Ahora sí, no se siente lo duro sino lo tupido; es una expresión muy coloquial para referirnos a esa cruda realidad que no está ni spots televisivos, tampoco en los medios de comunicación y mucho menos en el discurso de un gobierno de la República ocupado en aceitar en estos momentos la maquinaria electoral en los diferentes frentes del país, dejando a un lado la cruda realidad social y económica que ya no golpea, sino que agujeró los bolsillos de muchas familias mexicanas.
Los temas de preámbulo electoral y campañas negras de argumentos ficticios, difícilmente tendrán un efecto demoledor, si el ciudadano frente a su mampara, a unos segundos de emitir su voto, recuerda que los 70 años de PRI aquí y en todo el país, siguen pesando como un grave lastre del que no podemos escapar, cuando la realidad ha superado a la ficción.
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En un análisis muy crudo, no de la realidad que solemos vivir quienes estamos pendientes del círculo rojo, se puede desprender que los ciudadanos de a pie, están más preocupados por solventar sus necesidades inmediatas, como empleo, alimentación, salud, vivienda, educación, que en comprender deudas, descalificaciones, berrinches protagónicos y simulaciones que poco sumarán en el próximo proceso electoral que está por iniciar.
Los candidatos se encuentran obnubilados y encerrados en una burbuja donde poco les ayuda rehuir a los temas que realmente impactan al bolsillo de los mexicanos y cuyo origen se encuentra en el desempeño y actuar del mandato que encabeza Enrique Peña Nieto.
La percepción hacia los gobiernos del PRI no es individualista; está ampliamente ligada al actuar de un Presidente emanado del tricolor, cuyos fallos, lo han dejado a la mitad del camino en todo lo que inicialmente propuso al asumir el cargo.
Sus hombres de confianza, han dado muestra de poca efectividad y falta de sensibilidad política que obliga a mirar el conjunto del actuar de un gobierno atizado por la corrupción y violencia que ha estallado en las diferentes zonas del país.
A ello, no podemos dejar de sumar, los artífices electorales que mueven los programas federales de un gobierno empeñado en ligar pobreza con elecciones.
Mientras mediáticamente se incrementa el desgaste de las confrontaciones, el PRI ha perdido de vista la calificación negativa que hoy le confieren los ciudadanos.
Ante la lastimosa realidad de una espiral inflacionaria que ha llevada a encarecer de manera alarmante los alimentos de primera necesidad, es indudable, que las encuestas, alianzas, desmentidos y estrategias, deja muy mal parado al partido político que hoy gobierna el país, pues la percepción política, ha sido rebasada por la percepción social.
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