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Miércoles, 13 De Mayo De 2026 | Puebla

OPINIÓN

¿Reformar la reforma?

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Juan Martín López Calva

Doctor en Educación UAT. Tuvo estancias postdoctorales en Lonergan Institute de Boston College. Miembro de SNI, Consejo de Investigación Educativa, Red de Investigadores en Educación y Valores, y ALFE. Profesor-investigador de la Universidad Popular Autónoma del Estado de Puebla (UPAEP).

Lunes, Julio 4, 2016

“...Este conflicto -nos dice- no puede tratarse como disputa pasajera entre intereses políticos locales; es asunto de Estado, de trascendencia histórica; en él se decide una visión del futuro del país y una manera de definir la convivencia en función de principios morales…”

Pablo Latapí Sarre. Citado por Javier Mendoza Rojas.

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La frase que sirve de epígrafe del artículo de hoy fue escrita por Latapí refiriéndose al conflicto de Chiapas a partir del levantamiento del EZLN en 1994 pero puede aplicarse a la situación educativa actual. En el momento en que escribo estas líneas la situación en el país respecto a la escalada de protestas de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) y organizaciones políticas y sociales afines en Oaxaca y Chiapas principalmente, se encuentra en un momento de creciente tensión.

Después de dos o tres reuniones de la mesa de negociación entre estas organizaciones y el gobierno federal en la sede de la Secretaría de Gobernación con la presencia de una comisión de intermediación –que por cierto no se ha pronunciado hasta ahora- no se ha logrado llegar a ningún acuerdo.

Mientras tanto la CNTE ha mantenido e incrementado los bloqueos de carreteras y toma de instalaciones causando daños cuantiosos a la economía de estos estados y una situación de desabasto que según la Secretaría de Desarrollo Social (SEDESOL) empezaba a ser grave en algunas poblaciones por lo que se ha establecido un puente aéreo para el abastecimiento de maíz, frijol y leche en polvo.

Ante este panorama la Secretaría de Gobernación ha planteado que el tiempo se está agotando y que va a realizar acciones para romper los bloqueos. La CNTE por su parte ha reforzado estas protestas y decretado una situación de “alerta máxima” ante lo que llaman la posibilidad de acciones de represión por parte del gobierno.

No sabemos qué pueda ocurrir porque la tensión se ha escalado al máximo y no hay signos de apertura real al diálogo y de disposición a negociar. Por la parte del gobierno se plantea que es imposible negociar la aplicación de la ley porque el gobierno está obligado a aplicarla, lo que implica que no puede derogarse la reforma educativa ni dejar de aplicarse selectivamente en los estados de la república que se opongan a ella Por el lado de los opositores se mantiene la postura –muy propia de los movimientos de izquierda radical- del “todo o nada” que pide la derogación de la reforma educativa como única opción para desbloquear los caminos y dejar que la vida de los oaxaqueños y chiapanecos vuelva a la normalidad.

Mientras en las cúpulas que negocian –gobierno federal vs. CNTE y organizaciones radicales afines- la situación sigue bloqueada igual que las carreteras y se negocian intereses económicos y políticos –en esta semana pasada han salido a la luz los nombres de organizaciones y los montos en millones de pesos anuales que están en juego además del control del Instituto Estatal de Educación de Oaxaca (IEEPO) con todo el presupuesto educativo que implica- el magisterio sigue enfrentado a una situación de polarización entre los profesores que como afirma Carlos Ornelas aceptan la reforma por convencimiento, por filiación priísta – que los hay- o por obediencia a la autoridad y los profesores que se oponen a ella, también por convicción informada o desinformada, por filiación a las organizaciones radicales opositoras, por temor a la incertidumbre generada por los cambios, las evaluaciones y las especulaciones desatadas por la oposición o bien por hartazgo del gobierno y rechazo a todo lo que venga de él.

En la sociedad civil la polarización se hace también cada vez más grande. Por una parte están las posturas radicales que generalizando las acciones violentas de las organizaciones opositoras atribuyen a todo el magisterio calificativos de irresponsabilidad y vandalismo mientras en el otro extremo están las posiciones supuestamente progresistas que generalizando también y pensando que apoyar al magisterio implica apoyar a la CNTE y a las organizaciones radicales que la acompañan –o controlan- y cerrar los ojos y callar ante todas las acciones violentas, los actos de corrupción, las amenazas de muerte y los daños que estos grupos están causando, se manifiestan en apoyo total al movimiento anti-reforma.

En el punto medio se encuentran los empresarios y ciudadanos que están siendo afectados por los bloqueos, las marchas y las consecuencias económicas de las protestas y que se oponen a la CNTE y los ciudadanos que de buena fe – que por actitud crítica o por rechazo al gobierno- e influidos por las medias verdades y las mentiras que plantean tanto el gobierno como los grupos y académicos opositores a la reforma, se manifiestan a favor de la derogación de este cambio constitucional.

Ante este panorama empiezan a asomarse algunas voces de académicos que antes conribuyeron a encender los ánimos anti-reforma y a generar este incendio de hoy pero que ahora plantean posturas mesuradas que piden una reforma de la reforma educativa, aceptando algunos de sus elementos pero con modificaciones en sus contenidos y formas de aplicación. Estas propuestas van desde las que solicitan adecuaciones a las formas e instrumentos de evaluación que no serían propiamente reformas a la reforma sino elementos de mejora que de por si tienen que hacerse hasta las que solicitan una evaluación exclusivamente formativa, sin consecuencias laborales y además totalmente voluntaria, lo que implicaría no la reforma de la reforma sino su derogación.

El futuro es incierto y la solución parece casi imposible porque se ha llegado demasiado lejos en este juego de intereses en el que se han impuesto las semi-verdades y las mentiras acerca de un cambio complejo y doloroso pero insisto, muy necesario, diria yo urgente si queremos rescatar a la educación del país de la profundísima crisis en que ha caído desde hace décadas.

Como afirma Morin, el futuro se llama incertidumbre y en el caso de nuestro muy golpeado sistema educativo esta incertidumbre terminará solamente si por fin, a partir de tocar fondo en la confrontación de intereses, la Educación deja de ser un botín político de grupos y partidos y se vuelve realmente una prioridad para el desarrollo del país.

*La próxima semana no aparecerá este artículo por compromisos académicos personales.

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