La adolescencia es una etapa sumamente importante en la vida de los individuos, ya que en ella ocurren grandes cambios a nivel físico, psicológico, social y emocional que si transcurren de manera adecuada, darán como resultado una vida adulta equilibrada y saludable. Hay que recordar que la adolescencia, en el aspecto físico, inicia con el brote puberal y prácticamente finaliza junto con el crecimiento somático; además su aparición depende de las circunstancias y contexto de cada individuo, iniciando casi siempre antes en las niñas (10 a 12 años) que en los niños (12 a 14 años).
Físicamente se caracteriza por una ganancia muy considerable de la estatura por el alargamiento de los huesos; pero también por el aumento de la masa corporal total, traducida en peso. Si los patrones de alimentación, descanso y actividad física no son favorables, ese peso se puede ver afectado por una mayor proporción de grasa corporal y no de masa muscular, lo que repercutirá hasta la edad adulta ya que este es un factor de riesgo para la aparición de enfermedades crónicas, como la obesidad o la diabetes. Al mismo tiempo, un adecuado crecimiento va de la mano con un correcto desarrollo sexual.
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Esta etapa de la vida suele ser particularmente complicada en el aspecto de nutrición y alimentación por diferentes circunstancias, entre ellas: una mayor vida social, desprendimiento de las rutinas familiares, mayor tiempo fuera de casa, establecimiento de la imagen corporal, inicio en el consumo de sustancias nocivas, seguimiento de prácticas alimentarias de moda - que pueden llevar a algún trastorno de la conducta alimentaria-, independencia para la elección de los alimentos lo que conlleva a un mayor consumo de comida rápida, etc. Por estas mismas circunstancias tanto la familia como el personal de la salud pueden poner poca atención al desarrollo de estos procesos, siendo esto un grave error, debido a que es una etapa en la que la promoción a la salud es indispensable para evitar complicaciones futuras.
Muchos de los adolescentes prácticamente tienen hambre “todo el día” ya que las demandas de energía que el cuerpo tiene debido al crecimiento, son bastante elevadas. Aproximadamente su consumo de calorías aumenta en un 25% con respecto a la niñez, de ahí la importancia de elegir correctamente los alimentos para que, por un lado se promueva un crecimiento adecuado, y por otro no se consuman en exceso productos con “calorías vacías” que nada aportan al organismo.
El adolescente necesita una gran variedad de alimentos, moderados en grasa y ricos en vitaminas y minerales, fibra y agua. Se recomienda consumir muchos productos de origen vegetal, como frutas y verduras frescas, cereales integrales y leguminosas; moderar el consumo de carnes y que estas sean magras, consumir lácteos y sus derivados de preferencia descremados; y restringir el consumo de sodio, grasas sobre todo las llamadas “trans” y azúcares añadidos (presentes en muchos productos “chatarra”) y las grasas saturadas. Al mismo tiempo habrá que vigiar un consumo correcto de líquidos, provenientes principalmente de agua simple, y limitar al máximo el consumo de bebidas azucaradas (refrescos, jugos y tés embotellados, bebidas para deportistas, concentrados para preparar agua) que tan frecuentemente se consumen en exceso.
Estas pautas de alimentación recomendable, deberán prescribirse junto con actividad física continua y estructurada de aproximadamente 60 minutos diarios. Se recomienda mucho que el adolescente participe en deportes de equipo, ya que esto lo estimulará socialmente, y le dará un sentido claro de pertenencia. También es indispensable un descanso adecuado de por lo menos 8 a 10 horas durante la noche. Todas estas condiciones ayudarán a los adolescentes a mantener estables sus ciclos circadianos, para un mejor funcionamiento corporal.
Algunos estudios realizados sobre prácticas alimentarias en este grupo de edad en nuestro país, han arrojado los siguientes datos: casi el 75% de los adolescentes realizan estrategias para evitar alguna de las 3 comidas principales; en su mayoría (80% aproximadamente) consumen productos chatarra - ricos en energía, azúcares y grasas - durante el lunch tanto matutino como vespertino; el 35% también reportó que ante situaciones emocionales adversas como tristeza, ansiedad o angustia aumenta su consumo de alimentos, es decir, tienen “atracones”, mientras que otro 45% deja de comer ante situaciones similares. Casi el 25% de nuestros adolescentes comen solos, sin vigilancia alguna; y el 11% tienen tendencias claras a desarrollar trastornos de la conducta alimentaria como anorexia, bulimia y trastornos por atracón, cuya consecuencia es la obesidad.
Así como la alimentación infantil es importante, debemos dar al adolescente la información suficiente para la promoción de una correcta alimentación; los hábitos desarrollados en esta etapa tendrán influencia en la edad adulta para la prevención o la aparición de diversas enfermedades o trastornos del comportamiento. Así que si usted tiene a un adolescente en casa, bríndele atención, oriéntelo, apóyelo en la selección de sus alimentos y vigile la calidad de los mismos. No olvide facilitarle la práctica de alguna actividad física de su preferencia y apóyelo en la misma; también se deben establecer reglas para un descanso adecuado, evitando el uso de monitores y aparatos electrónicos durante las noches. Recuerde que este es el momento de establecer pautas para una vida sana.
La autora es profesora de la Universidad Iberoamericana Puebla.
Este texto se encuentra en: http://circulodeescritores.blogspot.com
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