Los últimos acontecimientos, posteriores al 5 de Junio, dejan expuesto al grupo Atlacomulco, se ha creado de inmediato un espacio, un vacío de poder y eso afecta los rumbos de la sucesión presidencial.
A la derrota en siete entidades, aparecieron las denuncias de Francisco Labastida, César Augusto Santiago y otros por las fallas en la operación política y la filtraciones a los analistas de presuntas traiciones o sabotajes al más alto nivel del poder, es decir, no se quedaron en el gabinete, se culpa de los tropiezos a la indefinición o silencio del presidente.
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A eso se han sumado los hechos de violencia entre policías y profesores de la CNTE en Oaxaca, que vuelven a dejar muy mal parada a la figura presidencial y a esa parte del gabinete que ha invertido y apostado todo por Aurelio Nuño como la figura que bien pudiera restablecer el orden.
Y para terminar con el cuadro, la renuncia de Manlio Fabio Beltrones que con su salida de la dirigencia del PRI abre otra puerta del descontento, la que seguramente estará ligada a la recomposición de los grupos de poder en el país. Los “norteños” están ansiosos de retomar su papel en los mandos. Atlacomulco, por así decirlo, ha fracasado en su intención de mantener al PRI en Los Pinos.
Los negocios, la complicidad, han dominado el interés ideológico. Peña Nieto no ha sabido resolver esos puntos finos, que se mantienen en la línea de flotación del país; por pagar facturas a quienes lo llevaron a la candidatura y a la presidencia, descuidó la parte estructural del partido y de los grupos políticos y vuelve a poner en bandeja de plata la silla presidencial a la oposición.
Pero ahora con un riesgo mayor, la figura de López Obrador no se ha visto afectada, por el contrario, se fortalece al interior de su estructura y puede incluso convertirse en la más beneficiada luego de la renuncia de Basave al PRD.
Rafael Moreno Valle, no tiene un pelo de tonto, ha jugado su posición, apoyos y triunfos electorales con riesgo, pero sabedor de que Peña Nieto lo necesita.
Y ahí es donde, alguien, empieza a considerar que si en el PRI no hay candidato fuerte para enfrentar a la oposición de López Obrador en 2018, Atlacomulco bien puede sacarse un as bajo la manga y apoyar al gobernador de Puebla como una alternativa para desde una alianza donde Panal, PRD, Movimiento Ciudadano y a quien le lleguen al precio, lo catapulte a la candidatura. Lo importante para Atlacomulco es no perder el poder en el carril de los negocios, y en eso Moreno Valle ha pasado la prueba.
O por lo menos así me lo parece.
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