Muchos lo empiezan a ver así: el “modelo Fox” reencarnado en Jaime Rodríguez El Bronco.
Y no se falta al respeto a ninguno, se les describe.
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Don Jaime con buena pinta, ranchero, entrón, dicharachero, tosco, valentón, claridoso.
Es lo que la gente quería ver y escuchar en Nuevo León, y él los complace. Hay que entenderlo, en cierto modo: el hartazgo con el gobierno saliente era superlativo.
Pareciera que el fenómeno mediático-democrático todo lo satura. Que el ánimo y temperatura del momento lo justifica. Y que la gente, nobleza por delante, todo lo perdona.
Así parece.
Lo grave sería que ese personaje de campaña exitosísima, prolongara por seis años esas formas externas gratas al populacho.
A distancia parece que El Bronco, con cabalgatas, frases ramplonas, rasposas y pintorescas, se ha confeccionado un traje que lo hace cómodo y feliz. Jamelgo incluido. (Dos renglones, por cierto, mereció el rocín en el discurso inaugural, quizá no lejos de aquél otro caballo, “Incitatus”, el de Calígula).
Y que el matrimonio sociedad-gobernante marcha bien. Hay aplausos y desahogo social, por un lado. Por el otro, burla, sarcasmo y amenazas al villano y su pandilla saqueadora. La pinza se cierra y todos contentos. Los medios juegan su papel.
Pero ya sabemos que el tiempo es implacable. Y la esperanza alimenta la ilusión un tiempo. Pero luego viene el desengaño. Igual que pasó con Fox. Las palabras se las lleva el viento y las baladronadas son eso, no rejas, cárcel, ni justicia.
Y los pillos se van, se fueron, inclusive se ríen a distancia con cargamento y fortuna en buen puerto. Y se gesta un nuevo trono de saliva y fantasía.
Eso sería lo trágico. Que lo que muchos creyeron ver como un precedente notable de tiempos nuevos, innovaciones edificadas producto de un tipo sensible y una eficiente lectura del momento, deviniera fracaso y derrumbe.
Y, seamos realistas, no otra cosa permite avizorar lo constatado hasta hoy. Y no se requiere situarse en los rigores académicos, de pretender ver en la contienda nuevoleonesa formas suecas o modelos democráticos con factura europea en general.
No. Lejos la pretensión de demandar la pulcritud e inmediatez que, sabemos, no corre al ritmo de la democracia que se idealiza. Pero, ni del discurso de toma de posesión ni de los primeros días, se tiene a mano un conjunto de elementos con perspectiva de un futuro animador, estimulante o visionario.
Es deseable que los días por venir maduren frutos que un pueblo como el de Nuevo León merece. Concitar voluntades en un decisivo momento electoral y arrancar el poder a mafias tan poderosamente arraigadas, es un mérito digno de excelente destino.
Los días que vienen son un reloj que marca la sentencia de El Bronco y su gobierno. Son como engranes con forma de guillotina.
Provechoso sería para don Jaime recordar la imagen ominosa de la Espada de Damocles, aquella que pendía, por cierto, de un pelo de crin de caballo…como “Ventarrón”.
Bien haría en trocar seriedad por verborrea, prudencia por bravatas. La campaña quedó atrás, el gobernante requiere sensatez, solidez y hasta señorío.
Que gobierne ya el señor y pase a retiro el lenguaraz.