Durante los últimos meses, las posturas en torno a la reforma educativa y en especial, lo relacionado con la evaluación de los maestros han estado como parte de las noticias diarias, desgraciadamente la mayoría centradas en el despliegue de fuerzas de seguridad y en los enfrentamientos con los maestros inconformes.
Estoy de acuerdo con lo que escribe Pedro Flores Crespo en cuanto al tono que se ha imprimido en los discursos recientes: “el maximalismo parece ser el tono que hemos discutido la reforma recientemente”. La argumentación, el debate y la escucha deben de recuperarse si queremos lograr lo que en discurso se expresa: mejorar los aprendizajes de los alumnos y alumnas mexicanos.
Más artículos del autor
La amenaza constante a los maestros en el discurso oficial, no logra más que exasperar los ánimos y no atiende las necesidades que se van presentando en la aplicación de presentación de exámenes. Cuando entiendes que esto forma parte de ciertas aspiraciones políticas y no de un proceso educativo, hay que seguir insistiendo en defender los espacios que corresponden a la educación pública en este país.
He cuestionado en anteriores colaboraciones la premura con la que se ha aplicado la ley relacionada con el servicio profesional docente. Si este hubiera sido un ejercicio de piloteo de instrumentos con maestros que se inscribieran libremente en esta evaluación, otra sería la actitud de los maestros y seguramente también, otros los resultados. Como siempre, son otros los tiempos y los propósitos de las autoridades y de los políticos, de ahí la urgencia en la realidad presente.
Aún así, considero que si ya se está realizando, hay tareas pendientes que hacer, si realmente se quiere mejorar la operatividad de estos exámenes.
Este no es un tema de quien pude más, de quien logra más seguidores, de quien amenaza más o de quien tiene la “tutela” de los profesores, es un tema si de discusión, pero sobre todo, de diálogo y de propuesta. Los discursos incendiarios no lograrán la participación real de los maestros en este y los otros procesos que necesariamente incluyen una reforma educativa.
Los maestros y las maestras de este país son lo suficientemente capaces y libres para decidir cómo, cuándo y dónde evalúan sus competencias, espero que tanto las autoridades locales y federales tomen en cuenta las enorme oportunidad que tienen de conocer cuáles son las competencias profesionales que tienen los maestros, cuáles tienen que mejorar y cuáles tienen que desarrollar. Sólo así, empezará a tener sentido educativo este procedimiento.
Reprobarlos, quitarles el empleo, denostarlos ante la sociedad ¿en que beneficia a la educación en México?