El Partido Acción Nacional fue el primero en lograr la alternancia en un Estado, Baja California, en 1989; y la del país con Vicente Fox.
Sin embargo, su segundo gobierno federal fue un desastre que, combinado con un candidato contrario, carismático como lo fue Enrique Peña Nieto, posibilitó el regreso del Partido Revolucionario Institucional (PRI).
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Con los triunfos obtenidos este año, el PAN se posiciona en las encuestas como la opción más viable para sustituir al PRI en Los Pinos, con nada menos que con Margarita Zavala, sí, la esposa de Felipe Calderón Hinojosa.
Esto combinado con que la izquierda solamente tiene un candidato fuerte, Andrés Manuel López Obrador y, aunque el PRI cuenta con múltiples candidatos, la baja calificación del presidente Peña y los malos resultados de gobierno, ha posibilitado el crecimiento de Acción Nacional.
En las pasadas elecciones, el panismo aprovechó el descontento social en los estados. Así ganó Aguascalientes, con Martín Orozco, Chihuahua, con Javier Corral, Durango, en alianza con el PRD, con el candidato José Rosas, en Puebla con José Antonio Gali, en Quintana Roo con la alianza PAN-PRD, con Carlos Manuel Joaquín González, Tamaulipas con Francisco Cabeza de Vaca y en Veracruz con Miguel Ángel Yunes en alianza con el perredismo.
Un acierto del AN fue elegir bien dónde iba en alianza y dónde no. Cuándo priorizar sus propios candidatos y cuándo ir con externos o de otro partido.
Un cálculo político frío basado en resultados. Muchos no lo vieron venir y pensaron que era suerte de capricho. Esto pasó en Chihuahua, Puebla y Aguascalientes.
A principio de mes, “El Universal” publicó una encuesta titulada “Reacomodo rumbo al 2018”. En ella nos queda claro que la mejor candidata del PAN sería Margarita Zavala; de las izquierdas Andrés Manuel López Obrador, mientras que por el PRI Miguel Ángel Osorio Chong.
Lo interesante es un pequeño detalle, que el PAN conoce desde hace mucho: sólo con panistas, Margarita Zavala tiene 46 por ciento y con independientes 32 por ciento. Pero si se hace la alianza con el PRD, entre panistas baja a 30 por ciento, mientras con los independientes apenas llega a 25 por ciento. Dicho claramente, la alianza al PAN le cuesta entre 7 y 15 puntos porcentuales.
Con otros candidatos del PAN la afectación es menor por una razón: no tienen posibilidades reales.
Tal es el caso de Rafael Moreno Valle, quien con panistas cuenta con 13 por ciento e independientes 9 por ciento. La alianza con el PRD lo deja en 11por ciento y 8 por ciento, respectivamente, lejos de Miguel Ángel Mancera del PRD, que ya es mucho decir.
Por su parte, el PRI recorrerá un viejo camino que le ha funcionado muy bien en otras elecciones: la alianza.
Es simple. Ellos saben que el nombre PRI ya no es garantía; por el contrario, en algunos casos le resta puntos.
El PRI seguirá haciendo campaña por personas y no por el partido, ocultará lo más posible sus logos y, en el mejor de los casos, bautizará el nombre de la alianza que lleve su candidato.
Quien realizó la encuesta, el despacho Buendía y Laredo, dice que el rechazo a los partidos es de 40 por ciento. Para el PRI, 11 por ciento, para el PAN 10 por ciento y para el PRD, en el caso de este último, sólo 4 por ciento se considera perredista; es decir, que tiene más rechazo que militancia.
La encuesta dice que si el PAN va en Alianza llega a 32 por ciento con la candidata Margarita Zavala. En términos prácticos no necesitan al PRD. Es más, si se alía con el perredismo pierde puntos. Por eso en Chihuahua, Puebla y Tamaulipas se fueron solos. Más vale solo que mal acompañado.
Al PRD le dejan pocas opciones: se alían con Andrés Manuel López Obrador o son una opción de izquierda responsable, viable y con propuestas, aunque sólo se queden con su voto duro, pero con identidad.
En ese escenario, dejar que “El Peje” compita y, ante la eventualidad (lejana) de que gane, haga un gobierno a su modo y que el perredismo sea una oposición responsable.
Si usted no está de acuerdo con lo aquí expresado puede hacer uso de su Derecho de Réplica.
@DelgadilloMejía