La entrega al Archivo General de la Nación del estupendo acervo de don Manuel Moreno Sánchez dio motivo a la pertinaz semblanza y reflexión que al efecto hiciera Porfirio Muñoz ledo catalogando de manera por demás acertada a don Manuel como el precursor por antonomasia a la actual pluralidad política imperante en México; no es para menos, la entrega a la República de los archivos personales de don Manuel, por parte de sus hijos, constituye un episodio que concita de manera forzosa, los recuerdos de todos aquellos que, con meritos mayores como el referido Muñoz Ledo, o modestos en demasía pero que en alguna ocasión, al menos, nos hemos interesado por el palpitar de la vina nacional.
Corrían las postrimerías de 1982 cuando conocí a Manuel Moreno Sánchez exponiendo en un salón del Palacio de Minería las anécdotas que le habría tocado en suerte vivir durante la legendaria campaña presidencial de José Vasconcelos; contaría en la ocasión don Manuel, que se toparía con integrantes del entonces muy joven Partido Comunista Mexicano quienes fustigarían su decisión de sumarse al vasconcelismo por considerarle una expresión política de la “misma burguesía” como, a criterio de los interlocutores de Moreno Sánchez en la ocasión, acreditaría la presencia en sus filas de Antonieta Rivas Mercado.
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Tiempo después, mi jefe José Ángel Conchello me encargó conseguir el célebre desplegado de la CONCANACO emitido en tiempos de López Mateos bajo el título “¿ Por cuál camino Señor Presidente?” publicado a raíz de las declaraciones de López Mateos en el sentido de que su gobierno “era de extrema izquierda dentro de la Constitución”, ocasión en la que me comuniqué con Alfonso Maya Nava en aquellos tiempos subdirector del diario “El Universal” y éste a su vez me enlazó con Manuel Moreno Sánchez quién por esas fechas era parte, como colaborador de la página editorial, de “El Gran Diario de México”; gracias a la narración de Moreno Sánchez logré, como se dice en las clases de arte dramático, “entrar en situación” en el ambiente histórico y político del régimen de López Mateos que no me habría tocado en suerte vivir.
Finalmente, en un momento ulterior trataría con don Manuel en la oficina del ingeniero Luis Sánchez Aguilar, cuando, con motivo del desplome del “Muro de Berlín”, se preparaba un foro sobre la entonces denominada “Revolución de terciopelo de Europa del este”; foro, en cuya participación, Moreno Sánchez referiría su actuación al lado de otro prominente mexicano como lo fuera don Luis Cabrera, cuando éste presidió la “Comisión de Incautación de Bienes del Enemigo” erigida con motivo de nuestra declaración de “Guerra al eje” el 1° de junio de 1942, tras el hundimiento en el Golfo de México de los cargueros “Faja de Oro” y “Potrero del llano”.
Por aquellas mismas fechas tuve el gusto de charlar en algunas ocasiones con su también finado hijo Octavio, quién sería un gran estudioso de las implicaciones sociales y económicas de la actividad turística, de él aprendí, por ejemplo, que el vocablo mismo lo habría acuñado Stendhal en el título de su libro de viajes: “Memoria de un Turista”.
En fechas más recientes, gracias a uno de los formidables seminarios que organiza mi amigo Pablo Aguilar al frente del “Colegio de Jurisprudencia Urbanística”, sostuve una interesante charla con su hijo Héctor, inquiriéndole en la ocasión sobre la añeja amistad que su padre entretejió con Al Gore Sr, desde que ambos se desempeñaban respectivamente como senadores de México y de los Estados Unidos, comentándome que aun cuando efectivamente sostenía una buena relación con el ex vice-presidente Gore, era en realidad el finado Octavio quién habría cultivado la amistad de manera más estrecha con el autor de “La Tierra en Juego” cuya influencia es por demás clara y manifiesta en la encíclica papal “Laudato Sí”.
Rememora a hombres de otro tiempo que ya no están entre nosotros, deja una sensación peculiar que mueve a reflexionar sobre el tiempo que pasa, sobre todo en tratándose de hombres equiparables en mucho a los que conformaron la generación de “La Reforma”, respecto de los cuales, Martín Luis Guzmán decía que parecían gigantes.