Sin duda alguna, los fenómenos naturales están fuera de todo control humano, como lo son los huracanes. Sin embargo, los daños que estos pudieran ocasionar si están bajo el control de las instituciones gubernamentales y del Estado. Si existen catástrofes no son naturales, sino políticas, producto de la desigualdad económica y de una sociedad ampliamente polarizada por prácticas de exclusión, discriminación y marginación de los más pobres. La corrupción y el usufructo de la pobreza han hecho que históricamente, los antiguos gobiernos populistas del Partido Revolucionario Institucional (PRI) y de los actuales gobiernos del mismo partido, sin olvidar las mismas tácticas usureras del Partido Acción Nacional (PAN) y Partido de la Revolución Democrática (PRD).
Lo ocasionado por el huracán Patricia, la semana pasada sólo tenía tres posibilidades. La primera era no mencionar lo que ocurría con el meteoro en la población de las entidades afectadas directamente. La segunda, hacer toda una puesta en escena del gobierno federal y de algunos gobiernos estatales para buscar legitimarse ante la ciudadanía. Ambas estrategias, no éticas, apostaba a buscar el respaldo popular de un gobierno federal decadente y de gobiernos estatales plagados de corrupción y poco democráticos. La tercera opción, era enfrentar la situación como una responsabilidad del Estado, ya que tienen como prioridad la tutela de la vida y la protección de la propiedad.
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Sin embargo, en tiempos donde el ejecutivo federal, Enrique Peña Nieto, goza de una popularidad muy baja y de una credibilidad casi nula, hacer un circo de algo que debía prever y mantener a la audiencia inundada de información para que percibieran que este gobierno protege a la gente, evidencio la cortina de humo que era esta saturación de información. Pero, ¿qué se quería ocultar? Respuestas sobran. El huracán Patricia estuvo acompañado de evidencias de un gobierno que viola sistemáticamente los derechos humanos, es corrupto (en todos los ámbitos y niveles de gobierno) y no logra contener la pobreza, producto y deuda históricas con todas y todos los mexicanos.
Ejemplos de estas tres características de estos tiempos meteorológicos patrísticos son la contundencia del desplome de la “verdad histórica” ante las observaciones y evidencias de los investigadores internacionales en el caso de los asesinados y desaparecidos forzados en Ayotzinapa, Guerrero, así como las expresiones absurdas de Miguel Ángel Osorio Chong, Secretario de Gobernación, quien declaraba ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos que fue el narcotráfico quien asesinó a los estudiantes normalistas, cuando las declaraciones de uno de los supervivientes afirman que fue la policía municipal quien emboscó y disparó contra los autobuses. Además, continúa la negativa del Ejército para que los militares involucrados rindan declaración, no por escrito, sobre el caso y abrir las instalaciones del 27 batallón de infantería en Iguala, Guerrero. Esto sólo por citar el caso Ayotzinapa, sin embargo, México no ha podido dar respuesta a los informes sobre violaciones de derechos humanos en general, así como feminicidios, tortura, desapariciones, abusos militares, entre otros.
Por otra parte, en uno de los Estados afectados por Patricia, Colima, el fenómeno meteorológico ocultó la anulación de una elección estatal. El gobierno priista de Mario Anguiano Moreno metió la mano en la elección y se tuvo que anular, muy a pesar de la cúpula de tricolor. Este es una de las tantas estrategias o mañas que se anticipan a las futuras elecciones estatales y la federal de 2018.
Por otra parte, y sin lugar a dudas, Peña Nieto ha comenzado una campaña electoral a favor de su partido a través del uso de los medios de comunicación que transmiten las “hazañas” del presidente, “las reuniones de seguridad” y toda la parafernalia mediática que junto con los recursos públicos que gasta el gobierno en publicidad, hacen un gran circo de las carencias populares producto de las irresponsabilidades estatales y la corrupción entre estos y otros sectores. Cabe señalar que no son los $740 mil millones el costo de la corrupción a México, habrá que contar con algunas licitaciones a trenes, obras, inmuebles personales de servidores públicos y familiares que no podrían adquirir con su salario como funcionarios. El costo de la corrupción no es ese, sino más alto y, el gobierno se obstina en ver cómo se intercambian pesos, cuando muchos de ellos se llevan millones a las bolsas, por favores y amiguismos. No se justifica la corrupción, pero el PRI diseñó este sistema político y administrativo para ser corrupto.
Asimismo, su discurso anticorrupción lo único que busca es una segunda oleada de “reformas” cuando las que se han instaurado carecen de toda legitimidad y, a los sectores populares no les ha provocado mejora en sus salarios y sus vidas. La ciudadanía percibe que los precios de los productos de la canasta básica siguen en aumento. Dice el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) que la inflación está controlada y, quizá sea cierto, la controlan en un nivel muy alto, que impide que la población viva de una manera digna. La pobreza aumenta y se ve reflejada no sólo en la satisfacción de las necesidades básicas de la población, sino en mayores carencias de todo tipo. Mientras unos tienen más casas y más lujosas, otros carecen de todo.
No obstante, la fe presidencial, el voluntarismo al que apela el Estado mexicano, puede contra todo. Así como en la Edad Media, los gobernantes tienen que apelar al empuje de la fe y no a hacer su trabajo de manera responsable. No se deben elevar plegarias cuando las personas no vivan en espacios inseguros, en cauces de ríos, en zonas de minas y deslaves. Un poco menos de fe y más de trabajo y honestidad. No se vale contar cuentas de un rosario con una mano y embolsarse dinero con la otra, dinero de quienes padecerán todos los fenómenos meteorológicos por haber.
Todo esto provocó el huracán Patricia, sólo que durante muchas, muchas horas vimos una telenovela de la corrupción mexicana y de la búsqueda de legitimidad de un gobierno que administra para los ricos y se acuerda de los pobres para usufructuar económica y políticamente con ellos. Cortina de agua, que parecen de humo.
Picaporte
“Nunca más” afirmó el nuevo gobernador de Guerrero, Héctor Astudillo Flores, ante el caso Ayotzinapa. Perdón, pero para que nunca más pase algo semejante a esa atrocidad perpetrada por el Estado, haría falta que esos políticos vividores priistas no vivieran en Guerrero. Pesa la historia del PRI al país, pesa más sobre quienes enarbolan esa bandera llena de sangre, muerte.