Católicos y no católicos, tirios y troyanos, debemos reconocer que desde antes de su llegada a México, el Papa Francisco hizo muchos milagros en beneficio de las personas que radican en la delegación Gustavo A. Madero, situada al norte de la ciudad de México; en los municipios de Ecatepec de Morelos y San Cristóbal de las Casas; así como en Morelia, capital del estado de Michoacán y en el municipio norteño de Ciudad Juárez.
Hasta antes de que se anunciara que el Papa Francisco visitaría esas localidades, éstas, como muchas otras del país, estaban prácticamente desatendidas debido a la negligencia de sus gobernantes.
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Calles sucias, paredes llenas de grafitis, pavimentos saturados de hoyancos, banquetas destrozadas, árboles descuidados, camellones inmundos, áreas verdes abandonadas y por si esas deficiencias no fueran suficientes para proyectar con precisión la ineptitud y la irresponsabilidad de la autoridades gubernamentales, muchos perros callejeros formaban parte, también, de la escenografía urbana.
La fisonomía de todos los sitios que visitó el Sumo Pontífice, se transformó sorpresivamente de la noche a la mañana. Lo que en muchos años no hizo por sus habitantes la bien cebada burocracia gubernamental, el Papa Francisco lo hizo milagrosamente en un instante.
Con este mágico cambio de imagen urbana, Mario Jorge Bergoglio alcanzó la jerarquía de santo milagroso. Santo de carne y hueso, no de tela ni yeso. Santo con ojos que miran, oídos que escuchan, boca que habla y cerebro que piensa y analiza. Santo singular.
En el antiguo Distrito Federal, la calzada de Guadalupe es una de las vialidades emblemáticas de la ciudad.
Esta vialidad lleva directamente a la basílica de Guadalupe. Constituye el principal acceso de peregrinos a ese centro religioso. Su equivalente, en la ciudad italiana de Roma, es la Via della Conciliazione que conduce, también directamente, a la basílica de San Pedro, en la ciudad del Vaticano.
La versión mexicana de esa importante avenida romana, fue el primer sitio que cambió en México su imagen con los milagros realizados por el Papa Francisco.
Las autoridades de la Ciudad de México rompieron su confortable modorra y los baches fueron reparados, las guarniciones pintadas, las luminarias rehabilitadas, los camellones se transformaron y para que el Papa Francisco viajara sin incómodos zarandeos fueron eliminados todos los topes amurallados que entorpecen cotidianamente la circulación de vehículos en las avenidas donde debía transitar el papamóvil.
De esta manera, el gobierno de Miguel Ángel Mancera pretendió engañar al inengañable Sumo Pontífice, al tratar, fallidamente, de hacerle creer que la colapsada capital del país, es una ciudad de primer mundo.
Donde, hipotéticamente, las autoridades se esmeran en conservan las avenidas, calzadas y calles en perfectas condiciones, lo mismo que las áreas verdes y el resto del mobiliario urbano. Donde, también, supuestamente, la basura es un elemento inexistente.
En Ecatepec de Morelos, el municipio más poblado del país, donde viven cerca de dos millones de habitantes, fue el acabose. A doce días de distancia de la visita papal, sus habitantes todavía no digieren el cambio fisonómico que produjo la visita del Sumo Pontífice en ese municipio del estado de México, donde fue fusilado José María Morelos y Pavón, el 22 de diciembre de 1815.
El gobernador y el alcalde, unidos bajo el común denominador de la simulación, hicieron ─aumentado y corregido─ lo mismo que el jefe de gobierno en la ciudad de México. Éstos, con el deliberado propósito que el Papa creyera que los ecatepequenses viven en Ecatepec como si vivieran en el mediterráneo reinado de Mónaco.
Pintaron de color blanco ─a manera de alfombra─ un tramo de la avenida principal. Efectuaron redadas de personas en situación de calle y de perros sin dueño. Con cargo al erario, bardas y fachadas de casas recibieron inesperados baños de pintura. Las guarniciones estrenaron pintura amarilla que contrastaba con el deteriorado estado físico de las banquetas. Pavimentaron calles.
Un vecino de Ecatepec, asombrado por la rápida e inesperada transformación que sufrió su habitual entorno, exclamó ¡Dios estuvo en Ecatepec para hacer en un momento, lo que en muchos años no hizo el gobierno! Remató con un ¡Bendito sea el Señor!
En el aeropuerto de Tuxtla Gutiérrez, donde Francisco Bergoglio efectuó una escala para abordar el helicóptero del Estado Mayor Presidencial que lo condujo a San Cristóbal de las Casas.
En ese sitio, lo esperaban de doscientas o doscientas cincuenta alumnas de educación básica, que estrenaron, por cuenta de la hacienda pública, coloridos y vistosos vestidos regionales que llamaron la atención del huésped religioso.
Las calles de la ciudad, donde hace veinte años surgió la rebelión indígena, encabezada por el Ejército Zapatista de Liberación Nacional, lucieron notoriamente aseadas. Las fachadas de sus viviendas y establecimientos comerciales fueron pintadas, lo mismo que los troncos de sus árboles. Fue un fenómeno óptico inusual en esa región de los Altos de Chiapas, donde se asientan dos importantes grupos étnicos; el tzeltal y tzotzil, que aún conservan, inalterables, sus tradiciones y costumbres.
Sin embargo, ese maquillaje gubernamental no fue suficiente para ocultar al Papa la ancestral pobreza que padece la población indígena de la región alteña chiapaneca.
Morelia no fue la excepción de la simulación oficial que se desplegó para impresionar al Papa Jorge Mario Bergoglio.
La gira eclesial del Sumo Pontífice concluyó en Ciudad Juárez. La escenografía montada por las autoridades chihuahuenses, no difirió sustancialmente de las anteriores.
Al oficiar la misa programada para el reclusorio juarense, el Papa contó con la presencia de doscientos reclusos, que, por su buena conducta, fueron seleccionados para asistir a la misa que ofició el Sumo Pontífice. La totalidad de estos internos, a diferencia de los reos de la cárcel neolonesa de Topo Chico, vestían uniformes y zapatos tenis nuevos. Los estrenaron para lucirlos en tan solemne ocasión.
Vistos, por propios y extraños, los inocultables milagros realizados por el Papa Francisco, ahora, son muchos los mexicanos que desean que las desatendidas comunidades y olvidados barrios donde radican fueran visitadas por el milagroso jefe del Estado Vaticano, para cambiar su aspecto.
Además de la transformación visual que generó involuntariamente en los lugares que visitó el milagroso Sumo Pontífice, aunque no habló de los curas pederastas ni de las violaciones a los derechos humanos que se cometen en México, dejó varios mensajes que deben ser motivo, no solo de reflexión, sino de acción y cambio de actitudes.
En el Palacio Nacional, el Papa dijo al presidente Peña Nieto y sus invitados, que
“La experiencia nos demuestra que cada vez que buscamos el camino del privilegio o beneficio de unos pocos en detrimento del bien de todos, tarde o temprano, la vida en sociedad se vuelve un terreno fértil para la corrupción, el narcotráfico, la exclusión de las culturas diferentes, la violencia e incluso el tráfico de personas, el secuestro y la muerte, causando sufrimiento y frenando el desarrollo.”
Más adelante dijo que “no solo es un asunto de leyes que requieren de actualizaciones y mejoras ─siempre necesarias─, sino de una urgente formación de la responsabilidad personal de cada uno. Es una tarea que involucra a todo el pueblo mexicano en las distintas instancias tanto públicas como privadas.”
En la Catedral de México, refiriéndose obviamente a la opacidad con que trabaja la iglesia católica del país, dijo a los obispos “Sean obispos de mirada limpia, de alma trasparente, de rostro luminoso.”
“No tengan miedo a la transparencia. La Iglesia no necesita de la oscuridad para trabajar.”
“Una mirada de singular delicadeza les pido para los pueblos indígenas y sus fascinantes, y no pocas veces masacradas culturas.”
“Les ruego no caer en la paralización de dar viejas respuestas a las nuevas demandas”
En Ecatepec convocó a “primerear en todas las iniciativas que ayuden a hacer de esta bendita tierra una tierra de oportunidad. Donde no haya necesidad de emigrar
para soñar, donde no haya necesidad de ser explotado para trabajar, donde no haya necesidad de hacer de la desesperación y la pobreza de muchos el oportunismo de unos pocos”
En San Cristóbal de las Casas, dirigiéndose a las diversas comunidades indígenas, señaló que “muchas veces, de modo sistemático y estructural, vuestros pueblos han sido incomprendidos y excluidos de la sociedad. Algunos han considerado inferiores sus valores, sus culturas y sus tradiciones. Otros, mareados por el poder, el dinero y las leyes de mercado, los han despojado de sus tierras o han realizado actividades que las contaminan”
Reunido con jóvenes en Morelia, advirtió que “La principal amenaza es creer que por tener un carro sos feliz. La principal amenaza a la esperanza es hacerte creer que empiezas a ser valioso cuando te disfrazas de ropas, marcas, del último grito de la moda, o cuando te volvés prestigio importante por tener dinero”
Sugirió a los jóvenes que “Cuando todo les parezca pesado y piensen que el mundo se les viene encima, no se permitan permanecer caídos. En el arte de ascender, el triunfo no está en no caer, sino no permanecer caído. No se permitan permanecer caídos nunca.” Remarcó el Papa Francisco.
Como punto final de su estancia en el país, al visitar el penal de Ciudad Juárez, Jorge Mario Bergoglio, puntualizó que “La reinserción social comienza insertando a todos nuestros hijos en las escuelas, y a sus familias en trabajos dignos, generando espacios públicos de esparcimiento y recreación, habilitando instancias de participación ciudadana, acceso a los servicios básicos, por nombrar solamente algunas medidas. Ahí empieza todo proceso de inserción.”