Antes que cualquier otra cosa, debo dejar claramente establecido ante todos los lectores de e-consulta, que el título de este artículo no constituye, en forma alguna, una falta de respeto a ninguna de las personas que me hacen favor de leer mi columna periodística Reflexiones. Tampoco es un irrespetuoso abuso de la libertad de expresión que ejerzo, sin restricción alguna, al escribir en las páginas de este importante medio informativo digital. Menos, todavía, pretendo transgredir la letra y espíritu del artículo sexto constitucional que me obliga a respetar la moral, la vida privada y los derechos de terceras personas, al manifestar mis ideas. También respeto el artículo séptimo de la ley suprema del país, al hace uso del privilegio de difundir públicamente mi forma de pensar en los contenidos de este periódico.
Con el propósito de conceptualizar coloquialmente el pésimo desempeño gubernamental del presidente de la república, Enrique Peña Nieto, y del jefe de gobierno del Distrito Federal (hoy bautizada autoritariamente con el nombre de Ciudad de México), Miguel Ángel Mancera Espinosa, opté por utilizar el plural de la palabra pendejo (en su acepción de persona tonta) al considerar que es más expresiva, más clara, más explícita, más objetiva e ilustrativa, que cualquier equivalente de los vocablos: incapaz, torpe, inepto, inútil, bueno para nada e inservible.
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Escribo esta reflexión, situado en medio de un creciente estado de exasperación ocasionado por tanto pendejismo gubernamental y hundido en la imposibilidad personal de lograr una mejoría que permita a mi país, México, y a su ciudad capital, detener su marcha hacia el precipicio que lo han lanzado irresponsablemente Enrique Peña Nieto y Miguel Ángel Mancera Espinosa.
Como se encuentra la situación del país, parece que evitar su caída en el abismo, es una ilusión irrealizable porque tiene las características de una utopía.
Transcurrida más de la mitad de su sexenio, Peña Nieto todavía no cumple los compromisos que adquirió durante su campaña electoral. Específicamente los que se refieren al crecimiento de la economía, el empleo, la seguridad pública, la transparencia en el quehacer gubernamental, la erradicación de la pobreza, el impulso a la producción agrícola, el fortalecimiento de la conectividad ferroviaria y la construcción de una refinería en el estado de Hidalgo y del tren peninsular.
Lo único que hasta ahora ha hecho Peña Nieto, eso sí, con resultados bastante espectaculares, es legitimar e institucionalizar las transgresiones a la ley. Quebrantar ─aún más─ la ingobernabilidad que prevalece en el país desde hace 15 años. Fortalecer, con indiscutible e inusual acierto, el Estado de Derecho fallido que agobia a todos los mexicanos y otorgar carta de naturalización a la impunidad.
Peña logró que el poder Legislativo aprobara sus llamadas reformas estructurales. Sin embargo, los beneficios que atribuyó a cada una de ellas todavía, en caso de generarlos, todavía son intangibles.
La reforma educativa es la más estridente. Es de la que más se habla y escribe y por añadidura la más controvertida.
Esta reforma, o mejor dicho, sus inacabables cuestionamientos, han demostrado, una y mil veces el pendejismo del presidente de la república. No ha intentado, mediante el diálogo, convencer de sus supuestas ventajas a sus críticos.
Grupos de profesores afiliados a la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) en los estados de Chiapas, Guerrero, Michoacán y Oaxaca, desde hace 3 años, han manifestado, en forma violenta y hasta delictiva, su rechazo a la reforma educativa de Peña Nieto.
Argumentan que es punitiva y no educativa. Quienes son conscientes de su deficiente o precaria preparación profesional, se oponen a presentar periódicamente los exámenes evaluatorios a que los obliga la Ley General del Servicio Docente.
Otros profesores se oponen a la reforma educativa porque se dice que elimina la red de privilegios y prebendas que han usufructuado indebidamente durante muchos años. Como es la venta y herencia de plazas. Cobrar sueldos sin devengarlos y la comercialización de ascensos escalafonarios.
Un día sí y otros también, la CNTE amenaza que hasta lograr la derogación de la reforma educativa, ocupará plazas públicas y edificios gubernamentales. Bloqueará carreteras, autopistas y accesos a aeropuertos y saboteará elecciones.
Cumple sus intimidaciones, una y otra vez. Grupos de profesores encapuchados, ocultando cobardemente su identidad, cometen todo tipo de delitos tipificados en las leyes federales y estatales. Secuestran servidores públicos municipales, estatales y federales. Destruyen documentación gubernamental y boletas electorales. Roban e incendian vehículos oficiales y particulares. Ocupan y asaltan casetas de cobro en autopistas. Toman gasolinerías para vender el combustible a menor precio.
Todos estos y otros delitos más, los cometen, cotidianamente, en presencia y ante la contemplación de autoridades gubernamentales que no son capaces de ejercer la autoridad de la que están investidos. Las violaciones a la ley y su inseparable compañera, la permisividad gubernamental, y la impunidad, son el pan que alimenta, nutre y fortalece diariamente el desánimo y el mal humor social.
Mal humor social que en vez de ser reconocido para enmendar el camino andado por el gobierno peñanietista, el presidente de la república lo descalifica al declarar que “carece de fundamento”, según su sui géneris forma de ver y entender la realidad nacional.
Hace más de 2 años Enrique Peña Nieto se comprometió con empresarios del estado de Guerrero, que su gobierno no permitiría más bloqueos en la autopista del Sol. Al día de hoy, el presidente de la república no ha cumplido su palabra y los cierres carreteros se suceden uno a otro, sin que las autoridades los eviten.
Estos incumplimientos han contribuido a incentivar el desplome del ya precario grado de aceptación del presidente Peña a los niveles más bajos en 20 años. Su credibilidad es nula y en proporción inversa, contrasta, con su imagen de uno de los presidentes más corruptos que ha tenido México.
Debido al pendejismo del presidente Peña, hoy los mexicanos vivimos en un país donde el Estado de Derecho es fallido por inexistente y donde la ingobernabilidad es evidente ante la falta de un gobierno eficaz, comprometido con la legalidad.
El colmo de la ausencia del Estado de Derecho y de la falta de gobernabilidad en México, ocurrió el martes 31 de mayo, en Comitán, Chiapas, donde un grupo de vándalos, afiliados a la Organización Proletaria Emiliano Zapata e instigados por la CNTE chiapaneca, agredió bárbaramente y vejó cobardemente a un grupo de maestros ─éstos sí, auténticos maestros─ porque, sin fundamento de ninguna índole, supusieron que se trataba de un pequeño grupo que repudian a esa agrupación magisterial-delictiva.
Los maestros fueron exhibidos como “traidores” y rapados, sin que ninguna autoridad impidiera la humillación pública de que fueron objeto, no obstante que este atropello se efectuó en la principal plaza pública de Comitán, a plena luz del día. El gobernador de Chiapas, Manuel Velasco Coello, otro pendejo más de los que asolan otras entidades federativas, no se dio cuenta de este atropello.
Lo menos que tienen obligación de hacer las pendejas e ineficientes autoridades gubernamentales, es aprehender y encarcelar a esos cobardes individuos.
En la ciudad de México, los capitalinos, además de soportar inevitablemente las consecuencias de las pendejadas del presidente de la república, tenemos que sufrir las secuelas de las que comete constantemente, el jefe de gobierno Miguel Ángel Mancera Espinosa.
A las pendejadas manceristas que he referido en entregas anteriores, ahora agrego otras.
Mancera anunció que su gobierno diseñó una novedosa estrategia para combatir el acoso sexual a usuarios del sistema de transporte público de pasajeros, consistente en obsequiar 10 mil silbatos entre éstos. A las mujeres se entregarán silbatos color de rosa mexicano y a los hombres color negro para evitar confusiones.
Estos colores, según la brillante política pública del aspirante a la presidencia de la república por parte del PRD, permitirán a las autoridades capitalinas identificar si son mujeres u hombres quienes sufren ─o disfrutan─ un tocamiento sexual.
¡Vaya pendejada de este iluso aspirante a sustituir a Peña Nieto en la primera magistratura del país! ¡Líbrenos los dioses que semejante tragedia ocurra!
Con la tragedia que habremos de soportar obligatoriamente hasta las 12 de la noche del día 30 de noviembre de 2018, es más que suficiente.
Pero las pendejadas de nuestros ilustres gobernantes son infinitas e inacabables.
Tras el noble propósito que los preclaros luchadores sociales de la CNTE, desocuparan los 250 metros de la avenida Bucareli, donde tenían asentado su tradicional plantón desde el 15 de mayo ─en el tramo de la avenida Morelos a la calle de Ayuntamiento─ con el propósito de liberar el paso al tránsito peatonal y vehicular en esa importantísima vialidad, el secretario de Gobernación e ineficaz escudero de Peña Nieto, Miguel Ángel Osorio Chong, y el jefazo de gobierno de la castigada Ciudad de México, Miguel Ángel Mancera Espinosa, acordaron extender una cordial invitación a los profesores centistas para que trasladaran su campamento al jardín de la Ciudadela (ubicado a 200 metros del sitio donde acostumbran acantonarse).
Los aguerridos elementos de la disidencia magisterial, igual que mansos corderos, aceptaron la mancomunada invitación gubernamental que les fue extendida por Osorio y Mancera y con todos sus cachivaches se fueron a enmugrar la histórica zona de la Ciudadela.
Lo raro, o no tan raro, para los habitantes y comerciantes del lugar, así como para quienes tenemos necesidad de transitar diariamente frente al edificio de la secretaría de Gobernación, que esa importante vialidad constituye el principal cruce que tiene la Ciudad de México, del extremo norte al extremo sur, continúa cerrada al tránsito de vehículos. Y no solo eso, sino que la secretaría de Gobernación, determinó cerrar otra calle más. La de General Prim. O sea, que los congestionamientos vehiculares en vez de disminuir se incrementaron. ¡Benditos sean esos gobernantes tan pendejos!
Para no ser menos que abusivo y arbitrario que Osorio Chong, el futuro candidato presidencial del PRD, Miguel Ángel Mancera, ordenó, también, arbitraria e ilegalmente, el cierre de todas las calles que convergen en la Plaza de la República para instalar una réplica de la Capilla Sixtina.
En la Plaza de la Constitución, rodeada del Palacio Nacional, de la Catedral Metropolitana y del Palacio del Ayuntamiento, Mancera dispuso la instalación de una cosa que lleva el nombre de Feria de las Culturas Amigas.
Los congestionamientos vehiculares, en esta zona de la capital del país, son ahora más descomunales. Ocasionando, como consecuencia natural de esas pendejadas, mayores índices de contaminación ambiental.
No se descarta la posibilidad que Mancera cometa, en días venideros, la imbecilidad de sembrar, en distintos puntos de la ciudad que desgobierna, réplicas piratas del Mausoleo de Lenin, de la Puerta de Alcalá, de la Torre Eiffel, del Reloj Big Ben, de las Torres Petronas y hasta del río Yangtsé (para que los capitalinos que carecen de agua la conozcan y se enteren que se trata de un elemento líquido vital, incoloro, insaboro e inodoro).
Otra pendejada más de Mencera, consistió en derrochar los fondos públicos de la ciudad al condonar irresponsablemente todos los adeudos por suministro de agua potable, multas, recargos, gastos de ejecución, correspondientes a los años 2010, 2011, 2012, 2013, 2014 y 2015, a los habitantes de las delegaciones políticas gobernadas por el PRD.
Se trata de premiar estúpidamente a la clientela del PRD.
Ya es tiempo que los mexicanos tiremos en el bote de la basura a los gobernantes pendejos y corruptos. Mientras no nos decidamos a hacerlo continuaremos avasallados.