El efecto de las pasadas elecciones apenas comienza: renuncia el secretario de la Función Pública, cambios en el gabinete ampliado, nuevos delegados federales en los estados, relevo en dos presidencias de partido, una ley aprobada al vapor (la de Transparencia) y muchos ajustes de cuentas.
Dicen los amigos de Parametría que el gran tema en los pasados comicios fue la corrupción, por esta razón, al día siguiente de la elección salió un ya viejo y decadente Francisco Labastida Ochoa a decir que “la propuesta de matrimonios gay es la causa de la derrota del PRI”. Fue un intento desesperado por desviar la atención.
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No faltaron algunas feministas que aprovecharon para acusar a la Iglesia (con razón) de hacer campaña contra las bodas gay. También vimos al PRD pedir al secretario de Gobernación que interviniera ante las iglesias. Los noticieros hicieron eco de las declaraciones, algunos periódicos también dieron seguimiento a la nota. El objetivo se había cumplido: desviar la atención.
Mientras tanto, el presidente Peña Nieto trabajaba el mismo lunes después de la elección. Se reunió con el Consejo Coordinador Empresarial y se comprometió a sacar la Ley Tres de Tres.
Así, mandó la línea al Congreso, el que inmediatamente convocó a periodo extraordinario; sin embargo, algunos no entendieron la instrucción del Presidente.
De ese modo fue como senadores del PRI y Morena incluyeron en la Ley de Transparencia Gubernamental a los empresarios. Esto obligó a otro periodo extraordinario, en el que, ahora sí, quedó la Ley como el Señor Presidente quería.
Para colmo de males, en un referéndum, el Reino Unido decidió su salida de la Unión Europea, lo que generó una caída del peso frente a las divisas extranjeras. Aumentó la desconfianza de los empresariados nacionales y extranjeros, los precios del petróleo siguen a la baja, el gobierno se ve obligado a faltar a su promesa y aumenta los precios de la luz y la gasolina.
El presidente Peña Nieto debe, entonces, tomar otra decisión el 24 de junio “el segundo recorte presupuestal de más de 37 mil millones de pesos”, para cumplir con la meta de que la inflación se quedara en el prometido 3 por ciento. El encargado de hacer el anuncio fue Luis Videgaray Caso.
Días antes, como resultado de las elecciones, renunció a la presidencia del PRI nacional Manlio Fabio Beltrones. En su lugar se nombró a Enrique Ochoa Reza, quien se desempeñaba como director de Comisión Federal de Electricidad. El mensaje para algunos es claro: “dar certeza en lo económico para el fin de sexenio”.
Este lunes nos enteramos de la renuncia de Virgilio Andrade, el muy cuestionado secretario de la Función Pública, y quien exoneró a la esposa del Presidente, Angélica Rivera, por comprar una casa de siete millones de dólares a la empresa HIGA, que curiosamente también le vendió una casa a Luis Videgaray Caso.
Este escándalo llegó a proporciones internacionales. Se publicó en “The Wall Strett Journal” y “The Economist”. Sin embargo, la Primera Dama y el secretario salieron ilesos.
Con la salida de Virgilo Andrade queda enterrado ese tema. El Presidente le hace frente al problema.
Se están realizando otros movimientos a otra escala: se nombrarán presidentes del PRI en los estados que se perdieron y coordinadores de grupos parlamentarios. Todo eso se está negociando en la Ciudad de México.
También se comenzó a pedir la renuncia a los delegados federales, particularmente a quienes participan en el combate a la pobreza. Adivinó usted, de los cercanos al grupo de Rosario Robles Berlanga, la ex perredista, ex panista y ahora priísta.
El presidente Enrique Peña Nieto tomó varias decisiones para cerrar su sexenio: la economía primero, dejar en manos de los tecnócratas la política, dar la imagen de combatir la corrupción y comenzar a operar desde el sótano.
No se olvide que antes de la presidencial, viene la elección que es joya de la corona, la del Estado de México. Ahí se juega su futuro el PRI.
Si usted no está de acuerdo en lo aquí expresado, puede hacer uso de su Derecho de Réplica.
@delgadillomejia