Cuando en 1995 Christopher Lasch publicó ‘La rebelión de las élites’, no imaginó que su libro reflejaría la otra cara de ‘La sociedad despolitizada’ de Nicolás Tenzer, fechada cinco años antes. Lasch no menciona a Tenzer. Su referente es ‘La rebelión de las masas’ de José Ortega y Gasset. Pero la obra de Lasch se vincula con ambos. La tesis de Lasch fue que, con la llegada de la era global, se superaba una concepción como la de Ortega y Gasset. Terminaba la etapa de las rebeliones de masas e iniciábamos la relativa a las élites. En el tránsito, la democracia se encontraba “a dos fuegos”: de un lado las masas y del otro las élites de profesionistas y directivos. La mayoría ciudadana no era ni lo uno ni lo otro, pero se hallaba en peligro de ser traicionada por los dos bandos. Para entender mejor lo que hoy vemos, hay que partir de esas perspectivas…
Desde mediados del siglo XX, algunos autores enfocaron un fenómeno inédito en la democracia contemporánea y le llamaron ‘despolitización’. Se trataba del rechazo de los ciudadanos contra los políticos, de tal modo que podrían generarse efectos extremos: un abstencionismo elevado o una votación abultada para castigar a los malos gobernantes. Asimismo, partidos y gobiernos eran presa del cortoplacismo. Lo inmediato se imponía sobre lo importante y los valores. Para 1990, Nicolás Tenzer se percató del cumplimiento de lo anterior, desembocando en una paradoja: los problemas más acuciantes de la sociedad sólo podrían resolverse con la política que era rechazada por los ciudadanos. Como cuando los niños rechazan la medicina que los va a curar…
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“Quiebra de valores y ruptura social…”
A Lasch le inquietaban dos cosas: el debilitamiento de los valores o el franco abandono de ellos por parte de las élites en cuestión, y la ruptura entre dichas élites y las clases medias donde se concentraba la mayoría ciudadana. Profesionistas y directivos rompían vínculos y lealtades con aquella en detrimento de la unidad local y nacional, derivando en una confrontación entre la meritocracia y el humanismo. Lasch veía con preocupación que las élites se decantasen por el poder tecno-económico…
El autor murió al poco de haber terminado su libro, un año antes de que estuviese en circulación. No hubo tiempo para debatir con él, aunque sí lo hicieron seguidores y detractores. Me parece que pasaron por alto el hilo conductor entre él y Tenzer. Tal vez ni ellos se percataron de que sus ideas eran dos caras del mismo escenario global…
“La despolitización como bifurcación…”
Si lo vemos bien, la propuesta de Tenzer conduce a dos desenlaces que pueden alternarse o mezclarse. El abstencionismo, como forma de protesta y descalificación hacia los políticos, puede convertir a la democracia en un asunto de élites. Es verdad que un proceso deslegitimador podría echar abajo a un gobierno, pero también es posible que no y que a la propia élite le importe poco la falta de legitimidad y de consenso. Pero hay algo que ni Tenzer ni Lasch visualizaron en sus libros de entonces: la aparición de las redes sociales. Ellas podrían impulsar la participación en su sentido positivo o como castigo…
“La pequeña Venecia…”
Lo vivimos en la elección presidencial argentina y el próximo domingo toca el turno a Venezuela, aunque se trata de su Asamblea Nacional. La oposición ha intentado llamar a la participación en las urnas con tres objetivos: castigar los malos manejos y pésimos resultados del chavismo; arrebatarle el control de la AN a Maduro y a Cabello para acotar la permanencia en el poder; y, tercero, enfilarse a la conquista de la presidencia del país. Desde la AN, los opositores buscarían marcar el rumbo del país y hacer contrapeso a Maduro en lo que es desplazado del poder…
En ese contexto, ocurrió el asesinato de Luis Manuel Díaz, de Acción Ciudadana, aunque algunos afirman que la verdadera intención era asesinar a Lilian Tintori, esposa de Leopoldo López. Al margen de lo anterior, lo cierto es que quien genere violencia pretende atemorizar a los electores con la idea de que no asistan a votar. El hartazgo de los ciudadanos venezolanos es ‘la espada de Damocles’ sobre el chavismo. Venezuela ha entrado en la recta final para saber si su democracia va a derivar en una disputa de élites o en una fiesta participativa…
Erosionado el consenso y la legitimidad del gobierno, se quiere fracturar el de la oposición. Con la violencia, la élite en el poder intenta que los ciudadanos dejen sola a la élite opositora frente al aparato de Estado. Las encuestas anticipan una estrepitosa derrota para el chavismo. Esto es lo que hace temer el uso desbocado de la violencia el día de las elecciones. Maduro se ha resistido a la presencia de observadores, pero no los ha podido librar del todo…
“Al borde del estallido social…”
El viernes y todo el fin de semana, le fue mal a Maduro. Haber dado dos versiones contrapuestas sobre el asesinato de Luis Manuel Díaz, fue el colmo. El que las voces disidentes hayan descubierto que el presunto asesino está vinculado al gobierno, agravó su situación internacional. El sábado, el suministro de productos básicos colapsó. Hay movimientos de resistencia en muchas poblaciones que sólo desean tener algo para comer, mientras Maduro culpa a los especuladores y amenaza con encarcelarlos. No quiere aceptar que lo dramático es que no hay qué comer ni con qué especular. La oleada delictiva ha desbordado a las autoridades y campea la impunidad. A diario hay tiroteos, robos y asesinatos. De llegar la oposición unificada a las urnas, se antoja difícil que el chavismo salga victorioso…
Las voces de los aliados geoestratégicos del gobierno venezolano, se han ido apagando. Saben que la situación es insostenible. Las condenas al asesinato del político opositor fueron una andanada. Mariano Rajoy repudió lo ocurrido y el PSOE responsabilizó a Maduro de ocurrirle algo a Lilian Tintori. También le tundieron Argentina, Brasil y Chile, al igual que muchos países. Entre izquierdas y derechas no cabe el silencio ante un crimen tan cobarde. El que los sobrinos de Maduro hayan aceptado un acuerdo por las acusaciones de narcotráfico, indica que los Estados Unidos contarán con información privilegiada sobre los nexos con el crimen organizado…
“La cosmovisión del conflicto…”
La Modernidad condujo a luchas dialécticas y la de izquierdas y derechas fue una de ellas. La configuración del mundo bipolar luego de la Segunda Guerra Mundial, fue otra. El ascenso de una ciudadanía global cada vez más crítica y exigente con los políticos ha puesto en jaque a la cosmovisión dialéctica. La exigencia de gobiernos con resultados benéficos choca de lleno con la protesta callejera como forma de vida. A la par, la complejidad social hace cada vez más difícil sostener el espectro de izquierdas y derechas. La ciudadanía se ha convertido en el rasero legitimador, en lugar de las ideologías. Sin embargo, todavía se topa uno con ‘modernos’ que se empeñan en las rupturas, descalificando a los demás por su forma de pensar. Hay que intentar convencerles. Pero de persistir o cerrarse al diálogo, tenemos que respetar su derecho de anclarse en el pasado. En todo caso, evitar que sea uno el que provoque la ruptura…
Luego de las elecciones en Venezuela vendrán las generales en España, donde las encuestas reflejan que los ciudadanos están generando una nueva correlación. Así como algunos estudios de opinión concluyen que se sostiene el bipartidismo, otros apuntan a una tendencia tripartita. Desde el jueves, los partidos realizaron diversas maniobras en tierra y redes sociales. Es el proceso electoral de “enteros y quebrados”…
Hasta entonces…
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