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Miércoles, 13 De Mayo De 2026 | Puebla

OPINIÓN

El Adiestramiento Educativo

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Guadalupe Barradas Guevara

Doctora en Educación y  Maestra en Investigación Educativa por la Universidad Iberoamericana Puebla, y Especialista en la Enseñanza de Educación Moral y Ética por la Universidad Complutense de Madrid. Actualmente, docente de licenciatura y postgrado. Ha sido investigadora, en concordancia, de la UIA y la REDUVAL.  Autora y coautora de artículos indexados: “El maestro es un agente moral”; “Calidad educativa: Mito o Realidad”; “Valores Profesionales en la Formación Universitaria”, entre otros.

Miércoles, Noviembre 4, 2015

Todos nosotros a lo largo de nuestras vidas hemos recibido diferentes tipos de educación. La informal, la cual nos la dan nuestros padres, la formal, la cual remite a la educación a través de la escuela y la no formal que la obtenemos en los diferentes contextos y experiencias que tenemos fuera de las dos anteriores. Pero, ¿realmente ésta ha sido una verdadera educación o un simple adiestramiento que nos ha permitido formas de vida personales de seguridad para luchar en beneficio propio?

Desafortunadamente, todos hemos sido adiestrados a través de la educación para ser obedientes; para disciplinar la mente y nuestras emociones; para ser eficientes, eruditos, técnicos o buscadores de empleos, pero menos para ser hombres racionales, críticos y libres.

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A través de la historia, el término educación ha tenido diferentes connotaciones, así como denotaciones y sin necesidad de utilizar el diccionario Larousse, sabemos que la educación tiene que ver con el término “educar” entendiendo que éste, como diría Fullat (2010), es:

Producir al ser humano, puesto que el hombre tanto es individual como colectivo  está siempre por hacerse, a diferencia de  un cerezo o una lagartija.  

El mismo autor expresa que existen varios especialistas en cuestiones etimológicas quienes discuten entre ellos sobre el exacto progenitor de educar teniendo como resultado el siguiente esquema:

Como se puede observar, existe una gran ambigüedad en el término, puesto que en cada una de estas posturas, la educación recibe diferentes denotaciones y connotaciones que nos llevan a establecer líneas de acción y aplicaciones desiguales, desarrollando seres humanos distintos, de acuerdo a la sociedad, al trabajo educador, pero sobre todo a la temporalidad humana que les toque padecer.

Como dice Savater (1997):

La educación es tarea de sujetos y su meta es formar también sujetos, no objetos, ni mecanismos de precisión: de ahí que venga sellada por un fuerte componente histórico-subjetivo, tanto en quien la imparte como en quien la escribe.

Dicho lo anterior, podríamos entender que la educación no es neutra, puesto que los involucrados en ella siempre están eligiendo desde el marco normativo que los guía su forma de vida, su experiencia y manejo del conocimiento.

La educación es única y exclusiva del hombre y para el hombre, es una necesidad vital del individuo

Luego, entonces. Si la educación es parte fundamental en el desarrollo de las personas, ¿en dónde debería comenzar? Ante esto Krishnamurti (s. f.) nos dice:

La verdadera educación comienza con el educador, quien debe conocerse a sí mismo y estar libre de patrones de pensamiento ya establecidos; porque según es él así será su enseñanza. Si él no ha recibido verdadera educación, ¿qué puede enseñar que no sea el conocimiento mecánico en que se ha educado? El problema, por lo tanto, no es el niño, sino los padres y el maestro. El problema principal, pues, es educar al educador.

Si nosotros, que somos los educadores, no nos comprendemos a nosotros mismos, si no entendemos nuestras relaciones con el niño, sino que lo atestamos de información y lo preparamos para aprobar exámenes, ¿cómo podremos crear una nueva clase de educación? El alumno va a la escuela a recibir dirección y ayuda; pero si el director, el ayudador, está confuso y dominado por teorías, es estrecho de criterio y nacionalista, entonces, naturalmente, su alumno será lo que es el maestro; y la educación se convierte en una fuente de más confusión y lucha.

Tratar de educar al educador, es una tarea sumamente difícil, porque la mayor parte de ellos ya están moldeados dentro de un sistema de pensamiento, dentro de una ideología  o norma determinada de conducta que no les permite ser conscientes de su propio ser o de su propia libertad. 

Lo primero que un maestro debe preguntarse cuando elige la educación, es saber que conlleva la palabra educar y ya después de haber conocido todas sus implicaciones, entonces preguntarse, ¿a quién educar?, ¿cómo educar? Pero sobre todo ¿para qué educar? Puesto que en la medida que tengan claro sus objetivos, podrán despertar o contagiar en sus alumnos la capacidad de autorreflexión, debiendo ayudarlos a descubrir valores permanentes, a despertar el intelecto, a ser libres de temor y sobre todo a ser personas  reflexivas, críticas y comprometidas con ellos mismos con su sociedad sociedad. Porque al final de cuentas el hombre educado no es aquél que tiene un título, sino aquel que es íntegro, libre  y virtuoso.

Referencias

Fullat, O. (2010). Filosofías de la educación. Paideia. Madrid, España: Ediciones CEAC, pp. 19-68.

Krishnamurti, J. (s. f.).  La educación y el significado de la vida. México. Editorial Orion.

Savater, F. (1997). El valor de educar. México: Instituto de Estudios Educativos y Sindicales de América.

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