Uno de los grandes retos en el desarrollo de la política educativa, es la concreción de las propuestas en la realidad educativa. Una y otra vez aparecen programas, proyectos, discursos, que plantean un escenario general a atender, pero cuando se pone en práctica, a medida que se va acercando a las escuelas y a las aulas, sufre una metamorfosis que mucha de las veces no concuerda con lo planteado.
La educación es un proceso social en el cual intervienen personas con diversos intereses, aspiraciones, formaciones y culturas específicas, que no necesariamente tienen los mismos propósitos. Muchas veces prevalecen los intereses particulares sobre los colectivos.
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En esta semana, las declaraciones del Secretario de Educación del país han acaparado los medios de comunicación, lo que ha desatado muchas controversias, lo cual desde mi punto de vista, son necesarias e interesantes.
Poner a la escuela al centro no es novedoso, muchas investigaciones educativas lo han planteado como un punto fundamental para lograr la calidad educativa, junto con los alumnos y sus necesidades de aprendizaje.
Nadie cuestiona la necesidad de hacerlo, pero si no se toma en cuenta la evidencia empírica, los resultados de investigación educativa y la experiencia acumulada de las maestras y maestros, se duda de una buena implementación y suena nuevamente como un discurso político más. No se inserta dentro de esas propuestas la formación permanente de los maestros, un modelo educativo congruente con las necesidades sociales actuales de los alumnos ni las estrategias encaminadas a mejorar la enseñanza y los aprendizajes en las escuelas del país.
De pronto pareciera que lo que se ha realizado: las evaluaciones de los maestros y de los alumnos, las condiciones estructurales de las escuelas que presentó el censo realizado y la consulta nacional para un nuevo modelo educativo no ha sido tomadas en cuenta para tomar decisiones fundamentadas dentro de la política educativa. Tampoco se menciona que exista una interlocución con los académicos e investigadores educativos que mucho tienen que aportar, menos aún con los docentes frente a grupo, que al final de cuentas son los que llevan a cabo las acciones.
Llama la atención que después de mencionar que no se les pagará a los maestros comisionados del sindicato, se plantee una nueva estructura para las escuelas primarias: de 10 grupos o más con la figura de un subdirector académico y para las que tiene 6 o más grupos la del subdirector de gestión escolar, además de los profesores de grupo. Idealmente, se piensa en contar con el de educación física, de artística, de inglés, de taller de lectura y escritura, apoyo a la educación, apoyo administrativo e intendente y que la figura del subdirector de gestión escolar recaerá en los maestros que estaban comisionados en el sindicato.
Sin duda, las profesoras y profesores de educación primaria se alegrarán de que se hable de ello, pero cuando se piensa en la puesta en práctica, es cuando empiezan a surgir los cuestionamientos.
¿Los subdirectores serán elegidos por concurso? ¿Se les aplicará un examen de selección? ¿Con qué presupuesto se les pagará? ¿Qué con las escuelas que tienen menos de 10 o menos de 6 grupos? ¿Y las pequeñas escuelas rurales, indígenas, multigrados o urbanas marginales? Si ahora son pocas las escuelas que cuentan con profesores de educación física, inglés, artísticas, nuevas tecnologías inclusive intendente y apoyo administrativo ¿cómo es que se logrará implementar?
Se menciona también como importante la autonomía de las escuelas, cuando precisamente este gobierno ha centralizado muchas de las decisiones en materia de educación a través del control político administrativo.
El caso de la participación social es otro punto central para reflexionar, dado que precisamente es en esta administración en donde no se ha dado el apoyo necesario a los proyectos relacionados con su funcionamiento. Además, si se plantea que en el financiamiento para las escuelas intervendrán los Consejos de Participación Social en donde serán los padres de familia y docentes quienes serán los encargados de vigilar los gastos, mantener la transparencia y la rendición de cuentas, el asunto se torna complicado y se requiere de análisis más cuidadoso y de estudios de impacto que tomen en cuenta las repercusiones.
¿Qué pasará dónde no hay Consejos? ¿Y dónde los Consejos son nombrados a modo para cumplir con la exigencia administrativa? Hay que tomar en cuenta quiénes serán los proveedores que buscarán ser los que atiendan las compras en las escuelas, pienso que se deja a la escuela muy vulnerable y le quita a la participación social su papel como organizadora y articuladora de las acciones de la escuela con la comunidad.
Otro punto importante es el de la confianza en las maestras y maestros ¿por qué no revisar entonces los resultados tanto de operación como pedagógicos de la puesta en marcha del servicio profesional docente para retroalimentar los aciertos y rectificar las fallas? ¿Acaso no se puede modificar o renovar la ley?
Evaluar para mejorar dice el eslogan; entonces ¿qué esperamos para aplicar criterios de equidad en los procesos educativos del país? Más a las escuelas, maestros y alumnos que menos tienen, apoyos al aprendizaje con los mejores maestros, que reciban mejores salarios por trabajar en las escuelas alejadas y marginadas, que las escuelas más pobres cuenten con óptima condiciones tanto de estructura como de planta docente y directiva, que se flexibilice el calendario y la jornada escolar pero de acuerdo a las necesidades de contexto de cada escuela (niños jornaleros, migrantes, tiempos de siembra y cosecha etc.)
Que se eliminen la cantidad de programas de todo tipo que desarrollan en las escuelas y que distraen a los maestros del tiempo dedicado al aprendizaje y en aquellos programas educativos que pueden desarrollarse transversalmente, pilotear con los maestros como lo están desarrollando, qué aportan , que problemas, cómo se puede mejorar etc. Atraer la mirada a lo que viven cotidianamente los maestros en las escuelas es básico para tomar decisiones relevantes de política educativa.
Poner al centro a la escuela es poner el acento en la mejora de los aprendizajes de los alumnos y en la mejora de los procesos de enseñanza de los maestros, todo aquello que repercuta en ambas cosas seguramente será relevante, pertinente eficiente y eficaz.
Ojalá y las reglas de operación de estos seis puntos planteados sean las necesarias para contribuir en ello, esperemos el proceso.