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Miércoles, 13 De Mayo De 2026 | Puebla

OPINIÓN

Trump y la emergencia educativa

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Juan Martín López Calva

Doctor en Educación UAT. Tuvo estancias postdoctorales en Lonergan Institute de Boston College. Miembro de SNI, Consejo de Investigación Educativa, Red de Investigadores en Educación y Valores, y ALFE. Profesor-investigador de la Universidad Popular Autónoma del Estado de Puebla (UPAEP).

Lunes, Marzo 14, 2016

But we should care what the phenomenon of a Donald Trump says about us. He is our nation’s “Portrait of Dorian Gray,” the not-so-secret creation of our worst values. He confuses fame with accomplishment. He confuses personal wealth with personal worth. He confuses glitz with beauty. He confuses personal attacks with intelligent debate. He confuses prejudice with truth.

And for this, how do we punish him? Trump is running high in the polls for the Republican nomination for president.

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(http://chicago.suntimes.com/news/editorial-donald-trump-is-our-dorian-gray/ )

Los recientes acontecimientos de Chicago donde Donald Trump tuvo que cancelar un acto de campaña debido al enfrentamiento de grupos opositores contra seguidores hacen crecer aún más el debate en torno al fenómeno que representa este  precandidato republicano a la presidencia del país más poderoso de la tierra.

No voy a hacer aquí un análisis desde el ángulo de la política porque no es mi campo de especialidad, pero me parece importante hablar del éxito creciente de Trump como un símbolo de nuestros tiempos que plantea un enorme desafío para la Educación.

Desde este punto de vista no se trata de analizar el fenómeno Trump como el caso individual de un millonario excéntrico y sin formación que decide contender para la candidatura de un partido político. El tema es mucho más amplio porque implica no solamente elementos de una personalidad individual sino de su capacidad de convocatoria y convencimiento de millones de personas que se están sumando a apoyar su campaña y de la habilidad para generar la exaltación de los impulsos clasistas y racistas de todos esos ciudadanos dispuestos a votar por él para la presidencia.

Porque como dice la cita que tomo como epígrafe de este artículo lo que debería preocupar a los estadounidenses es lo que el fenómeno Trump dice de ellos como sociedad, por ser una especie de “retrato de Dorian Grey” de su nación, la “no tan secreta creación que surge de sus peores valores.

¿Por qué un discurso tan primitivo y falto de sustento tiene tal nivel de aceptación? ¿Cuál es la causa de que un personaje que promueve la exclusión y la destrucción de todos los que no piensan como él tenga tanta aceptación social?

Según plantean muchos analistas políticos, el caso del precandidato republicano no es único sino parte de un fenómeno preocupante a nivel mundial en el que el hartazgo que han producido los políticos y los partidos en la ciudadanía se vuelve terreno fértil para el surgimiento de propuestas que se presentan como alternativas independientes y ajenas a los políticos profesionales y sustentan su oferta en la negación radical de todo lo establecido.

Un discurso como el de Trump apela a las pasiones espontáneas más que al razonamiento informado de la gente, comunica con eficacia la ira, el descontento, la descalificación de todo lo que implica la pluralidad y la complejidad del mundo contemporáneo y se mueve por tanto en el nivel de las respuestas instintivas que nacen del impulso de supervivencia de determinados grupos y comunidades exaltando el rechazo a todos los grupos y comunidades distintas que se dibujan como amenazas.

Los candidatos con el perfil de Trump están surgiendo de este caldo de cultivo de la degradación de la política, la corrupción y la impunidad, lo preocupante es que, como dice también la cita con que se abre este espacio, aunque confundan la fama con el logro, la riqueza con el mérito, la ostentación con la belleza, los ataques personales con el debate inteligente y el prejuicio con la verdad no están siendo castigados por la sociedad sino premiados con una alta popularidad y aceptación.

Aquí está el gran desafío para la tarea educativa de nuestros tiempos. En una época en la que la crisis de la modernidad ha llevado a un rechazo al imperio absoluto de la razón y una recuperación del valor del mundo afectivo estamos llegando al extremo en el que las sociedades del siglo veintiuno están mostrando un desdén absoluto hacia la mínima racionalidad necesaria para construir escenarios inteligentes, razonables y responsables de convivencia y dejándose llevar por las pasiones y los estados de ánimo espontáneos e incluso por los instintos más elementales para tomar las decisiones trascendentes de su vida como es el caso de elegir a quien va a gobernar un país.

La Educación tiene que enfrentar este desafío y construir procesos en los que se desarrolle la inteligencia emocional necesaria para distinguir los sentimientos espontáneos de agrado o desagrado, las pasiones y pulsiones instintivas de los sentimientos profundos y estables que responden a la aprehensión de lo que vale la pena hacer para construir una vida personal y colectiva que pueda llamarse humana y eso pasa necesariamente por la inclusión del otro, la comprensión intersubjetiva e intercultural y la aceptación de la diversidad.

Ante fenómenos como el que Donald Trump representa, debemos asumir como una verdadera emergencia educativa la tarea de formar militantes de la inteligencia que sean capaces de contrarrestar estos fenómenos de retroceso a los estadios más primitivos de la convivencia humana.

 

He hablado de esta noción en otro artículo que pueden encontrar en esta liga: http://ladobe.com.mx/2014/09/militantes-de-la-inteligencia/

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