Los senadores que votaron por una Ley Anticorrupción rasurada, mutilada, le dan toda la razón a las multitudes que rechazan a los partidos políticos.
Parece que no asimilaron la lección de las recientes elecciones. Es francamente grotesco ese papel. Le dan un portazo a la iniciativa de las más de 600 mil firmas ciudadanas y le arrojan gasolina al fuego que consume la popularidad del presidente y su partido.
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Ese es el escenario que queda a la vista de todos. Una ley a modo que deja sin dientes el objetivo central que tenía: que quienes viven y se enriquecen en el servicio público, transparenten sus bienes.
A toro pasado, y visto el escarnio y cinismo del senado, no deja de ser ingenuo el objetivo de los mexicanos: que los hombres del poder se autorregulen, que se exhiban y se corten las uñas.
Desbrozando el tema, da la impresión que era mucho esperar de la iniciativa como propósito anticorrupción. Y es que transparentar ingresos, patrimonio e intereses, no deja de ser un fin sujeto a la voluntad y confesión de los sujetos públicos. La sociedad queda como espectador confiado a que ellos digan lo que les conviene, punto.
Lo vimos aquí en Puebla: los dos principales candidatos medianamente cumplieron con la iniciativa 3 de 3, pero en el examen popular y en la realidad quedaron muy lejos de decir la verdad. En la sociedad quedó la impresión de que ofrecieron declaraciones amañadas y parciales. Basta preguntarle a la gente la opinión sobre sus fortunas.
Si este tipo de reclamos no responde a un mandato de autoridad, con sanciones precisas, puntuales y severas para quienes van dirigidos, ciertamente no hay que hacerse muchas ilusiones.
Este episodio se suma a todo aquello que alimenta la corriente que desconfía absolutamente de los partidos. Y en cambio, abre más la puerta a quienes se asoman con interés y escuchan con atención a quienes ofrecen alternativas posibles al pantano de corrupción cinismo que nos agobia.
MORENA y Andrés Manuel gustosos engrosan sus filas con esta clase de contribuciones que se incuban y ofrecen desde el poder. Un poder que parece regodearse en un clima de burla y simulación frente a un rosario de derrotas electorales.
De paso sea dicho, López Obrador tampoco parece leer a la perfección los vientos que corren en el país. Su acercamiento, simpatía y apoyos a las corruptas dirigencias de la CNTE, resultan una posición temeraria cuando no claramente errónea.
¿Cómo concilia Andrés Manuel sus banderas contra la corrupción, cuando establece alianzas con una caterva de sujetos que han vivido y hecho su fortuna, de explotar una permanente rebeldía sin causa pisoteando la educación y la buena fe de miles de seguidores?
Porque hay que puntualizarlo: no todos los maestros que dicen representar esos liderzuelos son como ellos. Hay, en los estados en conflicto y en todo el país, miles y miles de profesores que viven honesta y apasionadamente su misión y que merecen no sólo el reconocimiento sino el estímulo económico y material.
De este ejército noble y maleable, las dirigencias del SNTE y la CNTE han hecho material de explotación. Todo el tiempo al amparo del poder, cuando fueron útiles ejércitos para acarrear votos y asegurar la permanencia en la cima.
Después, lo sabemos, un rayo de “justicia” separó a los buenos, herencia bendecida y purificada cuando salió Elba Esther, y persiguió a los malos.
Malos hoy encarcelados, que siguieron viviendo de los mismos métodos de sus hermanos mayores, sólo que estos oportunamente fueron redimidos y domesticados.
Esta es la realidad que hoy vemos y que parece sumir más al país en un torbellino de cinismo y corrupción.