La sombra del autoritarismo se cierne sobre América. Las tensiones registradas en varios países amenazan con desembocar en una ruptura interna. El caso de Estados Unidos es muy evidente por los posicionamientos tan polémicos de Donald Trump, mismos que son potenciados mediáticamente por los bandos en pugna. Para entender mejor el éxito tan espectacular que está teniendo, quizá lo mejor sea adoptar la visión del ciudadano promedio. Trump expresa los puntos de vista del norteamericano huérfano de la propia gloria que se eclipsó al entrar en la era global, al poco del derrumbe del imperio soviético. La pugna entre los dos grandes partidos, especialmente en las personas de Trump y Hilary Clinton, amenaza con llevar a Estados Unidos a un desgarramiento social y las comunidades de inmigrantes se vuelven clave en la lucha por el poder…
El desplegado suscrito por personalidades del mundo intelectual y literario, refleja la preocupación ante la actitud asumida por Trump, pero no es lo único. En el resto del Continente hay riesgos de violencia y salidas autoritarias. Hasta en España se deja sentir la impronta del autoritarismo en el contexto de las elecciones pendientes. Veamos algunos aspectos de México y Venezuela…
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“México: las rupturas del Presidente…”
Lo que no debió pasar, ocurrió. Por si no bastase con el rechazo generalizado de la ciudadanía a los resultados de gobierno y el malestar por la corrupción, violencia e impunidad que campea, Peña Nieto acaba de sumar otras rupturas. En 2012, buscando ampliar el escaso consenso logrado en las urnas, convocó a reuniones públicas y privadas. Una de ellas fue con la Iglesia Católica, a quien prometió no entrarle a ciertas reformas. Al abordar el matrimonio igualitario, sobrevino el desencuentro. ¿De quién fue la idea, teniendo un proceso electoral en puerta? No era el momento y el resultado fue más polarización…
El Presidente quedó atrapado en su propio juego y ahora no sabe cómo resolverlo. Un error siguió al otro y los empresarios le expresaron su desacuerdo con su expectativa económica, porque visualizan otro panorama que coincide con las críticas internacionales: las reformas no han cristalizado y adolecen de seguridad ante una delincuencia que opera casi con total impunidad…
Este es el escenario que tratan de resolver Beltrones, don Máximo, López Obrador y Margarita Zavala, en busca de la candidatura presidencial. Pasadas las elecciones del 5 de junio, aumentará el forcejeo entre ellos y habrá que ver si alguien más se suma con posibilidades reales. Con mayor razón si el PRI perdiese Veracruz y Puebla, como anticipan las encuestas. El acabose sería Aguascalientes. La estrategia maestra de don Máximo, gobernador de Puebla, consiste en el panismo tradicional liquide las aspiraciones de Manlio Fabio, lo que dejaría al PRI ante un cruce de caminos: entregarle el poder a Andrés Manuel o correr hacia Puebla para cobijarse…
El vacío de liderazgo presidencial es la ocasión para dos posibilidades: una opción democrática, pendiente del sentir ciudadano o una ‘mano dura’ que afronte y resuelva los problemas que Peña Nieto evade. El riesgo más delicado para el PRI estriba en que un presidente desdibujado y rebasado, lleve a la ciudadanía a otra alternancia en 2018…
“Los chavistas: el complot…”
El escenario continental refleja cuatro caras del autoritarismo: Populista, tecnocrático, delictivo y castrense. Un caso especial es Venezuela, que ha perdido a dos grandes aliados: Argentina y Brasil, aunque también son presa de inestabilidad. Tratando de liderar una revolución populista de corte bolivariano, que no de Bolívar, el chavismo despilfarró el futuro de Venezuela y ahora viene la tarea de configurar uno nuevo, dejando atrás la pesadilla del populismo…
Se está cumpliendo el peor escenario para el chavismo civil. Aterrado porque el repudio mayoritario de la ciudadanía le podría hacer perder el poder y fincarle responsabilidades judiciales, Nicolás Maduro ya es títere y rehén de un importante bloque militar. Las principales figuras, retiradas o en activo, tienen posiciones encontradas: a favor de un golpe militar que les permita controlar directamente el gobierno o respaldar el revocatorio exigido por la oposición…
El origen reside en una discrepancia al interior de las logias lautarinas castrenses, pues los partidarios de cada bando militan en logias distintas. El liderazgo de Hugo Chávez no sólo era fuerte, sino que además tenía ascendencia en las logias. Pero Nicolás Maduro, que emergió del ala civil chavista, no es del mismo calibre. Son los militares quienes han ganado terreno ante Maduro y van por el poder, con o sin él. La masonería civil, al menos en parte, manifestó su apoyo a la alternancia opositora…
No faltan los que sugieren observa con lupa lo que acontece en las logias lautarinas porque podría ser una estrategia pactada: mantener posiciones distintas para que, tratando de evitar un golpe castrense, la oposición se refugie en un militar para dividir al Ejército, neutralizar el golpismo y echar Maduro. De tal modo que, por vía del golpe de Estado o de la alternancia, uno de ellos asuma la Presidencia. Me parece un poco rebuscado pero hay que sopesarlo y, para despejar dudas, la oposición debe mantenerse en la línea de unificarse en torno a una candidatura civil. Esto obligará a los militares favorables al revocatorio a clarificar sus intenciones. Por lo pronto, los hechos apuntan a que sí hay divergencia en las filas de la masonería militar…
Una salida golpista por parte del Ejército es absurda en un movimiento que se diga ‘bolivariano’. Todo buen venezolano sabe que Simón Bolívar era contrario a los gobiernos militares. Hugo Chávez traicionó el ideal del Libertador al decantarse por una dictadura armada, la de él. Por si había alguna duda, ahora Nicolás Maduro hace lo mismo al quedar en brazos del sector duro del chavismo castrense…
Maduro parece estarse creyendo sus propias mentiras. Da por sentado que se fragua un golpe de Estado opositor con tal de justificar la violencia, cuando es al revés: es la cúpula del chavismo radical la que realmente conspira contra la ciudadanía. Las recientes prácticas militares se convirtieron en la mayor movilización armada chavista. Fue todo un mensaje para generar miedo en la sociedad y mermar el empuje opositor. Pero no deben caer en esa trampa. Al contrario: un entramado social fuerte neutraliza o contiene los efectos de la violencia…
Este es el momento en que el chavismo civil, especialmente los del MAS, deben asumir su responsabilidad. Si realmente no desean una dictadura militar, es la hora de hacer los deslindes y optar por el revocatorio. La comunidad internacional, en particular la OEA por la cláusula democrática, tiene que jugar sus cartas a favor de una solución pacífica que respete la decisión ciudadana en Venezuela. La situación es delicada…
El miércoles, los venezolanos volvieron a las calles para protestar, exigir el revocatorio y hacer saber al Ejército que no desean un golpe de Estado. La convocatoria la hizo Henrique Capriles al agravarse el desabasto de medicinas y alimentos. La ciudadanía se bate entre el temor a la violencia, las colas insufribles para conseguir algo o participar en las protestas. En contraste, los sondeos siguen registrando un mínimo de 70% a favor del revocatorio y un máximo de 85%. Los chavistas quieren posponer el revocatorio hasta después del 10 de enero de 2017 para que no haya elecciones y retener el poder. Venezuela experimenta una ruptura entre los chavistas, que son una minoría, y la mayoría que anhela una vida mejor. Paradójicamente el populismo autoritario se ha quedado sin el ‘pueblo’, convertido en una ciudadanía que libra una batalla digna de una manera muy noble…
Hasta entonces…
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