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OPINIÓN

Vis a vis

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Fidencio Aguilar Víquez

Es Doctor en Filosofía por la Universidad Panamericana. Autor de numerosos artículos especializados y periodísticos, así como de varios libros. Actualmente colabora en el Centro de Investigación Social Avanzada (CISAV).

Lunes, Diciembre 14, 2015

Es impresionante cómo una institución de pretensiones democráticas, como el OPLE local, pueda quedar mellada por el capricho de un representante partidario. Se trata de Jorge Luis Blancarte Morales quien acusa a quien esto escribe de rendir “información falsa en el oficio que me fue notificado, toda vez que se contradice con lo acordado por el Consejo General”. Eso no es lo peor, lo que está de discutirse en una sociedad democrática es que la instancia interior de investigar se haya ido por las ramas y en su conclusión haya tomado la premisa del acusador: “se desprende que se rindió información incorrecta e imprecisa por parte del entonces Presidente del Comité de Transparencia”. ¿No se habrán reunido el representante y el responsable de redactar el documento para que éste escribiera lo que le dictaba aquél?

Una segunda acusación del belicoso representante es que, por acudir a la entrevista al INE el 7 de octubre, dentro del procedimiento para la integración del nuevo consejo general, “acudió a la ciudad de México Distrito Federal, en específico a las instalaciones del Instituto Nacional Electoral, para atender un asunto particular, relativo a la entrevista que le formularon tres Consejeros Electorales del Consejo General del Instituto Nacional Electoral, dentro del procedimiento para la selección y designación de Consejeros electorales del Organismo Público Electoral en el Estado de Puebla; dado el interés personal del funcionario señalado para participar en dicho proceso de selección.” Y luego que no pedí permiso a mi “superior jerárquico” y que no estuve sentado en mi cubículo.

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El contralor interno, después de una ardua, metódica y sesuda investigación, llega a la siguiente conclusión (juzgue el lector la sintaxis): (respeto de mi persona) “acudió a la ciudad de México Distrito Federal, en específico a las instalaciones del Instituto Nacional Electoral, para atender un asunto particular, relativo a la entrevista que le formularon tres Consejeros Electorales del Consejo General del Instituto Nacional Electoral, dentro del procedimiento para la selección y designación de Consejeros Electorales del Organismo Público Local Electoral en el Estado de Puebla; dado el interés personal del funcionario señalado para participar en dicho proceso de selección”. Como podrá ver el lector se trata de a misma sintaxis; sólo que una es una acusación y la otra una conclusión, un acuerdo. Y sigue: “toda vez que la inasistencia a sus labores en el Instituto Electoral del Estado, (…), no contó con la autorización expresa del superior jerárquico, de tal forma se presume que el funcionario señalado ha vulnerado lo establecido por la Normatividad…”. ¿No habrá sido la misma persona quien escribió esto?

La integración del OPLE no es un asunto de interés privado, sino de máximo interés público, al grado que se pueden apreciar todos los hilos de una dinámica no sólo de conocimientos y habilidades sino de injerencias y acuerdos políticos. Al final de mi entrevista el propio Marco Antonio Baños lo señaló. Ello refleja el interés público. Además, para ser claros y precisos, ninguno de los que acudió a las entrevistas y que eran funcionarios del instituto en ese momento, contaron con “autorización expresa de su superior jerárquico”, puesto que no hubo una sesión del consejo general que determinara que podían acudir a dichas entrevistas. Simplemente porque, a mi modo de ver, no era necesario ni funcional ni correcto. ¿A poco para acudir a una conferencia sobre temas electorales, o a un seminario, curso o taller, necesita el consejo general tomar un acuerdo para autorizar dichas asistencias? Vaya, ni en el INE ocurre eso (y dudo que en los treintaiún Oples restantes ocurra esa “autorización expresa”).

En realidad al representante mencionado le disgusta la literatura y montó en cólera cuando se enteró que existía un libro intitulado “La verdadera historia del gordito anaranjado y su representación en las instituciones electorales” firmado por un pseudónimo, Fantasma de Radiopasillo. La biblioteca que lo albergaba era la del recuerdo, la aventura y la imaginación. Es decir: pura ficción. Pero nadie tiene la culpa de que no le guste la ficción. ¿Le gustará más leer de realidades? Ahora entiendo por qué el Jotajota no se lo llevó de secretario general a Cholula y por qué, en otro momento, lo quitó de la suplencia de su escaño por no haber llegado a una sesión del congreso donde se votaron temas que, supuestamente, le interesaban a su partido. Yo por lo pronto seguiré leyendo (y escribiendo) la ficción. El capítulo perdido, por cierto, de esa historia ya apareció (espero contársela en la siguiente entrega), se llama “Contubernio”, y ciertamente el personaje central es… No, espérese, amable lector, se lo contaré en la siguiente.

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