanos (argentinos, chilenos, etc.), forzados a buscar refugio huyendo de las dictaduras en sus países ―en aquella época los mismos gobernantes mexicanos que recibían con los brazos abiertos a los opositores de otros gobiernos, perseguían en México a los opositores de sus gobiernos. Y, durante el último cuarto de siglo, ante una complicada crisis humanitaria, México recibió en calidad de refugiados a decenas de miles de indígenas guatemaltecos.

 En varias ocasiones, los gobiernos en turno debieron afrontar muchas dificultades, y cometieron algunos errores. No obstante, al recibir a los desplazados nos beneficiamos cultural, económica, intelectual y artísticamente.

El presente es otra cosa. Basándonos en un informe estadístico de la Comisión Mexicana de Ayuda a Refugiados (COMAR), podemos afirmar que en los últimos tres años ha habido un incremento en el número de extranjeros que buscan refugio en nuestro país ―en su mayoría provienen de Honduras y el Salvador. Pero sólo se ha registrado un aumento del 6% en el porcentaje de reconocimientos de estatus de refugiados.

Según el informe citado, durante el 2013 se concluyó el procedimiento de 845 solicitudes de condición de refugiado. En 2014 el número aumentó a 1370, y, para el  2015 se fue a 2394 solicitudes concluidas. De dichas solicitudes, en 2013 se reconocieron 280. En el 2014 el número fue de 455, y, para el 2015 ascendió a 940 solicitudes aprobadas. Lo anterior significa que en los últimos tres años fueron concedidas menos del 40% de las solicitudes de refugio que llegaron al término del proceso: 33% en 2013, 33% en 2014 y 39% en 2015.

Respecto al conflicto sirio (Siria es desde hace un par de años uno de los países que genera más desplazados a nivel mundial), lo que revela el informe del (COMAR) es que en 2013 México reconoció a 11 refugiados de origen sirio, a cinco durante el 2014 y a la misma cantidad en el 2015. Se trata de pocas personas, considerando las magnitudes del conflicto y los números de sirios desplazados. 

El gobierno de la república ha optado por limitarse a enviar ayuda económica para los desplazados en los campos de refugiados. No obstante, según algunas declaraciones de la Secretaria de Relaciones Exteriores, ha considerado la posibilidad de acoger en calidad de refugiados a algunos sirios. Desconozco el número y no veo para cuándo.

Por otra parte, en éste, como en otros muchos temas, la mayoría de la sociedad civil se muestra indiferente. No obstante, ha habido algunas iniciativas a favor del refugio de sirios en tierras mexicanas. Por ejemplo, hace poco menos de un año por medio de change.org se lanzó una petición (surgida en mi opinión del sentimiento más que de la reflexión) para acoger a 10,000  desplazados de Siria. Al escuchar la propuesta, uno se pregunta, ¿cómo se determinó ese número? No he logrado encontrar nada que responda a dicha pregunta.

Ante los desplazados sirios o de cualquiera otro lugar en conflicto armado: Afganistán, Sudán del Sur, etcétera, la respuesta humanitaria no puede ser tan simplista como el grito de «acojamos a 10,000», pero tampoco debe ser tan poco creativa y comprometida como un desembolso de dos o tres millones de dólares a las organizaciones de la ONU.

 Afortunadamente, se han lanzado iniciativas mejor articuladas. Éstas  pretenden, como con la delegación de atletas en los juegos olímpicos, considerar al refugiado como lo que es, una persona con nombre y apellido. Entre ellas destaca el Proyecto Habesha.

El proyecto pretende traer a México a, por lo menos, 30 estudiantes sirios para que terminen sus estudios universitarios:

En septiembre del 2015 llegó Essa Hassan, el primer estudiante becado por Habesha. Él ya se encuentra realizando estudios en sociología. Hasta la fecha tres estudiantes más han llegado a nuestro país. Ésta es una iniciativa realizable desde la misma sociedad civil. Un ejemplo de gestión ciudadana al que vale la conocer y apoyar:

http://www.proyectohabesha.org/

El informe del COMAR puede ser consultado en: http://www.comar.gob.mx/es/COMAR/Estadisticas_COMAR

anayafranciscor@gmail.com

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