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Miércoles, 13 De Mayo De 2026 | Puebla

OPINIÓN

El PRD, hacer ganar al PRI o al PAN

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Efraín Delgadillo Mejía

Estudió las licenciaturas en Ciencias Políticas y Administración Pública, en las universidades Iberoamericana y del Valle de México, respectivamente. Es un analista político, con especial atención a su relación con los medios de comunicación. Ha laborado en el ámbito parlamentario, gubernamental y la Iniciativa Privada.

Viernes, Julio 15, 2016

La época en que el Partido de la Revolución Democrática (PRD) era una alternativa de gobierno ha quedado atrás, ahora su lucha política es por la sobrevivencia.

No nos equivoquemos, sigue siendo muy importante para la vida política nacional. El PRD puede ser el fiel de la balanza y definirá quién ganará la Presidencia de la República.

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Puede hacer ganar al Partido Acción Nacional (PAN) si se alía con ellos o al Partido Revolucionario Institucional (PRI) si se une con el Movimiento Regeneración Nacional (Morena), el partido de Andrés Manuel López Obrador.

Alguna vez obtuvo más de 14 millones de votos, casi gana la Presidencia en 2006 (la diferencia con el PAN fue de 0.56 por ciento).

Los perredistas lograron ser el segundo grupo parlamentario más grande del país con 127 diputados en la LXI Legislatura (2006-2009); gobernaron Baja California, Zacatecas, Michoacán, Guerrero, Tlaxcala, Chiapas y el Distrito Federal. Ahora son minoría hasta en la Ciudad de México, donde han gobernado por más de 20 años.

Fue el pasado 18 de junio, cuando el hasta entonces presidente del PRD, Agustín Basave Benítez, anunció formalmente su renuncia al cargo en ese partido.

Esto obligó, por estatutos, a un Pleno Extraordinario del Consejo Nacional del PRD, donde se elegiría a su sustituto.

El Consejo se celebró el pasado 2 de julio sin acuerdo entre las corrientes del sol azteca y el nuevo(a) presidente será nombrado este sábado.

Para sustituir a Agustín Basave B. existen varias propuestas: la gurrerense Beatriz Mojica Morga; la empleada de Miguel Ángel Mancera, Alejandra Barrales, y el viejo militante de izquierda Pablo Gómez Álvarez. Cada uno cuenta con el apoyo e distintos grupos de presión que en el PRD se llaman pomposamente “corrientes”.

Desde su origen, el PRD ha tenido dos problemas fundamentales: el caudillismo y el sectarismo. Un matrimonio desigual en el que los caudillos podían gobernar mientras repartieran cuotas con las corrientes.

Origen es destino, su último caudillo, Andrés Manuel López Obrador, creó su propia corriente y generó una escisión para formar su propio partido, Morena.

Las corrientes en el PRD nacieron por líneas ideológicas, pero terminaron siendo representantes de intereses particulares.

El momento más vergonzoso fue cuando defienden a sus integrantes, a pesar de sus errores o delitos. Ahí están los casos de René Bejarano, Mauricio Toledo, Rubén Escamilla (el asqueroso tipo que pedía favores sexuales a cambio de empleo) y, recientemente, el ex delegado Víctor Romo, quien humilla públicamente a sus trabajadores.

Todos debe ser cubiertos, la lógica es simple: la corriente está por encima de todo, hasta del partido mismo.

Apenas, 13 de julio, fue expulsado de ese partido Gerardo Occelli, un militante como muchos otros. La causa era impecable: “apoyó a otro partido”. La razón real es mucho más turbia: Occelli había ganado un lugar en el Consejo Nacional y como éste debía ocuparlo un miembro de la Nomenclatura de las corrientes, la salida era simple: “expulsarlo”. Así son las cosas en el PRD.

Sin embargo, ejemplo más acabado de estos dos males es Agustín Basave. Cuando fue maestro de la Ibero, les decía a sus alumnos que los partidos de izquierda no servían (su esposa recordó este episodio en una entrevista).

Sin embargo, presidió el PRD y cuando renunció dijo “el PRD es ingobernable a causa de las corrientes”. Se le olvida al maestro Agustín que los partidos no se gobiernan, se dirigen.

Su extravío moral y político le trajo una consecuencia grave al PRD, que muchos de sus militantes piensen que la salvación es el regreso del caudillo, entonces Andrés Manuel López Obrador habrá ganado: regresaría al PRD como líder todo poderoso, con las corrientes a sus pies.

Aunque no lo pareciera la elección del nuevo presidente del PRD es de importancia nacional. Si gana una candidata proclive a una alianza al PAN, la derecha mexicana podría regresar a Los Pinos.

Si triunfa una candidata que prefiera apoyar a Morena, el PRI estaría seguro de mantenerse en la Presidencia.

Hay una tercera opción: ser un partido de izquierda real, ético, que valore más los principios que el poder. Esta última opción no la veremos. Si usted no está de acuerdo, en esto puede hacer su Derecho de Réplica.

@delgadillomejia

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