Los efectos mediáticos del sangriento enfrentamiento que se produjo entre un grupo de profesores que forman parte de la disidencia magisterial y elementos de la policía federal que acudieron a Nochixtlán, Oaxaca, el 19 de junio, a efectuar un operativo para desbloquear una carretera, fueron aprovechados eficazmente por la CNTE para doblegar al gobierno de Enrique Peña Nieto en la discusión relacionada con la reforma educativa, promovida por el presidente de la república y promulgada el 25 de febrero de 2013.
A partir de ese día, aunque todavía no se sabe con precisión, quienes originaron el enfrentamiento entre policías y profesores, el diferendo entre el gobierno federal y la CNTE dio un vuelco que favoreció y fortaleció la posición política de los impugnadores de la reforma educativa.
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Desde entonces la CNTE tiene arrinconado, sometido y arrodillado al gobierno del presidente Peña Nieto.
Tras más de un millar de marchas y cantidades semejantes de plantones y bloqueos de carreteras; después de centenares de secuestros de autobuses e infinidad de asaltos a camiones distribuidores de alimentos, también a tiendas y almacenes comerciales e incendiar edificios públicos, autobuses, tráileres y vehículos gubernamentales y causar multimillonarias pérdidas en la economía de los estados de Oaxaca, Chiapas, Guerrero y Michoacán, así como de la Ciudad de México, por fin, la CNTE, obligó al gobierno federal a reanudar el diálogo, entre ambas partes, que fue suspendido el 10 de junio del año anterior.
En esa fecha, el subsecretario de Gobierno de la Segob, Luis Enrique Miranda Nava, notificó a los profesores disidentes que las negociaciones con el gobierno federal se reanudarían hasta que los paros magisteriales sean suspendidos y se reanuden las clases.
El secretario de Educación Pública, Aurelio Nuño, fue más allá que Miranda.
Puntualizó que la reforma educativa es irreversible, que no tiene retroceso y advirtió que el gobierno de Peña Nieto dialogaría con ellos, siempre y cuando la reconozcan de antemano.
Por su parte, el presidente de la república, refiriéndose a la reforma educativa dentro y fuera del país, ha declarado que la ley no es negociable ni tiene reversa.
No obstante esta reiterada afirmación presidencial, el gobierno federal dio marcha atrás al abrir las puertas de la secretaría de Gobernación, para escuchar la demanda de derogación que exige el magisterio rebelde. Esto sin que se reanudaran las clases en las 350 escuelas de Oaxaca, donde, según cifras de la SEP, fueron suspendidas las actividades escolares desde el 15 mayo. Y menos, todavía, sin que la CNTE manifieste conformidad con la nueva legislación educativa y suspenda los bloqueos de carreteras que, día tras día, se extiendan y multipliquen en diversos lugares del país. Donde antes no los hubo.
Aurelio Nuño, obligado por las circunstancias desfavorables en que se desenvuelve el gobierno federal, abandonó su discurso impositivo (de dialogar con la CNTE hasta que esta agrupación acepte la nueva legislación magisterial) y ahora, al dar respuesta, dentro del “marco de la Reforma Educativa” a un pliego petitorio presentado a la SEP por el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE) y asumiendo funciones que corresponden al autónomo Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación, ofreció al presidente de ese gremio, que “la semana próxima se presentará el Nuevo Modelo Educativo (…) en documentos terminados y no definitivos (¿¿??) para que participen y discutan los actores de los diversos sectores de la sociedad, como pedagogos, maestros, académicos, autoridades locales, expertos y representantes de la iniciativa privada.”
Además manifestó, Nuño Mayer, que la secretaría de Educación Pública “ve (sic) cómo modificar la evaluación como política pública, para que sea una evaluación más pertinente y acorde (¡¡!!) con las condiciones socioculturales de cada región del país y de cada estado” y “reiteró su apertura para mejorar la evaluación, tomando en cuenta la opinión de los maestros y maestras.”
Miguel Ángel Osorio Chong, en todo el tramo del conflicto magisterial (3 años y medio), ha demostrado su ineficiencia como secretario de gobernación, al ser incapaz de mantener vigente la gobernabilidad del país que le mandata la Ley Orgánica de la Administración Pública Federal.
Esta falta de aptitud de Miguel Osorio para promover la aplicación de la ley, ha provocado que bajo cualquier pretexto, cualquier grupo de personas, con absoluta libertad ─o libertinaje─, bloquee carreteras, robe la recaudación de las casetas de peaje, incendie edificios y cometa cuanto delito se les ocurra, sin que intervenga ninguna autoridad para impedirlo o sancionarlo.
El Nochixtlanazo, sirvió para confirmar y exhibir públicamente, por enésima vez, la debilidad del gobierno federal, su ineptitud para imponer el estado de derecho en el país y preservar el orden público el orden público en todos los puntos de la geografía nacional.
Fue hasta entonces cuando el gobierno peñanietista se vio en la necesidad de dialogar incondicionalmente con la CNTE. O mejor dicho, fue hasta que el radicalismo magisterial lo obligó a escuchar los monólogos de los detractores de la ley Peña Nieto.
Con más de 3 años de tardanza el presidente acaba de decir a la CNTE que el asunto de la derogación de la reforma educativa no es de su competencia, sino de la incumbencia del poder Legislativo.
¿Por qué hasta ahora se le ocurrió al presidente de la república trasladar el problema a esa instancia?
Con el errático manejo gubernamental del conflicto magisterial y con la correlación de fuerzas operando a favor de la CNTE, todo apunta a que la reforma educativa no pasará o pasará parchada.
Sobra señalar que los profesores disidentes asestaron un fuerte golpe a la pretensión de Aurelio Nuño Mayer de la SEP y de Miguel Ángel Osorio Chong de la Segob, de obtener, respectivamente, la candidatura presidencial por el PRI en 2018.
Ambas abolladuras ayudan, lógica e inevitablemente, a pavimentar el camino del Peje López Obrador hacia la presidencia de la república. Aunque este perpetuo candidato presidencial, en caso de triunfar, resulte más nefasto que Enrique Peña Nieto.