La comunidad del Mirador del Municipio de Coxcatlán, Puebla, el 11 de junio actual, fue el escenario de una masacre de 11 muertos y dos niñas con heridas graves.
Los asesinos se encuentran prófugos, no han sido presentados a las autoridades. Las víctimas no merecieron una palabra de consuelo y reconocimiento de parte del gobierno de Rafael Moreno Valle dado que su idea moderna de protección a la población sólo abarca erigir “arcos de seguridad”, empastelados barrocos e inútiles. Un gobernante de corazón frio y ambiciones ardientes.
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Casi en sincronía, en la ciudad de Orlando ocurrió una matanza con saldo de más de cincuenta muertos. Obama habló a la nación y reflexionó sobre el brutal atentado, reiteró su interés de revisar la política de armas. La prensa de todas partes dio cuenta de la noticia y comentó con ardor e indignación.
¿Cuál es la diferencia en la atención de comportamiento social en ambos casos?, ¿acaso el nivel social?, ¿los pobres y los indígenas no requieren de respeto a sus vidas?
Pocos escritos, algunos artículos comentaron la muerte de los indígenas de la Sierra Negra, el padre Tacho (Anastasio Hidalgo) quien fuera cura de la montaña por 20 años, dio un sermó: “Justicia, aquí en la tierra sólo esperamos la justicia divina, porque aquí en la tierra yo creo que 8 días más y lo metemos al archivo del olvido. Este país lo que no tiene es memoria histórica, entre más rápido se olvide, mejor. ¿Tienen que ser 11, tienen que ser 12, alguien que ni siquiera conoció la luz de la vida?”
Los muertos no pueden renacer pero sí es posible luchar porque los que nazcan no sean víctimas de la locura de inmolar el don preciado de su existencia. Sólo recuperando el tejido social donde se fortalezcan los lazos de unión, identidad comunitarios se podrá poner a salvo a los pueblos de la acción salvaje de quienes ciegan sus vidas. Alcanzar a dimensionar el dolor compartido por la población donde se ha realizado el crimen. El amor a la vida y el rechazo a la muerte.
La lucha contra el olvido es mantener la memoria vigente, no olvidar el horror aunque duela recordar, pero también es necesario mantener activa la memoria en la parte medular de su creación. En ese sutil enlace entre el recuerdo y el olvido es de enorme importancia la reconstrucción de la memoria, como ocurre con la obra de Gustavo Méndez Osorio, joven investigador originario del lugar, con el título “Las crónicas de Coxcatlán”.
La obra prima de Gustavo Méndez es un relato que abarca la existencia comunitaria de Coxcatlán. En un primer nivel examina la situación del espacio en su amplio concepto territorial y temporal recurrente del pasado y el presente , desde sus orígenes, geográfico, como construcción social, incluido un recorrido por cada comunidad descifrando su toponimia y su identidad particular.
El escritor italiano, Antonio Tabuchi (2012), elogia a México como el “inmenso país de extraordinaria variedad, considera al chile como elemento unificador, ya empleado en la farmacopea de las culturas precolombinas, algunas sustancias <<medicinales>> sacadas a la luz por los arqueólogos en el Valle de Tehuacán ponen de manifiesto que la población local se servía de ellos seis mil años antes de Cristo”.
El escritor italiano se refiere a: El lugar donde abundan los collares , o sea Coxcatlán, declarada Villa desde el año de 1875, un asentamiento poblacional que dispone de una dilatada historia de siglos distinguida no sólo existencial sino en su acepción sustancial de una narración de esa existencia, es una historia demostrativa con la que se representa o validan otras historias que carecen de integración o son fragmentarias,
Es Coxcatlán un punto del planeta privilegiado por los hechos físicos y sociales ocurridos a lo largo de los siglos que además fueron rescatados por los investigadores Richard Stockton Mc Neish, Mc Clung que examinó unas 15 cuevas para alcanzar grandes hallazgos antropológicos en especial con respecto a las variedades originarias del maíz. En esa investigación se diseñan las etapas de desarrollo y adaptación de los cultivos agrícolas y se destaca la presa del Purrón. La investigación científica no tuvo como meta determinar el origen o “la cuna del maíz”, sino el aprovechar las condiciones óptimas que representaba la zona elegida para la preservación de los restos comprobatorios de los grupos sociales en tiempos remotos.
Una historia completa o total de Coxcatlán concierne a la evolución cultural de la localidad, su poblamiento y ocupación territorial con los popolocas, la obra de consulta de Manuel Orozco Berra cuenta también con apoyo de la Fundación de Coxcatlán y la labor de adoctrinamiento de los evangelizadores, fray Guerrero Mendieta y fray Toribio de Benavente, o del historiador dilecto de Tehuacán, don Joaquín Paredes Colín.
El apreciado trabajo de Méndez Osorio abarca el periodo de conquista europea y el dominio del espacio, los cambios socio económicos operados así como los cambios en la administración, o los datos de la administración colonial.
La historia social que expone Osorio Méndez se ocupa de la evolución social durante el periodo de Independencia, la presencia de Morelos y el Congreso de Chilpancingo, la reseña de la primera mitad del siglo XIX así como también lo ocurrido durante el Segundo Imperio.
Para llegar luego a la Republica intervenida con el Ejército de Napoleón; de igual forma se examina la Revolución Mexicana con la proclama democrática de Madero, sus repercusiones en la localidad, entre ellas el surgimiento del general Donato Bravo Izquierdo, constituyente de 1917.
El trabajo cierra con la elocuencia alegre de las fiestas y la música así como con las risas de los coxcatecos.
Difícilmente se conocen historias tan completas y narraciones exhaustivas que den cuenta de lo ocurrido a través de todos los tiempos. Esta es una de ellas que enfrenta y desafía las atrocidades zafias de la sinrazón, de la violencia y de la empuñadura de la muerte.
Una historia para no olvidar la grandeza de nuestros pueblos.