¿Quién tiene la razón?
Desde el año 2013 en México se inició un ambicioso proceso de transformación, donde se establecieron nuevas estructuras industriales en materia de petróleo, electricidad y gas natural.
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Donde pretendían introducir nuevos objetivos, tales como: promover al sector mexicano como motor de inversión y desarrollo; y así mejorar la economía de las familias (bajando los costos de los recibos luz y gas). Destacando el aumento de inversión y empleos. Esto se lograría a través del aumento de la producción de energía más limpia y de menor costo, el incremento de la renta petrolera, la generación de empleos bien remunerados y la protección del medio ambiente.
Del mismo modo se reforzaría a Pemex y a CFE (dándole mayor libertad a cada compañía en sus decisiones, afirmando que seguirían siendo empresas 100% de los mexicanos y 100% públicas). Posteriormente, fortaleciendo la rectoría del Estado como propietario del petróleo y gas; moderando la industria petrolera.
El presidente de la república hizo énfasis en que esta reforma abriría las puertas a la inversión privada en el sector energético en particular el petrolero. Expresando que esta reforma beneficiará a los hogares mexicanos y fortalecerá la soberanía nacional. Al tiempo que aseguró que, al ser implementada, permitirá elevar la productividad y competitividad de la economía mexicana.
También destacó desde que estaba en la campaña por la carrera presidencial que uno de los beneficios de la reforma energética sería que el precio de la luz, gasolina, entre otros insumos bajaría.
A continuación compartiré una tabla del periódico EL ECONOMISTA, cuya editorial especifica detalladamente el aumento de los precios de la gasolina.
Todo esto ha conllevado a un alto porcentaje de negación contra la reforma energética, es la reprobación de la baja popularidad del presidente Enrique Peña Nieto con un 56% en aumento. Según las encuestas nacional trimestral de El Universal y Buendía & Laredo.
Por citar otro dato, la consultora internacional Wood Mackenzie declara que la iniciativa ha fracasado debido a la falta de prevención: cómo atestiguar el aumento de la producción de gas natural y otros factores (el robo de energía o falta de pagos).
Dicho arriba podemos indagar que esto ha sido un intenso debate desde años atrás. Ya que de un lado están quienes afirman que esta reforma viene consigo con más corrupción y pérdida de soberanía. En discordancia, hay un porcentaje que sostienen que esta reforma permite tener un país más competitivo y próspero que afirmará las bases para una nueva etapa de desarrollo y bienestar en beneficio de las familias mexicanas. Así como también fortalecer nuestros recursos energéticos. Ahora les pregunto a ustedes, ¿quién tiene razón?