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OPINIÓN

Otoño sangriento en París…

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Juan de Dios Andrade

Politólogo. Analista político y asesor. Especializado en historia y política mexicana, geopolítica y geoestrategia, Historia de las ideas políticas, teoría política y análisis de escenarios. Autor de la columna Confines Políticos

Lunes, Noviembre 16, 2015

El viernes, una escalada de violencia terrorista hizo vivir a París momentos de terror. La cifra de muertos rebasa el centenar y no faltan los que temen pueda aumentar. Los heridos sumaron más de 300. Los objetivos eran el estadio de fútbol ‘Stade de France’, el restaurante ‘Comptoir Voltaire’ y la sala de conciertos ‘Bataclan’. Fallaron en lo primero pero en el resto el resultado fue aberrante. Ningún proyecto, ideario o proclama puede ser noble si se asienta en el sufrimiento y la sangre de los demás. Los hechos hablan: no se trata de ‘santos’ sino de asesinos que recurren al terror como medio de sometimiento y propaganda. No deben ser considerados como expresiones del Islam porque también son sus enemigos mortales. Sólo un deseo insano y maligno puede hacer pensar que la cúspide del bien se alcanza infringiendo tal clase de crueldad hacia sus semejantes…

“El desprecio por la vida humana…”

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¿Qué culpa tenían las víctimas y sus deudos de cualquier reclamo de los verdugos? Es evidente que no se trató de adhesión ni de amor a los principios del Islam, sino de una decisión en la cual la vida humana tiene un carácter puramente instrumental. Matan para sembrar el terror y quebrar el alma de los catalogados como enemigos. No importa quiénes sean los que vayan a morir, la clave está en que con ellos la noticia dará la vuelta al mundo y quizá fracturen la vida de todos nosotros. No debemos permitirlo…

La inmolación de los terroristas tampoco se puede considerar como acto de valor, sino del desquiciamiento de la mente de un asesino que, primero, desprecia la vida del otro y, luego, termina perdiendo el valor de la propia. En la víspera, el criminal extravió el sentido de su existencia…

Ante un acto tan cruel, resulta comprensible que cause repulsión, condena o incluso rencor por parte de familiares y amigos de los masacrados. Facilita que se nos oculte otra faceta del problema: el terrorista no puede escapar de su propia maldad. No es capaz de inspirar amor u otro afecto. Muere ahogado en su propia rabia y odio nihilista. Sí, porque sólo el mal llevado al extremo desemboca en pretender la destrucción de todo, incluyendo a uno mismo…

La víctima parte como tal, acompañada por el sufrimiento y amor de sus seres queridos. El terrorista se va de este mundo como lo que es: un asesino. Un acto de maldad no puede considerarse prueba de ‘santidad’…

“Un origen en perspectiva…”

La historia del terrorismo es antigua y no pretendo abordarla en un espacio tan reducido. Pero es importante referirnos al origen de lo que hoy experimentamos. Durante buena parte de la Modernidad, las luchas intestinas al interior del Islam fueron cotidianas. Extremistas y moderados se confrontaban para decantarlo en uno u otro sentido. Mientras para unos la fe anulaba lo demás al ser autosuficiente, otros pugnaban por la apertura  la razón. Lo más álgido del caso vino cuando la Ilustración francesa hizo su entrada en el ámbito musulmán porque a partir de ahí se dividieron ante el Occidente ilustrado. El Islam registraba agotamiento y prevalecía una doble interpretación: algunas corrientes veían a la Ilustración como la ocasión para revitalizarlo y otras como la causa de su desgracia final. Los extremistas de la época le declararon la guerra a Occidente bajo la segunda óptica, pero  el conflicto tenía como escenario el Oriente…

Hacia finales de los sesenta y principios de los setenta del siglo XX, se consumaron las fisuras iniciadas en el tránsito de la Primera a la Segunda Guerra Mundial. El islam no estuvo de acuerdo con el naciente proyecto trilateral que buscaba instalar un sistema mundial sobre tres ejes rectores: Estados Unidos, Europa Occidental y la mal llamada Cuenca del Pacífico. Querían ser el cuarto polo de poder y el forcejeo se reflejó en los altibajos del precio del petróleo. Esta fue la brecha que aprovecharon los terroristas para darle una voltereta al escenario: llevar el terror al corazón de Occidente y todos sabemos lo que pasó en las Olimpíadas de Alemania. El terrorismo había traspasado las fronteras de Oriente. También comenzaron a planear capturar aviones para usarlos contra blancos occidentales. De aquella época data la intención de atacar las Torres Gemelas, entonces recién terminadas. Lo ocurrido en Uganda fue un anticipo de lo que venía, al igual que otros secuestros aéreos…

“Ahogados en su propio rencor…”

Islam y terrorismo no son sinónimos, pero el segundo nació inoculado en aquel. El Estado Islámico pretende encabezar un nuevo califato y no hace falta mucho esfuerzo para entender que tal cosa sería la muerte del Islam, porque el terrorismo es una de las expresiones del ateísmo práctico. El mismo que hoy pretende inocularse en Occidente y en el resto del mundo. No es casualidad que al terror se sumen los hijos de las futuras víctimas. Coinciden en la pérdida del sentido de la vida, montados sobre la voluntad de poder. Nosotros tenemos que reflexionar porque no somos ajenos al problema…

Considerar al Islam como el enemigo y equipararlo al terrorismo es de alto riesgo, porque podría convertir al terrorismo en un poderoso imán que atraiga a los musulmanes más polarizados, que arrollarían a los sectores moderados. Los que así piensan no se percatan que empujan en dirección a los deseos del Estado islámico. Lo que tenemos que hacer es sellar un pacto con el Islam para que se sume a la lucha contra el terrorismo, más allá de salir a las calles a condenar los hechos. Los verdaderos musulmanes deben estar de ‘este lado’. Identificarlos con los terroristas los arrojaría al otro. El Islam se encuentra en un dilema y hay que ayudarle a resolverlo…

Es hora de deslindarse del agente inoculado, mediante el respeto a la dignidad y la vida humana, a la libertad y a la democracia. Dejemos que los terroristas sucumban ante su propio rencor. No debemos permitir que nos envenenen el alma ni el corazón, porque entonces triunfarían. Optemos por la paz, libertad y la justicia…

“Aliados en la lucha, hermanos en la paz…”

El Occidente ante el cual arrancó la lucha del terrorismo, ya no es el mismo. Oscila entre Estados Unidos y la UE. Por eso no es raro que, en 2001, haya ocurrido el ataque que segó vidas y derribó las Torres Gemelas. Tampoco es casualidad que el viernes se registrase la cobarde masacre en París o la anterior del polémico semanario. Siguen una hoja de ruta inspirada en el origen indicado más arriba. Es el ajuste de cuentas contra el símbolo de la Modernidad ilustrada. En el intermedio, tuvo lugar el 11M en España y les recuerdo que varias veces han dicho que retomarán el control del ‘al-Andalus’ y hace unos días lo reiteraron…

No es el momento para el separatismo. España está ante un adversario sumamente peligroso que le anuncia sus planes. Lo peor sería hacerle frente divididos al interior. En el ámbito nacional, todas las fuerzas políticas deben estar conscientes del reto que toca a la puerta. La lucha por el poder no debe derivar en una ruptura…

Poco queda del proyecto trilateral. Lo echó abajo la propia complejidad actual. La conectividad global provocó que el estilo de vida occidental se tornase global y el terrorismo lo ha entendido: Occidente está en todas partes y se enfila a generar terror a escala global. El Islam podría hacer la diferencia al decantarse a favor de la vida. Debe ser nuestro aliado pero no de un modo pragmático. Tenemos que recibir al musulmán como amigo y hermano, y él debe asumirnos igual. Aliados en la lucha, hermanos en la paz…

Hasta entonces…

Comentarios: confinespoliticos@yahoo.com

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