Las acaloradas declaraciones de Blanca Alcalá en contra del gobernador, así como la urgente convocatoria a la prensa (a la cual apenas está tomando en cuenta), la invitación pública emergente para una “resistencia civil” y evidenciar a Rafael Moreno Valle por “tener metidas las manos en el proceso electoral del próximo 5 de junio”, me parecen acciones sagaces, valientes, pero fuera de tiempo.
Y por tanto, inocuas.
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Más pareciera un movimiento desesperado en el tablero de ajedrez por parte de quien sabe que ya emana por sus poros el olor a la derrota: un extraño placer de destruir a los peones cuando de antemano se conoce que la reina caerá en el próximo turno.
El juego ya terminó.
La contienda ya expiró.
Tendría que haber una eventualidad gigante, con repercusiones nacionales o internacionales, como para cambiar el pulso de esta elección, el cual le entrega al candidato de la coalición Sigamos Adelante, José Antonio Gali Fayad, una ventaja de más de 10 puntos sobre su más cercana contrincante: Blanca Alcalá.
El intento del PRI para reventar la elección a como dé lugar para llevarla a los tribunales está sustentada en argumentos débiles. Simplemente no han hecho bien su trabajo.
Empezando por el CEN de Manlio Fabio Beltrones, que dejó sola operativamente a su candidata de Puebla, siguiendo por la propia Blanca Alcalá al intentar repetir victorias de otros tiempos y con la necedad de mantener su “campaña blanca”: desde el inicio de la campaña, ésta y muchas otras columnas políticas coincidieron en la postura que si Alcalá no perfilaba sus ataques directo a Moreno Valle y a Tony Gali, y enlistaba de forma inteligente los desatinos y excesos de este sexenio, no iba a sumar a los descontentos de este gobierno, ni tampoco se convertiría en una figura atractiva para el resto del electorado.
Tampoco el equipo de asesores de Alcalá ha dado una: siempre tuvieron un paso atrás, reaccionando ante la agenda que imponía Tony Gali y cuyo discurso fue mejorando y fortaleciendo a cada paso: era la confianza alimentada de los números en las encuestas, y aunque Alcalá tuvo a su alcance los mismos resultados, no hizo nada para cambiar su suerte.
Hasta ahora: que no le tiembla la voz para decir “es un bodrio el gobierno autoritario de Moreno Valle” (entrevista con e-consulta)… ¿por qué no lo hizo antes, cuando por estrategia, debió hacerlo?
Dudo que “una resistencia civil” tenga el efecto electoral que el PRI desea.
La gente no tiene tiempo de ir a marchas, no quiere asolearse gritando y cerrando calles… lo que quiere es elevar su calidad de vida diaria y contar con un sistema político que se lo proporcione… la gente quiere sueldos más justos, mejores trabajos, poder ir al mercado sin que le falta nada para completar su despensa, pasar a tiempo por sus hijos al colegio, no atrasarse en el pagos de cuentas, luz afuera de su casa, que no le falta el agua, que le tapen el bache, mejores condiciones para que la pequeña y mediana empresa florezcan, y cuando se pueda, un momento de diversión en familia o descanso.
Alcalá debió confeccionar una propuesta para la gente, para el electorado, y no montar un espectáculo mediático de última hora para decirle al votante “aquí estoy”.
En específico, es complicado augurar éxito a esta ‘resistencia civil’ por varias razones:
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