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Jueves, 14 De Mayo De 2026 | Puebla

OPINIÓN

Campañas presidenciales prematuras

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Raúl Espejel Pérez

Ha colaborado como articulista en la revista Jueves de Excélsior, El Universal de México, El Universal Gráfico, El Universal de Puebla, El Día, Nueva Era de Puebla y la revista Momento de Puebla (versión impresa y digital).

Martes, Enero 5, 2016

El fin de la era del régimen del presidencialismo único ocurrido al término del proceso electoral del año 2000, fue el parteaguas entre dos procedimientos para designar a los candidatos presidenciales.

Antes de ese año, la contienda electoral se iniciaba, de hecho, hasta el momento en que el PRI daba a conocer el nombre de la persona que Presidente de la República designaba a quien habría de sustituirlo en la primera magistratura del país.

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Cumplido ese ritual, los partidos procedían a designar a sus respectivos candidatos presidenciales.

Seis años más tarde, desaparecida esa liturgia, los partidos políticos fueron rebasados por quienes considerándose con posibilidades de obtener la candidatura presidencial inician, prematuramente, su campaña de proselitismo para obtenerla.

Esta nueva forma de buscar con mayor antelación la codiciada postulación, ha propiciado que surjan infinidad de aspirantes a la Presidencia de la República.

Hay, uno, Andrés Manuel López Obrador, que desde hace nueve años, ininterrumpidamente anda en campaña buscando la candidatura presidencial. En 2006 y 2012 la obtuvo exhibiendo plenamente su conocida y arraigada vocación autócrata. El PRD aceptó sumisamente la imposición del Pejelagarto López.

En 2018 la impondrá como es su costumbre. Pero ya no al PRD, sino a la franquicia electoral de su propiedad, que bautizó con el nombre de Partido Movimiento de Regeneración Nacional (Morena).

Además de López  han surgido otros prospectos cuando faltan más de tres años  para la elección presidencial de 2018.

Hace alrededor de dos años que el gobernador de Puebla, Rafael Moreno Valle Rosas; el gobernador del estado de México, Eruviel Ávila Villegas (creyéndose el sucesor lógico de Peña Nieto) y el jefe del Gobierno del Distrito Federal, Miguel Ángel Mancera Espinosa, andan desaforados en campaña de proselitismo.

El Peje López es un caso que se cuece en otra fogata. Creyendo religiosamente en la infalibilidad del refrán que dice que el que persevera alcanza, se desbarata por ocupar ese cargo desde hace quince años.

Otros, discretos o menos torpes que Moreno Valle, Ávila Villegas, Mancera Espinosa y López Obrador, como Manlio Fabio Beltrones, Luis Videgaray y el delfín de Peña Nieto, Aurelio Nuño, han tenido el cuidado de mantener semi  oculto su deseo de competir en la elección presidencial de 2018.   

Cuando de buscar la candidatura presidencial se trata, los aspirantes a obtenerla no se detienen ante nada ni ante nadie. Recurren a cualquier cosa, incluso a utilizar a la familia como instrumento mediático.

Es el caso del gobernador Rafael Moreno Valle.

Este servidor público no desaprovecha la menor oportunidad que se le presenta para que lo retraten, acompañado de su esposa Martha Érika Alonso Hidalgo, abrazando y besuqueando a cuantas ancianas y niños le ponen enfrente  ─por indicaciones de sus asesores de imagen─  en eventos públicos patrocinados por el gobierno que él encabeza.

Incluso, con vista a las elecciones de 2018, Rafael Moreno consiguió imponer a su cónyuge como secretaria general del comité ejecutivo estatal del PAN. Esto a pesar que la señora Moreno, carece de la menor experiencia política que garantice un desempeño medianamente razonable en ese importante cargo partidista.

Pero más desenfrenado que el gobernador de Puebla, está el jefe de gobierno del Distrito Federal, Miguel Ángel Mancera. Este aspirante a la presidencia, está más desbocado que un caballo loco fuera de su caballeriza.

Su administración gubernamental, iniciada hace tres años, es un desastre.

Autorizó la elevación de las tarifas del transporte público de pasajeros (microbuses y Metro) con la promesa que mejoraría la calidad del servicio en beneficio de los usuarios. Esta promesa no se ha cumplido. Desde que Mancera ocupa la jefatura de gobierno del D. F., el transporte público de pasajeros está peor que antes.

Todos los microbuses llegaron al final de su vida útil hace más de veinte años. Convertidas en auténticas carcachas circulan en las calles y avenidas del Distrito Federal con la anuencia cómplice del gobierno que encabeza Miguel Ángel Mancera.

Anuencia que no es gratuita, sino bien remunerada por los propietarios de esos botes con ruedas.

El Metro ─otrora eficaz medio de transporte colectivo de pasajeros─  es también otro desastre. Desde que llegaron al gobierno capitalino los perredistas Cuauhtémoc Cárdenas, la ex izquierdista y ahora colaboradora del presidente Peña Nieto, la neo priista Rosario Robles Berlanga; Andrés Manuel López Obrador; Alejandro Encinas; Marcelo Ebrard y Miguel Mancera, el Metro no ha  recibido mantenimiento de ninguna especie.

A Mancera le hizo crisis el problema, porque en vez de dar mantenimiento preventivo a los trenes existentes e incrementar la cantidad de éstos para atender la demanda de un creciente número de pasajeros, la disponibilidad de este medio de transporte ha disminuido 33%, porque la tercera parte de las unidades está fuera de servicio por descomposturas de diversa índole.

Por si ese desastre fuera poca cosa, hace pocos días se derrumbó una de las escaleras de la estación del Metro Nativitas de la Línea 2. Ocho o diez de las veinticuatro estaciones de esa línea se encuentran en riesgo de sufrir un percance semejante. Y Mancera, tranquilo, metido de lleno en su desenfrenada campaña proselitista.

En las calles, avenidas y calzadas de todas las colonias de la ciudad de México, sin considerar las delegaciones rurales de Xochimilco y Milpa Alta, existen más de cien mil baches que no han sido reparados desde hace más de dos años. Por negligencia del gobierno de Mancera esta cifra aumenta diariamente.

El problema de la inseguridad pública se ha incrementado en asaltos a transeúntes y cuentahabientes de instituciones bancarias, así como a usuarios del servicio de transporte público de pasajeros. Lo mismo han aumentado los robos a casas habitación. La presencia del narcotráfico en diversos puntos de la ciudad es evidente, sobretodo en actividades de narcomenudeo. Y Mancera tranquilo, metido en su burbuja.

La corrupción es ostensible en todas las áreas policíacas y en diversas oficinas del gobierno central y en las delegaciones políticas. Los cambios de uso de suelo que sirven para el funcionamiento de antros y establecimientos comerciales se cotizan

como mercancía de uso común. Las denuncias ciudadanas nunca llegan a buen término.

No obstante que el gobierno del Distrito Federal tiene la mayor recaudación fiscal del país, carece del material indispensable para reparar fugas en el sistema hídrico de la ciudad. A falta de tubería nueva, los trabajadores tienen que comprar con dinero de ellos cámaras de hule de desecho automotriz para remendar las partes dañadas y evitar las fugas de agua.

Antes de pensar en la candidatura presidencial, Mancera debería cumplir con su obligación de atender los problemas anteriormente señalados. Que no son todos, sino una parte de la problemática que aqueja al Distrito Federal y sus habitantes.

De no hacerlo, Miguel Mancera estará más lejos de la postulación que anhela, que el sol del planeta Tierra.

Sin embargo, con la idea de crear un capital político que le ayude, primero, a obtener la candidatura  presidencial, ya sea por el PRD o cualquier otro partido político y en última instancia de manera independiente, y posteriormente que lo impulse hacia la Presidencia de la República, Mancera, utilizando fondos públicos del gobierno del D. F., realiza diversas actividades proselitistas disfrazadas de programas gubernamentales.

Un día sí y otro también, a Mancera se le ocurre cerrar, arbitraria e ilegalmente, la avenida Paseo de la Reforma, que es históricamente la más importante y emblemática de la ciudad de México (construida entre los años 1864 y 1866 por indicaciones del emperador Maximiliano de Habsburgo) para realizar actividades de corte populista, como paseos en bicicleta, impartición de clases de yoga, maratones y eventos musicales.

Estas actividades que entorpecen la vida de la ciudad,  pueden efectuarse, sin causar molestias a nadie, en los sitios que existen para esos fines, como el Bosque de Chapultepec, la Ciudad Deportiva y el Auditorio Nacional.  Pero no, Mancera trata de que todo mundo se percate que anda muy activo en su  campaña política.

Sin que nadie pueda frenar su desmedido y enloquecedor propósito de ganar adeptos electorales, la Plaza de la Constitución, donde se asientan el Palacio Nacional, el Palacio del Antiguo Ayuntamiento y la Catedral de México, Mancera la convirtió en parque de béisbol, con césped y tribunas.

Bajo el influjo de la paranoia electorera que lo ha hecho perder irremediablemente el sentido de la orientación y la capacidad de raciocinio, Miguel Ángel Mancera, dilapida ─indebida e irresponsablemente─ fondos públicos, repartiendo cunas para niños recién nacidos, organizando cenas navideñas callejeras para transeúntes y obsequiando  pollos y pavos para la cena de año nuevo.

En el punto álgido de su locura, Mancera pretende ganar la simpatía ─y el voto, llegado el caso,─ de la población católica, al comprometerse a instalar, en plena Plaza de la  Constitución, una réplica de la Capilla Sixtina de la basílica de San Pedro, en la ciudad del Vaticano, con motivo de la próxima visita a México del Papa Francisco (Jorge Mario Bergoglio).

Esta decisión, descaradamente convenenciera y electorera de Miguel Mancera costará una millonada de pesos a los capitalinos que pagamos impuestos al gobierno del Distrito Federal. No se sabe si esto pueda beneficiar políticamente a Mancera, pero lo que de antemano se sabe es que ocasionará una elevada e innecesaria erogación de dinero público.     

Pero, desde el particular punto de vista de Mancera, todas las artimañas son válidas con tal de satisfacer su ambición personal de sentarse seis años en el sillón presidencial.

Aunque esto sirva únicamente para hundir más a México en el abismo y a Mancera para enriquecerse con los fondos públicos.

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